Un emocionante encuentro donde los Longhorns lograron superar a su eterno rival, Texas A&M, gracias a una sobresaliente actuación de Arch Manning que dejó huella en el campo.

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En el mundo del fútbol americano universitario, pocos enfrentamientos generan tanta expectación como el Lone Star Showdown. La rivalidad entre los Texas Longhorns y Texas A&M siempre trae consigo acción y drama. En esta ocasión, el último partido no decepcionó.
Desde el inicio, la atmósfera en el estadio fue electrizante, aunque los Longhorns enfrentaron un contratiempo importante: la ausencia del linebacker Anthony Hill Jr., quien no pudo participar debido a una lesión.
El primer intento de Texas por marcar el ritmo fue un pase lanzado por un receptor, pero la jugada no resultó como se esperaba.
Esto subrayó la intención del entrenador Steve Sarkisian de buscar un inicio rápido. Sin embargo, Texas A&M también tuvo su propia dosis de titubeos. A pesar de un pase perfecto de su mariscal de campo, Marcel Reed, el receptor Mario Craver dejó caer el balón en un tercer intento, lo que detuvo la primera ofensiva de los Aggies.
Un primer tiempo complicado
Ambos equipos intercambiaron errores tempranos mientras intentaban encontrar su ritmo. A&M sufrió otro revés cuando Reed se torció el tobillo en la zona roja, lo que obligó a la entrada de su sustituto, Miles O’Neill. Texas tuvo la oportunidad de aprovechar esta situación, pero un posible penalti por interferencia de pase no fue sancionado, y la ofensiva de los Longhorns no logró concretar su avance.
Al llegar al medio tiempo, los Aggies lideraban la contienda con un marcador de 10-3, gracias a un touchdown de KC Concepcion y un gol de campo de Jared Zirkel. La defensa de Texas tuvo dificultades para proteger a su mariscal y cometió errores que resultaron en drives fallidos. Este patrón de inicio lento era algo que los analistas habían notado a lo largo de la temporada.
El resurgimiento de Texas en la segunda mitad
El cambio de rumbo llegó al comenzar el tercer cuarto. Los Longhorns se mostraron más decididos y lograron detener a A&M en su primer intento. Arch Manning, el joven mariscal de campo, lanzó un impresionante pase de 54 yardas a su compañero Jack Endries, lo que encendió la energía en la banca de Texas. A continuación, Manning, mostrando su agilidad, corrió y conectó con Ryan Wingo en la zona de anotación, asegurando que el momentum se inclinara a favor de los Longhorns.
Las jugadas claves de Manning
A pesar de que A&M respondió con un touchdown de EJ Smith, Texas continuó mostrando su capacidad ofensiva al realizar un drive efectivo que culminó con un touchdown del ala cerrada Nick Townsend. La confianza de Manning fue evidente cuando, en una jugada crítica de tercera y tres, decidió mantener el balón y corrió 35 yardas, demostrando su creciente autoconfianza y habilidad para hacer grandes jugadas.
Los Aggies intentaron acercarse en el marcador, pero la defensa de Texas se mantuvo firme, cerrando el camino con una intercepción crucial de Michael Taaffe en la zona de anotación que frustró un posible avance de A&M. En la siguiente serie, el novato Kobe Black interceptó a Reed nuevamente, lo que permitió a los Longhorns consumir el reloj y sellar su victoria por 28-17.
Reflexiones finales
El partido fue una clara demostración de cómo los Longhorns, liderados por la sólida actuación de Arch Manning, lograron superar un primer tiempo complicado y transformarse en un equipo más dinámico y eficaz en la segunda mitad. A pesar de los momentos destacados de los Aggies, fue Texas quien mostró un juego más limpio y con mayor confianza. La defensa, en particular, tuvo un papel crucial en el desenlace del encuentro.
Con este triunfo, Texas solidificó su posición en la búsqueda de un lugar en los playoffs, mientras que Texas A&M, a pesar de sus esfuerzos, no logró mantener su invicto. Este enfrentamiento no solo fue importante por el resultado, sino también por la historia que ambos equipos comparten, lo que lo convierte en uno de los partidos más memorables de su rivalidad.




