El PP intenta cerrar un acuerdo estable con Vox para Extremadura y Aragón, pero la estrategia de Santiago Abascal en Castilla y León y las fricciones públicas mantienen la negociación en vilo

En los últimos días se ha intensificado la dinámica entre el Partido Popular y Vox en torno a la formación de gobiernos autonómicos, con particular atención en Extremadura, Aragón y Castilla y León. La dirección nacional del PP ha lanzado un claro mensaje: priorizar la negociación centralizada y evitar la exposición pública que pueda complicar los acuerdos.
Paralelamente, Santiago Abascal ha desarrollado una presencia continuada en Castilla y León desde semanas antes del inicio formal de la campaña, una táctica que cambia el ritmo de las conversaciones y genera recelos en Génova.
Las fechas que marcan el calendario político —como la primera votación de investidura en Extremadura el 3 de marzo y la constitución de las nuevas Cortes de Aragón el mismo día— colocan a las direcciones de ambos partidos ante una carrera contrarreloj.
En el PP existe la percepción de que Vox no tiene prisa real por cerrar pactos y que la prudente maniobra política busca mantener capacidad de confrontación hasta las urnas. Al mismo tiempo, la cúpula popular ha decidido reducir la exposición pública de figuras autonómicas como María Guardiola para dejar las negociaciones en manos del equipo de Génova.
La estrategia de Vox y la implicación de Abascal
La presencia permanente de Abascal en Castilla y León —con actos en Ávila, Peñafiel, Soria, Lerma, Segovia, Arévalo, Salamanca, El Espinar y Zamora— refleja una campaña en la que el líder de Vox busca marcar la agenda local y nacional. Esta movilidad se traduce tanto en mítines urbanos como en paseos por pequeños municipios, acumulando kilómetros y visibilidad. La táctica recuerda a un despliegue pensado para condicionar la negociación: si bien en algunos lugares la exigencia de entrar en gobiernos se ha suavizado, la insistencia en marcos programáticos y en presupuestos asignados a las políticas pactadas sigue siendo un punto no negociable para la formación de Abascal.
Fases de negociación según Vox
Desde la óptica de Vox, las conversaciones se dividen en dos etapas claras: la definición de un programa compartido y la garantía de que aquellas competencias transferidas cuenten con un presupuesto suficiente para ejecutarlo. Aunque han disminuido las demandas de ocupar carteras de gobierno, la insistencia en condiciones materiales para la ejecución de políticas revela que el acuerdo no se limita a firmar declaraciones de intenciones. El partido ultra ha mostrado asimismo un enfoque territorial diferenciado, reclamando condiciones distintas según comunidades como la Comunidad Valenciana o Aragón.
La respuesta y maniobra del PP
Génova ha optado por centralizar el diálogo: el secretario general Miguel Tellado ha entrado en las conversaciones para homogeneizar la postura del PP y reducir la imagen de pluralidad desordenada entre los barones regionales. El objetivo declarado por los populares es conseguir “el mejor pacto posible” con Vox, pero sin precipitarse antes de las elecciones de Castilla y León, cuya campaña está en pleno desarrollo. Esta prudencia llevó a desautorizar la exposición pública de dirigentes autonómicos que generaban ruido mediático y a pedir «menos ruido y más trabajo», mensaje transmitido tanto en privado como en comparecencias públicas.
Controversias y comunicación
Los intercambios verbales entre dirigentes han aflorado: desde acusaciones mutuas sobre machismo o caciquismo hasta desmentidos sobre declaraciones en medios. Un episodio concreto fue la entrevista de Guardiola en la que aparecieron matices en la transcripción sobre su posicionamiento respecto al feminismo que Vox defiende; la polémica derivó en la intervención de la dirección nacional para recomponer la estrategia comunicativa. En paralelo, se produjo una conversación telefónica prolongada entre Feijóo y Abascal, y contactos a distintos niveles que apuntan a una negociación viva pero cautelosa.
Riesgos, plazos y escenarios posibles
La coincidencia de plazos —si Guardiola no consigue la investidura el 3 de marzo ni en la votación siguiente de 48 horas, se abrirá un periodo de dos meses— sitúa la posibilidad de repetición electoral sobre la mesa. Ese escenario podría desembocar en comicios el 28 de junio si finalmente Aragón y Extremadura desencadenan procesos paralelos. Para el PP la disyuntiva es compleja: mantener distancia ante demandas extremas de Vox sin perder capacidad para construir mayorías en territorios donde la derecha necesita apoyos. En Génova se valora que acuerdos prematuros o mal gestionados pueden ser contraproducentes de cara a las generales.
