Un estudio con décadas de datos muestra que la campaña de polen se ha prolongado y que factores climáticos y atmosféricos elevan el riesgo para quienes sufren rinitis, asma y otras alergias respiratorias

En las últimas décadas se ha detectado una transformación en el calendario biológico que afecta directamente a quienes sufren alergia al polen. Investigaciones basadas en series largas de datos concluyen que la campaña polínica comienza antes y finaliza más tarde que hace treinta años, lo que incrementa la exposición y, por tanto, la carga sintomática en pacientes con rinitis alérgica o asma.
Este texto explica las causas principales, cómo se traducen estos cambios en la salud pública y qué medidas pueden adoptar las personas sensibles para mitigar el impacto.
El fenómeno no es homogéneo: hay variaciones regionales y por especies vegetales, pero la tendencia general al alargamiento es clara.
Además de los registros de concentración de polen, los estudios incorporan variables meteorológicas y de calidad del aire para entender mejor la dinámica de dispersión y permanencia de las partículas polínicas en la atmósfera.
Causas del alargamiento de la temporada
La investigación señala varios factores que actúan de forma complementaria. En primer lugar, el aumento de las temperaturas medias favorece una floración anticipada en especies como las gramíneas y el abedul, adelantando el inicio de la temporada. En segundo lugar, el incremento de la concentración de CO₂ atmosférico puede estimular a algunas plantas a producir más polen, lo que eleva las cargas ambientales en días clave. Finalmente, la dinámica de la circulación atmosférica —vientos y masas de aire— modula tanto la dispersión como la persistencia del polen, manteniéndolo en suspensión en ciertas áreas por más tiempo del que ocurría décadas atrás.
Viento y dispersión: un factor menos visible
El papel del viento suele ser subestimado cuando se habla de alergias. Sin embargo, los análisis muestran dos fases diferenciadas en la propagación del polen: una etapa inicial con vientos suaves que favorece la acumulación local, y una etapa posterior con corrientes más intensas que transportan el polen a mayor distancia. Este cambio en la dinámica provoca picos de concentración en zonas que históricamente no estaban tan expuestas.
Consecuencias sanitarias y sociales
Desde el punto de vista clínico, más días de exposición se traducen en un aumento de síntomas —estornudos, congestión, picor de ojos— y en una mayor demanda de fármacos como antihistamínicos. También se observa un incremento en las consultas por agravamiento de asma en personas sensibles. A escala poblacional, esto implica una mayor presión sobre los servicios sanitarios durante periodos prolongados y la necesidad de actualizar calendarios de atención y prevención.
Especies clave en España
En el contexto español, las gramíneas y el olivo son responsables de buena parte de los cuadros alérgicos primaverales, aunque también son relevantes ciprés, plátano de sombra y plantas herbáceas como la parietaria. La variación local en la presencia de estas especies y las condiciones meteorológicas determinan por qué algunas provincias registran episodios más intensos que otras.
Recomendaciones para pacientes y autoridades
Para las personas alérgicas, las medidas prácticas ayudan a reducir riesgos: consultar niveles locales de polen, planificar actividades al aire libre en horas de menor concentración, usar gafas protectoras y mantener cerradas las ventanas en momentos críticos. Además, es fundamental tener al día la medicación de rescate y, si procede, seguir los planes de tratamiento preventivo indicados por alergólogos.
Desde la administración y los servicios de salud, la respuesta pasa por integrar esta nueva realidad en la planificación sanitaria: actualizar avisos de calidad del aire, reforzar la red de aerobiología para seguimiento continuo y adaptar campañas de prevención. Las políticas de mitigación climática que reduzcan emisiones también juegan un papel indirecto pero importante al limitar factores que favorecen un mayor volumen de polen.
Comprender la interacción entre clima, plantas y atmósfera permite diseñar estrategias más efectivas para proteger a la población alérgica y reducir el impacto sanitario en las próximas temporadas.
