Restaurar ecosistemas dañados representa una inversión estratégica que no solo genera beneficios económicos significativos, sino que también contribuye a la mitigación de riesgos climáticos.

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La restauración de ecosistemas se presenta como una estrategia clave, no solo desde el punto de vista ambiental, sino también económico. Según Thomas Elmqvist, director de Medio Ambiente del Consejo Asesor Científico de las Academias Europeas (Easac), esta acción es fundamental para gestionar los riesgos asociados a fenómenos climáticos extremos.
En su análisis sobre el nuevo Reglamento de la Unión Europea sobre Restauración de la Naturaleza, Elmqvist argumenta que, en un momento en que Europa destina miles de millones para afrontar inundaciones, sequías y otros desastres, invertir en la rehabilitación de ecosistemas es una de las decisiones más sensatas que se pueden tomar.
Las catástrofes climáticas han tenido un costo exorbitante. Se estima que las diez mayores tragedias climáticas de han generado pérdidas de 122.000 millones de dólares a nivel global. En España, el impacto del clima extremo durante el verano de se ha calculado en 12.200 millones de euros, cifra que podría ascender a 34.800 millones en 2029 debido a los efectos indirectos. Este costo representa un porcentaje significativo del Valor Agregado Bruto (VAB) del país.
Beneficios económicos de la restauración
El Easac señala que la prevención resulta considerablemente más económica que la cura. Restaurar ecosistemas dañados podría multiplicar sus beneficios por más de diez en relación al coste de la inversión inicial. Se estima que, con una inversión de aproximadamente 150.000 millones de euros, los beneficios generados alcanzarían la impresionante cifra de 1,8 billones de euros. Este incremento en beneficios se debe a la reducción del riesgo de desastres, la estabilización de sistemas alimentarios y hídricos, así como la disminución de gastos en salud y recuperación.
La importancia del capital natural
Aparte de los beneficios económicos directos, los ecosistemas ofrecen una serie de servicios que a menudo se subestiman. Gemma Cid Salvador, profesora de la Barcelona School of Management, destaca que el capital natural es esencial para las empresas, ya que proporciona los recursos necesarios para sus operaciones y ayuda en la gestión del clima y el agua. Cada vez más organizaciones están comenzando a contabilizar estos beneficios dentro de sus modelos de negocio, reconociendo su dependencia del entorno natural.
Ejemplos de restauración efectiva
La agricultura regenerativa es un ejemplo paradigmático de cómo la inversión en la naturaleza puede ser rentable. Este modelo busca revitalizar la fertilidad y biodiversidad del suelo a través de prácticas como la reducción del labrado y la cobertura vegetal constante. De este modo, se incrementa la capacidad de almacenamiento de carbono en el suelo, mientras que los agricultores pueden reducir su dependencia de recursos como el agua y los fertilizantes.
En entornos urbanos, la renaturalización de espacios es una de las iniciativas más prometedoras. Esto implica la creación de áreas verdes y una gestión más sostenible de los bosques cercanos. Algunos municipios costeros están restaurando la vegetación de ecosistemas dunares para proteger las costas de la erosión provocada por el oleaje, utilizando las dunas como reservas naturales de arena.
Consecuencias de la inacción
Negar la necesidad de realizar estas inversiones, tal como se plantea en el Reglamento mencionado, podría aumentar la vulnerabilidad de Europa ante eventos climáticos extremos. Las pérdidas económicas y los efectos adversos en la salud pública aumentarían significativamente, según las advertencias del Easac. Por lo tanto, es crucial que tanto los gobiernos como las empresas reconozcan la importancia de invertir en la restauración de ecosistemas como una medida no solo ecológica, sino también económica.




