si al incorporarte sientes inestabilidad o que todo gira, conoce las causas más habituales —desde la hipotensión ortostática hasta la deshidratación— y las señales que requieren atención médica

Es habitual experimentar una sensación de inestabilidad o aturdimiento al levantarse de la cama. Este texto explora las razones más frecuentes del mareo matutino, ofrece pautas para reducir su aparición y señala cuándo es necesario buscar ayuda profesional.
Al describir estas situaciones utilizaremos términos médicos básicos para facilitar la comprensión: por ejemplo, hipotensión ortostática se refiere a la caída de la presión arterial al pasar de estar tumbado a incorporado.
A lo largo del artículo se intercalan recomendaciones prácticas que pueden aplicarse de inmediato en la rutina diaria.
Mecanismos frecuentes detrás del mareo al incorporarse
Una de las causas más habituales es la hipotensión ortostática, que se produce cuando el sistema cardiovascular no compensa con suficiente rapidez el cambio de postura.
Al ponerse de pie de forma brusca, la sangre tarda en llegar al cerebro y la persona percibe inestabilidad o visión borrosa. Otro factor clave es la deshidratación, resultado de pasar muchas horas sin ingerir líquidos: la disminución del volumen sanguíneo agrava la tendencia a perder presión al cambiar de posición.
También intervienen condiciones hematológicas como la anemia, que reduce la capacidad de transporte de oxígeno y provoca debilidad y sensación de mareo. Además, alteraciones en el oído interno, órgano responsable del equilibrio, pueden originar vértigo al moverse. Por último, niveles bajos de glucosa en sangre son una causa frecuente, especialmente en personas con diabetes o tras noches de ayuno prolongado.
Síntomas acompañantes y cuándo considerar alarma médica
No todos los mareos son iguales: la presencia de signos asociados ayuda a evaluar la gravedad. Si el episodio dura solo unos segundos y desaparece al sentarse nuevamente, suele ser benigno. Sin embargo, cuando hay desmayos, dolor torácico, dificultad para respirar o déficits neurológicos (como pérdida de fuerza o visión doble), se trata de situaciones que requieren evaluación urgente.
Asimismo, los médicos advierten prestar atención si los episodios se vuelven más frecuentes o si la sensación de aturdimiento se prolonga varios minutos. En esos casos puede ser necesario realizar pruebas como mediciones de la presión arterial en diferentes posiciones, análisis de sangre para detectar anemia o alteraciones metabólicas, y estudios otorrinolaringológicos para valorar el estado del oído interno.
Efectos de medicamentos y condiciones crónicas
Ciertos fármacos —antihipertensivos, diuréticos, antidepresivos o medicamentos para el corazón— pueden disminuir la tensión arterial o alterar la regulación autonómica, favoreciendo mareos al levantarse. Por eso es importante revisar tratamientos con el profesional que los prescribe. De igual modo, enfermedades crónicas como trastornos cardiovasculares o neuropatías autonómicas modifican la respuesta del cuerpo al cambio postural.
Medidas preventivas y hábitos a incorporar
Para reducir la probabilidad de mareo matutino se recomiendan hábitos sencillos: levantarse de la cama de manera paulatina, permanecer unos segundos sentado antes de ponerse de pie y evitar cambios bruscos de postura. Mantener una correcta hidratación a lo largo del día y tomar un pequeño refrigerio al despertarse puede ayudar especialmente a quienes presentan caídas de glucosa por la mañana.
Otras estrategias útiles incluyen revisar la medicación con el médico si los mareos coinciden con un nuevo tratamiento, y ajustar la sal y la ingesta de líquidos en personas que lo requieran bajo supervisión clínica. En casa, usar calzado estable y asegurarse de que el entorno esté libre de obstáculos reduce el riesgo de caídas durante un episodio.
Qué esperar en la consulta médica
Cuando se acude al profesional, la evaluación suele comenzar con una historia clínica detallada y la toma de la presión arterial en distintas posturas. Si procede, se completan pruebas sanguíneas para valorar hemoglobina, electrolitos y glucemia. En casos seleccionados se derivará a otorrinolaringología o cardiología para estudios más específicos, como exploraciones del equilibrio o monitorización cardíaca.
Un diagnóstico precoz permite tratar la causa subyacente y reducir el riesgo de complicaciones asociadas.
