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Tensión entre españa e italia tras exclusión de una reunión previa a la cumbre de la ue

La exclusión de España de una cita previa a la cumbre europea ha abierto un nuevo foco de fricciones entre Pedro Sánchez y Giorgia Meloni, con implicaciones para la coordinación entre Estados miembros y la respuesta de la UE a desafíos globales.

El pulso político entre España e Italia escaló en torno a un encuentro preparatorio que se celebró justo antes de la cumbre informal de líderes de la Unión Europea en el castillo de Alden Biesen. La controversia estalló cuando Roma organizó, junto a Alemania y Bélgica, una reunión con una veintena de socios europeos para discutir cómo impulsar la competitividad y relanzar la economía comunitaria; España no formó parte de esa convocatoria, lo que motivó el reproche público de su presidente, Pedro Sánchez.

Según fuentes oficiales, la negociación sobre quiénes debían participar transcurrió entre los llamados sherpas, es decir, los responsables técnicos de preparación de cumbres. Cuando la cita empezó a perfilarse, Madrid expresó su desconcierto por la celebración de un foro que dejaba fuera a determinados países; en respuesta, y ante la oposición española, Italia decidió no contar con España en la reunión previa.

A partir de ahí se generó un conflicto diplomático que trasciende la anécdota de una invitación.

Qué discutían los líderes y por qué generó rechazo

La agenda de la reunión incluía temas como la culminación del mercado único, la simplificación regulatoria, la reducción de los costes energéticos y una política comercial más ambiciosa. Asistieron dirigentes de Alemania, Francia, Polonia, Países Bajos y otros Estados, así como la Comisión Europea. El objetivo declarado era crear un grupo de trabajo informal con objetivos concretos y plazos precisos para aumentar la competitividad frente a potencias como Estados Unidos y China.

La crítica española: exclusión y lesión del principio de igualdad

Desde Moncloa se argumenta que este tipo de encuentros previos rompen con los principios de igualdad entre Estados miembros y pueden provocar fragmentación en la búsqueda de soluciones comunes. La queja no se centró únicamente en la ausencia de una foto con todos los líderes relevantes, sino en el efecto político de celebrar foros paralelos que, según España, dividen más que unen.

La versión italiana y el contexto político

En Roma, la explicación ofrecida por el Gobierno difiere: sostienen que la reunión fue una coordinación entre países interesados en avanzar rápidamente en propuestas económicas y que, además, Sánchez y la primera ministra Giorgia Meloni pudieron intercambiar impresiones durante la propia cumbre en Alden Biesen, sin que el presidente español planteara objeciones formales sobre la falta de invitación.

El desencuentro llega en un momento complejo del panorama internacional. España mantiene una relación tensa con figuras estadounidenses como Donald Trump y sus cercanos, mientras que la primera ministra italiana conserva un contacto más fluido con esos actores. Además, Sánchez tiene previsto intervenir en la cumbre de seguridad en Múnich defendiendo un discurso de europeísmo y de autonomía estratégica frente a Estados Unidos, lo que añade tensión política y simbólica al episodio.

Implicaciones para la cooperación europea

La disputa no es solo bilateral: plantea preguntas sobre la forma en que los Estados miembros deciden coordinar respuestas a retos económicos y geopolíticos. La organización de reuniones informales fuera del formato del Consejo puede facilitar acuerdos rápidos, pero también puede dejar a países clave al margen y erosionar la percepción de solidaridad. Por eso, fuentes españolas advierten que esa práctica puede minar la cohesión institucional de la UE.

Qué puede ocurrir a continuación

Los participantes en la reunión acordaron volver a reunirse al margen del Consejo Europeo de marzo para seguir trabajando en medidas concretas. No obstante, la probabilidad de que España participe en ese próximo encuentro depende de la evolución del conflicto diplomático: o bien será invitada y acepta participar, o bien seguirá manteniendo su rechazo al formato y optará por no asistir. En ambos casos, el episodio marca un antecedente sobre cómo se negocian las prioridades comunitarias.

En última instancia, la controversia sobre la reunión previa a la cumbre pone en evidencia una tensión de fondo entre dos modelos de acción europea: uno que apuesta por iniciativas selectivas, rápidas y de coalición, y otro que defiende procesos inclusivos y basados en la igualdad entre todos los Estados miembros. La forma en que se resuelva este desencuentro influirá en la capacidad de la UE para proyectar unidad ante los desafíos externos y en la imagen de liderazgo de sus principales responsables.


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