Explora la relación entre la actividad física y el bienestar integral en la tercera edad.

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El deseo de mantener la vitalidad y el buen funcionamiento del cuerpo es un anhelo que comparten muchas personas. Con el paso del tiempo, la preocupación por el envejecimiento aumenta, generando ansiedad relacionada con la salud. Sin embargo, el profesor Daniel E.
Lieberman, de la Universidad de Harvard, un reconocido experto en evolución humana y actividad física, sostiene que esta inquietud puede deberse a un malentendido sobre el envejecimiento.
Desde su perspectiva como biólogo evolutivo, Lieberman argumenta que los seres humanos no están diseñados para llevar un estilo de vida sedentario.
De hecho, hemos evolucionado para ser abuelos activos. El verdadero reto radica en que la inactividad se ha convertido en la norma en muchas sociedades modernas, lo que puede acarrear consecuencias devastadoras para la salud.
Las consecuencias de una vida sedentaria
En un mundo donde el uso del transporte motorizado, los ascensores y las largas horas frente a la pantalla son comunes, nuestra salud física se ve amenazada. La falta de movimiento desencadena un ciclo destructivo: menos actividad lleva a la pérdida de masa muscular, lo que aumenta la fragilidad y el riesgo de padecer enfermedades como las cardiovasculares, diabetes y demencia. Así, la inactividad se convierte en un factor que propicia el deterioro general del organismo.
Entrenamiento de fuerza y beneficios asociados
Uno de los aspectos que Lieberman resalta es la necesidad de incorporar el entrenamiento de fuerza, especialmente a medida que se avanza en edad. La sarcopenia, o pérdida natural de masa muscular, limita la autonomía y acelera el declive físico. No se trata de que el ejercicio nos devuelva la juventud, sino de que la falta de movimiento permite que el envejecimiento progrese sin control. Actividades como caminar, levantar pesos o realizar ejercicios de resistencia son esenciales para frenar este proceso.
Desmitificando creencias sobre el envejecimiento
Lieberman también desafía varias ideas erróneas comunes. Por ejemplo, no es correcto afirmar que sentarse durante mucho tiempo sea “el nuevo tabaco”. Según sus investigaciones, el problema radica en permanecer en una misma posición durante periodos prolongados sin interrupciones. Alternar entre posturas y levantarse frecuentemente puede tener un impacto positivo en la salud metabólica.
Asimismo, respecto al sueño, se ha demostrado que en comunidades sin acceso a electricidad, dormir entre seis y siete horas es completamente normal, desmitificando así la idea de que todas las personas deben dormir ocho horas exactas.
La prevención como clave para la salud
El profesor Lieberman critica duramente la forma en que los sistemas de salud occidentales abordan la prevención de enfermedades. Asegura que se destina muy poco dinero a evitar afecciones que son, en su mayoría, prevenibles. “Gastamos una mínima parte del presupuesto en prevención y luego asumimos como inevitables patologías que no lo son”, comenta Lieberman. Mantenerse activo de manera regular puede reducir significativamente el riesgo de padecer cáncer, trastornos cardiovasculares y enfermedades neurodegenerativas.
Rompiendo el ciclo de la inactividad
A pesar de su enfoque firme, el investigador también enfatiza la necesidad de adoptar una postura más empática hacia aquellos que luchan contra la inactividad. El ser humano está naturalmente diseñado para conservar energía, lo que hace que combatir el sedentarismo sea un desafío que requiere esfuerzo y apoyo social.
No es necesario ser un atleta o pasar horas en el gimnasio para hacer la diferencia. Actividades sencillas como subir escaleras, caminar a diario o disfrutar de un baile en compañía pueden tener un impacto notable en la salud y el bienestar general. El envejecimiento no debería ser una razón para recluirse en el sofá, sino una oportunidad para explorar nuevas formas de mantenerse activo y saludable.



