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Podemos no se suma a la nueva confluencia y marca sus condiciones

Podemos rechaza por ahora integrarse en la coalición de Sumar y aliados, reivindicando su papel como fuerza alternativa al PSOE y condicionando cualquier acercamiento a un proyecto distinto y con liderazgos definidos

En el debate sobre la recomposición del espacio de la izquierda española, Podemos ha optado por mantener una postura distante frente al proyecto de Sumar y sus aliados. Pese a movimientos y gestos desde otras formaciones, incluido el paso al lado que ha dado la vicepresidenta segunda, la formación morada no da señales de querer abrir negociaciones públicas ni de valorar incorporaciones externas a corto plazo.

Este posicionamiento refleja una estrategia calculada para diferenciarse del resto de fuerzas que comparten gobierno o que impulsan la nueva confluencia.

El silencio de Podemos no es fortuito: responde a una lectura política donde se prioriza la identidad propia y la capacidad de presentarse como alternativa ideológica al PSOE y a la derecha.

Para la dirección morada, hay cuestiones de fondo que deben aclararse antes de hablar de listas o liderazgos; entre ellas, si la coalición sería un instrumento independiente o un complemento más del Ejecutivo. Esa tensión entre integración y autonomía marca el pulso de las conversaciones informales que, según distintas fuentes, sí existen en ámbitos parlamentarios y autonómicos pero no han fructificado en acuerdos públicos.

El contexto y las razones del distanciamiento

Los responsables de Podemos argumentan que la izquierda necesita un proyecto con capacidad de pugnar por el voto ideológico y no una suma que reproduzca la dependencia del PSOE. En su diagnóstico, el avance de la ultraderecha se explica en parte por la percepción de inmovilidad del gobierno y la falta de presión suficiente desde sus socios. Por eso reclaman una propuesta más nítida y confrontacional, capaz de disputar espacio político a formaciones como Vox. El partido sostiene que sólo él, desde una posición fuera del Ejecutivo, puede ofrecer esa alternativa con coherencia.

La posición de Sumar y las negociaciones implícitas

Desde Sumar se asegura que las conversaciones con distintos actores de la izquierda son constantes y que la voluntad general es abrir canales para construir una coalición amplia. La confluencia insiste en que no impone condiciones rígidas para la integración, pero quiere hablar primero de programas y políticas: «La prioridad es la unidad para sumar el mayor número de votos», sostienen fuentes de ese espacio. Aun así, reconocen la complejidad que genera la actitud pública de Podemos y la falta de señales concretas por parte de su cúpula.

Presiones internas y autonómicas

En el interior de Podemos hay voces contrapuestas. Algunos círculos autonómicos, como el de Extremadura, presionan a la dirección para que acepte la coalición sin perder protagonismo de sus figuras más visibles. La pugna gira en torno a la presencia pública de líderes como Irene Montero y la ventana de protagonismo que se abriría en un proyecto común: para muchos, cualquier acuerdo pasa por garantizar que determinados liderazgos tengan un papel central; para otros, la prioridad es un modelo más horizontal que evite la hegemonía de una sola fuerza.

Tensiones históricas y condiciones sobre la mesa

Las rencillas que marcaron la relación entre los socios durante la legislatura anterior siguen pesando. Vetos anteriores a candidaturas o la percepción de decisiones centralizadas dañaron la confianza en momentos clave, y esos episodios condicionan hoy la disposición a confluir sin garantías de horizontalidad. En este escenario, Podemos advierte que no entrará en una versión 2.0 de Sumar que reproduzca las mismas limitaciones: «Si es para repetir Sumar, no vamos a entrar», afirman fuentes del partido.

Agenda y prioridades: políticas antes que liderazgos

Sumar insiste en que, antes de hablar de nombres, toca acordar políticas. Sus portavoces plantean aplazar el debate sobre candidaturas «al menos hasta abril» para priorizar programas y ámbitos de actuación. La marcha de figuras clave en la confluencia facilita ese camino, según sus cálculos, porque permite explorar candidaturas por consenso sin recurrir a primarias complejas. Sin embargo, la ausencia de Podemos en las conversaciones públicas complica la viabilidad de una coalición amplia y ordenada.

Mientras tanto, la dirección morada apuesta por marcar distancias y forzar una reflexión sobre el papel que quiere desempeñar la izquierda en los próximos comicios, exigiendo claridad sobre si la suma sería un actor autónomo o un apoyo subsidiario del PSOE.

La resolución de este conflicto dependerá de la capacidad de las formaciones para conciliar programas y liderazgos sin reproducir dinámicas de exceso de centralidad. Para los votantes de izquierda, la pregunta sigue ahí: ¿será posible forjar una coalición sólida que combine unidad y autonomía, o prevalecerá la lógica de identidades separadas que deje a la izquierda fragmentada frente a un adversario en alza?


Contacto:
Max Torriani

Quince años en redacciones de los principales grupos mediáticos nacionales, hasta el día en que prefirió la libertad al sueldo fijo. Hoy escribe lo que piensa sin filtros corporativos, pero con la disciplina de quien aprendió el oficio en las trincheras de las breaking news. Sus editoriales generan debate: es exactamente lo que quiere.