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Por qué los chicos jóvenes se alejan de la izquierda y qué puede hacerse

Un retroceso del apoyo masculino joven a la izquierda aparece en sondeos recientes; factores culturales, económicos y digitales explican la tendencia y marcan retos estratégicos para recuperar confianza

En el debate público español ha irrumpido una preocupación persistente: una proporción significativa de varones jóvenes se inclina hacia opciones políticas de la derecha, dejando a los partidos progresistas con una incapacidad creciente para conectar con ese segmento. El problema saltó a la palestra tras las declaraciones de Emilio Delgado (Más Madrid) durante un acto junto a Gabriel Rufián, cuando subrayó la necesidad de que la izquierda logre comunicar mejor su mensaje a los chicos entre 18 y 24 años.

Desde entonces, sondeos y debates han ilustrado la magnitud y complejidad del fenómeno.

Los datos no son anecdóticos: diversas encuestas del CIS y de la consultora 40dB. muestran una brecha de género persistente en el voto juvenil, y una mayor disposición de los varones más jóvenes hacia fuerzas conservadoras y de extrema derecha.

Entender las causas y pensar respuestas prácticas se ha convertido en prioridad para analistas y responsables políticos.

Qué dicen las encuestas y qué implican

Los sondeos revelan patrones claros. Según estudios citados por 40dB., los hombres de 18 a 28 años son el grupo que menos apoya a partidos como PSOE, Sumar y Podemos. En ese tramo etario, un 38% de los varones manifiesta intención de votar a Vox, y la suma de las tres fuerzas de derecha con opciones de entrar en Congreso (PP, Vox, Se Acabó la Fiesta) alcanza cerca del 49,6%, frente a un 14,1% de las tres fuerzas progresistas en conjunto. Además, en las últimas oleadas del CIS —encuesta realizada del 2 al 6 de febrero en una muestra amplia— se observa que temas como la inmigración ganan relevancia entre esos jóvenes, mientras que la preocupación por el cambio climático es menor entre los varones que entre las mujeres.

Tensiones en valores: feminismo, diversidad y fraude

En materia de igualdad y diversidad las diferencias son notables. Encuestas de referencia muestran que un porcentaje relevante de varones jóvenes se muestra escéptico ante el feminismo: en el barómetro del CIS sobre percepciones de igualdad, el colectivo de 16 a 24 años es el que más tiende a pensar que los hombres son quienes sufren discriminación, y el menos proclive a reconocer obstáculos añadidos para las mujeres. Sondeos de 40dB. y del Centro Reina Sofía de FAD Juventud también detectan reticencias frente a la gravedad de la violencia de género entre los varones de 15 a 29 años.

En lo económico, las actitudes hacia los impuestos y el fraude son un indicador potente. Estudios apuntan que los jóvenes de 18 a 24 muestran mayor tolerancia ante el fraude fiscal y consideran con frecuencia los impuestos como «excesivos» (cerca del 45% en algunos grupos), un caldo de cultivo aprovechado por influencers y narrativas que simplifican y polarizan el debate.

Factores detrás de la deriva

Expertos señalan varias causas interconectadas. La difusión masiva de contenidos en redes sociales favorece discursos radicales o simplistas que calan entre audiencias jóvenes. Al mismo tiempo, hay elementos estructurales: el llamado «declive» relativo en el rendimiento educativo y la inserción laboral masculina frente a las mujeres jóvenes ha sido destacado por investigadores como Javier Carbonell. Datos del INE muestran diferencias en abandono y titulaciones superiores que, sumadas a la precariedad laboral, alimentan sensación de pérdida de estatus entre algunos varones.

La narrativa y la identidad

En contextos de incertidumbre, las explicaciones sencillas que atribuyen la culpa a un enemigo identificable —por ejemplo, el feminismo o las élites— resultan atractivas. La derecha y la extrema derecha han sabido ofrecer relatos que convierten la nostalgia de un orden tradicional en promesa de restitución. Por su parte, la izquierda ha sido criticada por llegar tarde a las plataformas digitales y por adoptar tonos moralizantes que no siempre articulan soluciones materiales a los problemas cotidianos de la juventud.

Qué puede hacer la izquierda para reconectar

Analistas y responsables proponen varias pautas. En primer lugar, evitar discursos que perciban como ataques a la identidad de los jóvenes: no se convence con acusaciones, se persuade ofreciendo propuestas concretas. En segundo lugar, poner el foco en problemas compartidos como vivienda, empleo y acceso a servicios, al tiempo que se defiende sin concesiones el avance en derechos de mujeres y personas LGTBIQ+. Ejemplos internacionales muestran que priorizar demandas materiales puede movilizar apoyos transversales.

Además, es clave identificar y señalar a los actores responsables de la precariedad —como empresas que externalizan beneficios mediante tecnología o los mercados de alquiler desregulados— para reducir el uso del feminismo como chivo expiatorio. Adaptar la comunicación a formatos digitales y escuchar sin paternalismos también figura entre las recomendaciones de sociólogos y responsables políticos.

En la encrucijada actual, la izquierda enfrenta el reto de articular respuestas que combinen defensa de derechos con propuestas tangibles de seguridad social y económica. Perder de vista a los varones jóvenes —dando por sentada su lealtad o descartándolos— sería un error estratégico; recuperarlos exige humildad, capacidad de diagnóstico y mensajes que atiendan tanto a la identidad como a las condiciones materiales.


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Sarah Finance

Pasó años frente a pantallas con gráficos que se movían mientras el resto del mundo dormía. Conoce la adrenalina de un trade correcto y el frío de uno equivocado. Hoy analiza los mercados sin los conflictos de interés de quienes venden productos financieros.