la decisión de washington desbloquea operaciones petroleras en venezuela para cinco multinacionales, incluye salvaguardas y llega tras contactos de alto nivel entre funcionarios estadounidenses y representantes venezolanos

La Administración estadounidense ha tomado una decisión de gran calado en el mapa energético internacional: la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) ha levantado restricciones que limitaban transacciones relacionadas con el petróleo venezolano y ha emitido licencias que permiten a varias compañías reanudar operaciones en el país.
Con esta medida, firmas como BP, Chevron, Eni, Repsol y Shell reciben autorización para participar en actividades vinculadas al sector de hidrocarburos venezolano, aunque bajo un marco regulatorio que impone límites concretos.
El movimiento oficial se produce en el contexto de gestiones diplomáticas y comerciales entre Washington y Caracas.
Funcionarios energéticos estadounidenses han mantenido contactos de alto nivel con las autoridades venezolanas, una dinámica que anticipa un incremento de inversiones y contratos, pero también la necesidad de controles para garantizar que ciertos actores no aprovechen la reapertura del mercado.
¿Qué permiten y qué prohíben las licencias?
La autorización de la OFAC abarca una gama amplia de operaciones relacionadas con el petróleo y el gas: desde la exploración y producción hasta la refinación, el transporte y la comercialización. No obstante, el permiso incorpora prohibiciones explícitas destinadas a evitar que activos o infraestructuras terminen bajo control de entidades de países señalados. En concreto, las empresas autorizadas no pueden efectuar transacciones con personas o compañías vinculadas a China, Rusia, Irán, Cuba o Corea del Norte, una salvaguarda diseñada para preservar la influencia y la seguridad geopolítica en ese mercado.
Además, el Departamento del Tesoro emitió otras licencias complementarias que facultan el suministro de equipos, tecnologías y servicios necesarios para aumentar la producción. Compañías de servicios petroleros mencionadas en estos permisos incluyen a Halliburton y SLB, lo que facilita la modernización de instalaciones y la recuperación de pozos y refinerías deterioradas tras años de inversión insuficiente.
Implicaciones para las petroleras y para Venezuela
Para multinacionales como Repsol, la apertura supone la oportunidad de reactivar proyectos que quedaron paralizados por el endurecimiento de las sanciones en mayo de . Repsol opera en Venezuela desde la década de 1990 y en los últimos años llegó a cobrar en especie: petróleo a cambio de servicios y producción de gas destinada al sistema eléctrico. La licencia estadounidense permitirá valorar la reanudación de actividades, aunque las decisiones finales dependerán de la evaluación de riesgo-rentabilidad de cada compañía.
Perspectiva financiera y estratégica
La reapertura del mercado venezolano puede atraer inversiones significativas, pero los grandes grupos piden garantías de estabilidad regulatoria e institucional. En este contexto, Repsol estudia alternativas para su filial de upstream y ha sondeado inversores en Estados Unidos para posibles ventas parciales o una salida a bolsa. El entorno creado por las licencias y las declaraciones oficiales podría modificar la valoración de esos activos.
Efecto sobre la producción
El objetivo declarado por actores tanto venezolanos como estadounidenses es recuperar niveles de producción muy superiores a los actuales. Venezuela aún posee algunas de las mayores reservas de crudo del planeta, pero años de deterioro han dejado la extracción por debajo de su potencial. Expertos consultados estiman que la reconstrucción de la industria exigirá inversiones masivas y tiempo, pese al optimismo oficial sobre aumentos rápidos en la oferta.
Contexto político y diplomático
La decisión de flexibilizar las sanciones llega en paralelo a contactos diplomáticos de alto nivel. El secretario de Energía de Estados Unidos viajó recientemente a Venezuela para entrevistarse con la presidenta encargada, Delcy Rodríguez; encuentros que Washington describe como un paso hacia una mayor cooperación económica. Esta nueva fase se interpreta como parte de una estrategia que combina incentivos a la inversión con presión sobre actores considerados adversos a los intereses estadounidenses.
El anuncio también se inscribe dentro de un escenario más amplio: meses atrás, la Casa Blanca organizó reuniones con ejecutivos del sector energético global para promover proyectos de revitalización petrolera en Venezuela. Aun así, persisten dudas entre los grupos empresariales sobre seguridad jurídica y riesgos políticos, lo que hace prever que la entrada masiva de capital dependerá de señales claras sobre estabilidad y reglas de juego.
