Las fábricas europeas apuntan a un ligero repunte de la producción gracias a los vehículos electrificados y la implantación de marcas chinas, aunque persisten retos de capacidad y demanda

Tras varios ejercicios de tensión en las cadenas de montaje europeas, los análisis sectoriales muestran señales de mejora en la producción de vehículos. Los estudios especializados señalan que, aunque no se prevé un retorno inmediato a los niveles previos a la crisis sanitaria, existe una tendencia al alza que se consolida gradualmente gracias a dos factores clave: la electrificación del parque y la entrada de fabricantes asiáticos en suelo europeo.
Estos elementos reconfiguran tanto la oferta como la competencia interna entre las plantas.
Los informes sectoriales recogen cifras que ilustran esta dinámica: una caída acumulada seguida de un aumento moderado en la entrega de unidades. Además, los efectos sobre países productores como España varían en intensidad por la naturaleza exportadora de sus plantas y la adaptación de las líneas productivas a nuevos modelos.
Situación actual y previsiones
Según una consultora del sector, la producción en la Unión Europea se situó en torno a 13,5 millones de vehículos en el último ejercicio analizado, frente a los 14,1 millones del periodo anterior, lo que supone una reducción aproximada del 4,4%. Esa caída fue la segunda consecutiva en los centros de fabricación del continente. Para el ciclo siguiente, el mismo estudio proyecta un incremento del 2,8%, llevando la fabricación a cerca de 13,8 millones de unidades.
En paralelo, otro análisis independiente estima un repunte similar, con aumentos cercanos al 2,4% en el primer año de recuperación y en torno al 3,8% en el periodo subsiguiente. Ambos trabajos coinciden en que la recuperación será gradual y no devolverá a corto o medio plazo los picos registrados antes de la pandemia.
Factores que impulsan el cambio
Electrificación como eje transformador
La transición hacia vehículos electrificados es uno de los cambios estructurales más relevantes. Las plantas han acometido remodelaciones de líneas y procesos para fabricar modelos con tracción eléctrica y componentes específicos. Sin embargo, la demanda no ha crecido al ritmo esperado, lo que ha generado una sensación de espera estratégica por parte de algunos fabricantes, que ajustan producción e inversión a la velocidad del mercado.
Presencia de marcas chinas en Europa
La oferta procedente de Asia, y en especial de fabricantes chinos, ha alterado la competitividad de precios en el continente. Aunque la cuota combinada de estas marcas todavía es reducida —alrededor del 5% en Europa— en algunos mercados locales, como España, la participación se sitúa en torno al 10%. Además de exportar, dichas empresas han comenzado a instalar plantas en territorio europeo —con ejemplos como la implantación de BYD en Hungría y proyectos industriales de fabricantes como Chery en asociación local—, lo que contribuye a sumar capacidad productiva dentro de la UE.
Impacto en España y retos industriales
España, que figura entre los principales productores europeos y en los primeros puestos a escala mundial, ha registrado también dos ejercicios consecutivos con descensos en la fabricación. Las previsiones de la asociación nacional del sector apuntan a una estabilización en volúmenes, sin un crecimiento marcado a corto plazo. Una razón clave es la introducción de numerosos modelos nuevos, muchos de ellos electrificados, que requieren un periodo de adaptación de las líneas de montaje y validación técnica antes de aumentar el ritmo productivo.
La industria española depende en gran medida de las exportaciones: destinos como Alemania o Francia, que acaparan parte significativa de la demanda, muestran comportamiento más tibio, y su estancamiento repercute en las factorías nacionales. La respuesta del sector pasa por incrementar la oferta de modelos electrificados —se está pasando de unas decenas a varias decenas de variantes en producción— y por mejorar la competitividad para mantener pedidos y atraer nueva demanda.
En conjunto, el futuro cercano del sector se presenta como una recuperación condicionada: existe margen para el crecimiento, pero dependerá de la capacidad de las marcas para alinear su oferta con la demanda real y de la evolución de la competencia intracomunitaria y extracomunitaria. Normativas de emisiones y objetivos regulatorios siguen siendo un factor que orienta decisiones productivas, al incentivar la venta de vehículos electrificados para cumplir con los límites de CO2.
Por último, la entrada en funcionamiento de plantas de fabricantes chinos en Europa añadirá producción local que, con el tiempo, puede contribuir al volumen total del continente. No obstante, ese efecto se materializará con mayor intensidad en plazos medios, cuando las nuevas líneas estén plenamente operativas y la demanda de vehículos electrificados haya consolidado su ritmo de crecimiento.
