CSIF exige reunión urgente con la ministra Sara Aagesen ante la falta de personal, planes de emergencia y el incremento sin precedente en la reserva hídrica tras las borrascas de 2026.

La combinación de unos embalses que crecen a ritmo histórico y la insuficiente atención técnica en muchas instalaciones estatales ha generado una alerta que llega desde el terreno laboral hasta el gabinete ministerial. El sindicato CSIF ha pedido una reunión urgente con la ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen, por la necesidad de refuerzos estructurales y tareas de mantenimiento que, según denuncia, llevan años sin ejecutarse con la intensidad requerida.
Al mismo tiempo, los episodios de lluvia persistente de inicio de año han disparado la reserva hídrica y obligado a realizar desembalses preventivos. Entre estos dos frentes —carencia de personal y crecidas excepcionales— se dibuja un escenario complejo para la gestión del agua y la seguridad en las cuencas.
Insuficiencia de recursos y planes operativos
El reclamo del CSIF se centra en que, en numerosas presas estatales, no se pueden cubrir ni siquiera los turnos ordinarios por falta de plantilla y que el mantenimiento acumulado es deficitario. Según el sindicato, desde instalaciones como Forata hasta Mequinenza «tres de cada cuatro presas estatales» carecen de un plan de emergencia en funcionamiento. Esa ausencia de protocolos operativos y de personal capacitado incrementa la vulnerabilidad ante episodios hidrológicos adversos.
Consecuencias prácticas de la falta de mantenimiento
Cuando una infraestructura no recibe revisiones periódicas o refuerzos estructurales surge un doble riesgo: deterioro progresivo de elementos críticos (aliviaderos, compuertas, taludes) y menor capacidad de respuesta ante eventos extremos. El sindicato y colectivos profesionales como los ingenieros de Caminos han insistido en que la seguridad hidráulica requiere inversiones sostenidas, formación y protocolos actualizados para evitar incidentes que puedan afectar a población y bienes.
Las lluvias de 2026 y un crecimiento de la reserva hídrica sin precedentes
Las borrascas encadenadas que han afectado a buena parte de la España peninsular desde comienzos de 2026 han dejado precipitaciones muy superiores a la media. Según datos de la Aemet citados por fuentes oficiales, entre el 1 de enero y el 8 de febrero se registraron de media 193 litros por metro cuadrado, frente a la media de 80 l/m² del periodo 1991-2026. Esta enorme acumulación de lluvia ha saturado suelos y aumentado la escorrentía, lo que ha impulsado el nivel de los embalses.
Récord semanal en el incremento de la reserva
La ministra Sara Aagesen informó que entre el 2 y el 9 de febrero la reserva hídrica de la España peninsular aumentó en 5.600 hectómetros cúbicos, el mayor crecimiento semanal registrado desde que comenzaron los datos en 1988. Con ese salto, los embalses alcanzaron un 77,3% de su capacidad total, lo que supone un incremento de diez puntos porcentuales en solo siete días.
Gestión de riesgos: desembalses y medidas preventivas
Ante la magnitud del crecimiento de agua almacenada —y con episodios de lluvia aún activos—, las autoridades han tenido que ordenar desembalses controlados en distintas cuencas para minimizar el riesgo de inundaciones aguas abajo. La acción preventiva consiste en liberar caudal de forma planificada para generar capacidad disponible y reducir la presión sobre presas y riberas, pero exige coordinación técnica y comunicación con municipios afectados.
La ministra ha subrayado que estos fenómenos extremos, cada vez más frecuentes e intensos, son síntomas de la emergencia climática y que su afrontamiento constituye una prioridad de seguridad. En paralelo, los organismos técnicos y sindicales reclaman que la mejora de la seguridad pasa por combinar desembalses planificados con refuerzos en personal, mantenimiento y protocolos de emergencia.
Un llamado a la acción coordinada
CSIF exige una reunión urgente con el Ministerio para abordar medidas concretas: refuerzo de plantillas, revisión exhaustiva de los planes de emergencia de las presas, inversiones en mantenimiento estructural y programas de formación continua. Para los expertos, la suma de estrategias —infraestructura, personal y planificación— es la única vía para reducir riesgos en un contexto climáticamente más extremo.
Finalmente, la situación reciente —incluido el desembalse histórico del embalse de La Serena en Badajoz, que registró su cuarta apertura histórica— evidencia que la gestión del agua exige tanto respuestas inmediatas como decisiones a largo plazo. La tensión entre recursos humanos y fenómenos meteorológicos adversos marca la agenda pública y técnica en estos meses críticos.
