Radharani Jiménez desmonta el mito de que los antojos son exclusivos del embarazo y describe cómo los cambios hormonales afectan el apetito y las relaciones personales

El 17/02/2026, la ginecóloga Radharani Jiménez ofreció una explicación clara sobre un tema habitual en la conversación cotidiana: los antojos. En su intervención en el pódcast Tiene Sentido, la especialista subrayó que esos impulsos por alimentos concretos no son exclusivos de la gestación y, en muchos casos, tienen una causa orgánica relacionada con las fluctuaciones hormonales.
Lejos de interpretarlos como una falta de disciplina, Jiménez plantea que los antojos pueden ser una señal del cuerpo. En su exposición incluyó ejemplos de combinaciones sorprendentes que han relatado pacientes —como mezclar patatas con mayonesa o galletas con chocolate— para ilustrar que los deseos alimentarios aparecen en diversas etapas de la vida y con motivos biológicos concretos.
Hormonas y apetito: cómo se conectan
Según la ginecóloga, justo antes de la menstruación se produce una caída de estrógenos y progesterona que afecta tanto al ánimo como al hambre. Ese descenso puede inducir la búsqueda de alimentos más palatables; por eso, en esos momentos el cuerpo suele preferir opciones ricas en azúcar o en calorías, que activan los circuitos de recompensa cerebral. Comprender este mecanismo permite ver los antojos como una respuesta fisiológica y no como un fallo de autocontrol.
Perimenopausia, sueño y ganancia de peso
Jiménez también relacionó los antojos con la perimenopausia, etapa previa a la menopausia en la que las variaciones hormonales pueden intensificarse. En este periodo algunas mujeres experimentan despertares nocturnos seguidos de apetito urgente por alimentos dulces o densos, situación que, si se repite, puede favorecer la acumulación de grasa corporal y alterar el sueño. La especialista señaló que estos patrones no solo afectan el metabolismo, sino también la calidad de vida.
Antojos nocturnos y sueño fragmentado
Un ejemplo ofrecido por Jiménez describe a personas que se despiertan a mitad de la noche con necesidad de comer algo reconfortante: «Entre que no duermo… voy a la cocina a buscar unas galletas con Colacao», contó. Ese comportamiento, repetido en el tiempo, suma calorías extras y contribuye a la percepción de aumento de peso. Reconocer el ciclo ayuda a buscar soluciones que mejoren el descanso y prevengan la ganancia de grasa.
Impacto emocional y relaciones personales
El efecto de las oscilaciones hormonales trasciende el apetito. Jiménez advirtió que las mismas alteraciones pueden provocar cambios en el estado anímico, mayor irritabilidad y dificultades para gestionar emociones. Explicó que puede darse una «hiperactividad de cierta zona» cerebral vinculada a esos cambios, lo que se traduce en respuestas más impulsivas y en una pérdida temporal de filtros en la interacción con hijos, pareja o colegas.
Cuando los antojos afectan la vida social
La especialista indicó que, si no se reconoce la causa hormonal, estos episodios pueden amargar la vida provocando malentendidos en el entorno y sentimientos de culpa. Entender que existe una base biológica facilita adoptar una actitud más compasiva consigo misma y buscar estrategias prácticas para manejar tanto el hambre emocional como las tensiones interpersonales.
Qué hacer: claves prácticas y cuándo pedir ayuda
Radharani Jiménez recomendó abordar los antojos desde varias vías complementarias: primero, informarse sobre el papel de las hormonas; segundo, mejorar hábitos de sueño y alimentación para reducir los impulsos nocturnos; y tercero, consultar con un profesional cuando los cambios sean persistentes o interfieran significativamente en la vida diaria. Herramientas como ajustes dietéticos, higiene del sueño y apoyo psicológico pueden ser útiles según el caso.
Adoptar una perspectiva informada y buscar apoyo médico cuando sea necesario ayuda a recuperar equilibrio físico y emocional, y a abordar tanto la sensación de hambre como su impacto en las relaciones personales.
