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Cuba enfrenta una nueva crisis energética con ecos del periodo especial

La retirada del crudo venezolano y las políticas económicas recientes han empujado a Cuba a una crisis con paralelismos al Periodo Especial; sin embargo, la magnitud, el contexto demográfico y las expectativas sociales son distintos.

El recuerdo del Periodo Especial en Cuba permanece vivo en discursos y vivencias colectivas, pero la crisis actual muestra rasgos propios que la distinguen de aquella catástrofe de finales del siglo XX. La frase que pronunció Fidel Castro el 26 de julio de 1989 sigue presente en la memoria nacional como símbolo de la resiliencia proclamada por el régimen, aunque la pérdida de su principal aliado, en aquel entonces, provocó un shock económico y social singular.

Hoy, la ausencia del petróleo venezolano y medidas internacionales recientes han reactivado temores de escasez que recuerdan al pasado, pero en un paisaje económico y demográfico transformado.

Las cifras macroeconómicas y los cambios poblacionales ayudan a entender por qué muchos perciben la situación como una especie de déjà vu y, a la vez, por qué expertos sostienen que se trata de una crisis diferente.

Las decisiones de política interna, los efectos de la pandemia y la reducción de visitantes internacionales son piezas claves de este rompecabezas.

Cómo difieren los dos episodios

El contraste entre el Periodo Especial y la crisis actual recae en elementos de magnitud y contexto. En los noventa, la isla perdió de manera abrupta el 98% de su suministro estable de petróleo y el 72% del intercambio comercial, lo que provocó una contracción del PIB de cerca del 35% en un lapso muy corto. Ese impacto fue inmediato y dejó a la sociedad en un estado de shock. En cambio, la caída de combustible que sufre Cuba ahora ocurre en una economía ya debilitada y con indicadores económicos más bajos desde hace años, de modo que la contracción adicional resulta distinta en percepción y en forma.

Además, la dependencia posterior de Caracas fue decisiva para salir del trance en los noventa; la llegada de Hugo Chávez revirtió parcialmente la situación. Hoy esa fuente de financiamiento y suministro se ha interrumpido. A ello se suma la incapacidad de otros proveedores como México para ofrecer ayuda plena debido al riesgo de sanciones o aranceles vinculados a presiones externas.

Las causas internas que agravan la situación

La economía cubana ha atravesado varios episodios que la dejaron más vulnerable: la pandemia de la covid-19 diezmó el turismo, sector al que se apostó de forma masiva —con años en los que casi el 40% de la inversión iba a ese rubro— y dejó numerosos proyectos hoteleros con ocupación reducida. Entre 2019 y el PIB se contrajo alrededor de un 11% según cifras oficiales, y el Centro de Estudios de la Economía Cubana (CEEC) estimó una caída adicional del 5% a cierre de. A esto se añade un éxodo poblacional notable: la población se habría reducido de 11 a 8,5 millones entre y, un dato con implicaciones profundas en capacidad productiva y consumo interno.

Políticas económicas y su impacto

Intervenciones como la Tarea Ordenamiento de, aplicada en un momento crítico de la pandemia, tuvieron efectos inflacionarios que muchos expertos describen como dañinos. Intentos posteriores de corrección, como programas de reordenamiento económico y una llamada economía de guerra, no han logrado estabilizar la situación. Según especialistas, estas medidas han erosionado la confianza y reducido el margen de maniobra del Estado: hoy el sector público produce muy poco y la oferta real viene, en muchas áreas, del sector privado informal y de remesas.

Dinámica monetaria y poder adquisitivo

La devaluación extraoficial de la moneda, cercana a los 560 pesos por euro en tasas informales, sitúa un salario promedio de 6.830 pesos en apenas unos 12 euros, según estimaciones mencionadas por economistas. Esa realidad complica el acceso a bienes importados y alimenta una inflación que golpea con especial fuerza a hogares sin apoyo externo.

Percepciones sociales y posibles salidas

La reacción ciudadana ante la crisis mezcla desconfianza, memoria histórica y nuevas formas de subsistencia. Mientras que en los noventa la fe en el liderazgo fue un factor que moduló la aceptación de medidas drásticas, hoy el acceso a internet y redes sociales ha cambiado la percepción pública. Hay quienes perciben mejoras locales —emprendimientos, pequeños negocios, remesas— que atemperan el impacto, pero otros sectores sufren carencias comparables o superiores a las de los años noventa.

Expertos como Elías Amor y Juan Carlos Albizu-Campos apuntan a que la crisis actual es una policrisis: una confluencia de problemas estructurales heredados, errores de política, efectos de la pandemia y choques externos. Para algunos analistas, la ausencia de un nuevo financiador externo similar a Venezuela hace que la salida sea más incierta y requiere, según proponen, reconocer la necesidad de cambios profundos en el modelo económico cubano.

En el plano inmediato, el gobierno anunció medidas de ahorro y recortes de consumo de combustibles para minimizar el impacto en servicios básicos y actividad económica. No obstante, la incertidumbre sobre inversión extranjera, turismo y abastecimiento de energía plantea preguntas abiertas sobre la trayectoria de la isla en los próximos años.


Contacto:
Giulia Romano

Ha gastado presupuestos publicitarios que harían girar la cabeza a muchos emprendedores, aprendiendo qué funciona y qué quema dinero. Cada euro mal gastado en ads le costó noches sin dormir y reuniones difíciles. Si una estrategia no trae resultados medibles, no la recomienda.