la causa contra la red que operó con la complicidad de un exjefe policial revela un estilo de vida suntuoso: propiedades en Dubái, chalets en Ibiza, bolsos de hermès y miles de kilos de cocaína vinculados a negocios ilícitos

La investigación de la Policía Nacional ha puesto al descubierto un entramado en el que la actividad criminal y la ostentación convergen. Los agentes han logrado relacionar al presunto cabecilla, Ignacio Torán, con un paquete de bienes y movimientos económicos que supera los 32 millones de euros en patrimonio inmobiliario, además de lujosos objetos y vehículos de alta gama.
La pesquisa expone no solo propiedades en destinos como Dubái, Colombia y España, sino también la utilización de testaferros, la explotación de licencias VTC y la adquisición de bienes de ultra lujo —desde relojes tasados en cientos de miles de euros hasta bolsos de la firma Hermès— que apuntalan la hipótesis de blanqueo de capitales derivado del tráfico internacional de cocaína.
Vínculos patrimoniales y bienes intervenidos
Los agentes atribuyen a Torán varias propiedades de alto valor que, en su conjunto, superan los 32 millones de euros. Entre ellas figuran inmuebles en Dubái que sumarían más de 20 millones, como una mansión en la isla de Palm Jumeirah, con características de lujo que incluyen múltiples baños, amplios dormitorios y cientos de metros cuadrados de superficie. También constan apartamentos de elevado coste en el mismo complejo, algunos anunciados para alquiler mediante personas de confianza.
En España, la red habría adquirido chalets en Ibiza valorados en cerca de 2,9 millones y pisos en Madrid registrados a nombre de terceros. La policía intervino, además, seis vehículos de alta gama en el registro domiciliario y detectó una flota de más de cincuenta vehículos dedicados a licencias VTC, todos vinculados a sociedades controladas por los investigados.
Uso de testaferros y esquema de ocultación
Según el oficio policial, Torán se habría servido de testaferros para camuflar la titularidad de los inmuebles, que él denominaba en ocasiones como «mis casas». Ese dispositivo facilitaría tanto la compra de bienes ostentosos como la integración de fondos ilícitos en el circuito legal, un patrón que la investigación interpreta como un mecanismo de blanqueo.
Ostentación material: relojes, bolsos y restaurantes
Más allá de los inmuebles, los registros y las conversaciones interceptadas muestran un consumo conspicuo: relojes de alta gama con tasaciones individuales hasta los 570.000 euros, y la compra sistemática de bolsos de Hermès. Entre los modelos citados por la policía aparecen referencias de gran valor, como bolsos de piel de avestruz, una Mini Kelly pochette y el exclusivo modelo Himalaya, con precios que alcanzan decenas o cientos de miles de euros.
La vida social del círculo incluía asistencia a palcos VIP en estadios como el Santiago Bernabéu y el Wanda Metropolitano, con localidades cuyo coste podía alcanzar los 81.000 euros, así como comidas en restaurantes con estrella Michelin. Estos gastos sirven, según los investigadores, como indicios de un estilo de vida financiado por rendimientos del narcotráfico.
Evidencias localizadas y hallazgos en registros
Entre las anotaciones y pruebas figuran apuntes contables que aluden a transferencias o inversiones en ciudades colombianas y la localización de activos específicos en lugares como Cartagena de Indias y Cali. En el domicilio vinculado al entramado, los agentes hallaron una suma en efectivo —aproximadamente 20 millones— escondida en un hueco en la pared, un hallazgo que refuerza la presunción de disponibilidad de fondos en efectivo.
Operativa del tráfico y colaboración interna
La investigación señala además la participación de un alto mando policial, el exjefe de la UDEF en Madrid, Óscar Sánchez, cuya cooperación habría permitido a la organización operar con impunidad durante años. La logística descrita incluye la importación masiva de cocaína en contenedores, procedentes de países sudamericanos, facilitadas por operadores internacionales como Alejandro S. Vega —alias El Tigre.
Según las pesquisas, la red, conocida en el sumario como el «narcopoli», habría introducido en España decenas de contenedores con miles de kilos de cocaína. Las cifras que manejan los investigadores detallan la entrada de 37 contenedores con alrededor de 58.499 kilos de cocaína, cuyo valor en el mercado se estima en torno a 2.500 millones de euros. Estos números ilustran la magnitud del negocio y su capacidad para generar recursos suficientes para sostener un patrimonio de la escala detectada.
En conjunto, las pruebas materiales, las conversaciones intervenidas y los movimientos financieros componen un relato coherente para los investigadores: una estructura criminal que, mediante complicidades internas y mecanismos de ocultación patrimonial, convirtió beneficios ilícitos en propiedades y objetos de gran valor, alimentando una vida pública marcada por la exhibición de riqueza.
