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La pista biológica que distingue a los superancianos del alzhéimer

Un análisis del hipocampo revela que los superancianos conservan una mayor capacidad de neurogénesis y muestran firmas epigenéticas distintas frente al alzhéimer, abriendo rutas para nuevas estrategias clínicas

La investigación sobre el envejecimiento cerebral ha dado un paso importante al mostrar que no todos los cerebros viejos son iguales: algunos siguen produciendo células y mantienen la memoria en forma. Un equipo multidisciplinar de universidades estadounidenses examinó muestras del hipocampo, la estructura esencial para la formación de recuerdos, y encontró diferencias claras entre personas jóvenes, mayores, superancianos y pacientes con diagnóstico de alzhéimer.

Los hallazgos sugieren que la persistencia de la neurogénesis está asociada a una mayor resiliencia cognitiva, mientras que su pérdida es una señal temprana de deterioro.

Para entender qué distingue a quienes envejecen con buena memoria, los investigadores no se limitaron a contar células: exploraron etapas del desarrollo neuronal y firmas moleculares que actúan como huellas del pasado y del potencial futuro del tejido cerebral.

Los resultados refuerzan una visión esperanzadora: el cerebro adulto conserva mecanismos de renovación que podrían ser modulables mediante intervenciones médicas o cambios en el estilo de vida.

Diseño del estudio y grupos analizados

Los científicos analizaron muestras postmortem del hipocampo procedentes de cinco grupos bien definidos: adultos jóvenes sanos, mayores sanos, mayores con memoria excepcional denominados superancianos, personas con deterioro cognitivo leve y pacientes con enfermedad de Alzheimer. Para valorar la generación de nuevas neuronas, se buscaron marcadores que identifican tres etapas clave: células madre con potencial neurógeno, neuroblastos como fase intermedia y neuronas inmaduras próximas a la funcionalidad. Estas fases se interpretaron como indicadores de neurogénesis adulta, el proceso por el cual se generan nuevas neuronas en el cerebro adulto.

Resultados principales y su interpretación

La comparación mostró un patrón nítido: los superancianos exhibieron una tasa de neurogénesis significativamente mayor que otros adultos mayores sanos. En números relativos, el equipo observó prácticamente el doble de células en las etapas tempranas y medias del desarrollo neuronal en esos cerebros, lo que sugiere una mayor capacidad de reemplazo y plasticidad. En contraste, las muestras de personas con deterioro cognitivo preclínico presentaban ya señales reducidas de producción neuronal, y en el caso de la enfermedad de Alzheimer la formación de nuevas neuronas resultó casi indetectable.

Implicaciones sobre la resiliencia cognitiva

Estos datos apoyan la hipótesis de que la capacidad de generar neuronas en el hipocampo funciona como una especie de escudo frente al declive de la memoria. La existencia de mayores reservas neuronales y de una dinámica regenerativa más activa podría facilitar la compensación frente a daños o cambios neurodegenerativos. Así, la neurogénesis no solo sería un marcador biológico, sino potencialmente un factor causal en la conservación de la función cognitiva en edades avanzadas.

Huella molecular: firmas epigenéticas y rutas futuras

Además de contar células, los autores identificaron variaciones en la epigenética de las neuronas recién formadas. Estas «firmas epigenéticas» son patrones de modificación molecular que influyen en cómo las células responden al entorno. En los cerebros de superancianos, dichas firmas diferían de las observadas en individuos con deterioro cognitivo y en pacientes de alzhéimer, lo que indica que no solo hay más células nuevas sino que su programación molecular es distinta y, posiblemente, más adaptativa.

De la biología a la clínica

A partir de estos hallazgos, los investigadores plantean dos líneas de trabajo inmediatas: completar el mapa molecular que define la neurogénesis y analizar cómo factores ambientales modulables —como dieta, ejercicio e inflamación— interfieren en ese proceso. Entender el «panorama molecular completo» podría facilitar el diseño de terapias dirigidas a preservar la memoria o a fomentar la regeneración neuronal en personas con riesgo de declive cognitivo.

Los autores subrayan una conclusión clave: el envejecimiento cerebral no es un destino inmutable. Identificar qué permite a ciertos cerebros seguir creando neuronas abre la posibilidad de convertir esa ventaja biológica en intervenciones que aumenten la calidad de vida en poblaciones envejecidas. El próximo reto será traducir estos conocimientos en estrategias practicables que beneficien a un número mayor de personas.


Contacto:
Elena Marchetti

Ha cocinado para críticos que podían destruir un restaurante con una reseña. Luego decidió que contar historias de comida era más interesante que prepararla. Sus artículos saben a ingredientes reales: conoce la diferencia entre una pasta hecha a mano y una industrial porque las ha hecho ambas miles de veces.