Once temporales y descensos bruscos de la salinidad han llevado al marisqueo gallego a una situación crítica, con mortalidades masivas y pérdidas económicas significativas

El inicio del año ha dejado una radiografía preocupante para las costas gallegas. Entre el 1 de enero y el 28 de febrero se registraron 11 borrascas consecutivas, bautizadas desde Francis hasta Pedro, que entraron por el noroeste desde el Atlántico.
El efecto combinado de lluvias intensas, subidas extraordinarias de caudales fluviales y la apertura de embalses ha generado una llegada masiva de agua dulce a las rías, con consecuencias directas sobre la producción marisquera.
El impacto sobre el sector se ha materializado en jornadas de trabajo muy reducidas —apenas ocho días de faena en dos meses—, fuertes caídas en la captura y mortalidades visibles en bancos de bivalvos.
Esta situación ha llevado a las cofradías, plataformas vecinales y a la Consellería do Mar a una evaluación urgente del estado de las rías y de las medidas necesarias para proteger el recurso.
Desalinización y efecto sobre el marisco
La mezcla de agua dulce en las capas superficiales de las rías provocó descensos bruscos en la salinidad, un parámetro clave para la supervivencia de los bivalvos. En puntos concretos como Carril y A Illa de Arousa se midieron valores cercanos a cero durante episodios puntuales, mientras que el marisco necesita niveles mínimos para mantener sus funciones fisiológicas. El resultado: bancos de almejas, berberechos, navajas y zamburiñas que no resisten y aumentos significativos de mortalidad.
Causas físicas y antrópicas
La dinámica que explica la crisis combina factores meteorológicos con decisiones de gestión. Por un lado, las borrascas aportaron caudales excepcionales en ríos como el Ulla o el Tambre, arrastrando sedimentos y materia orgánica hacia las rías. Por otro, la apertura de embalses en condiciones no coordinadas con los ciclos de marea ha intensificado la desalinización superficial. A esto se suma un problema crónico: la menor renovación de aguas y la acumulación de contaminantes, que reducen la resiliencia de los ecosistemas marisqueros.
Consecuencias socioeconómicas
El balance económico es duro: muchas flotas permanecen amarradas y las lonjas registran caídas importantes en facturación. En Galicia hay unos 4.700 buques registrados que han visto su actividad limitada por el temporal. Cofradías y patrones mayores hablan de pérdidas millonarias, con ejemplos como la reducción del 16% en ventas en algunas lonjas y semanas en las que se estima una pérdida cercana a un millón de euros por semana de borrascas.
Impacto en especies y repoblaciones
Las cifras de capturas y repoblaciones reflejan el daño: especies que hace años abastecían mercados ves un desplome en sus desembarcos. La almeja babosa cayó de medias históricas altas a cantidades residuales durante episodios críticos; el berberecho experimentó descensos del orden del 87% respecto a periodos recientes. Además, las inversiones en semilla, que pueden alcanzar decenas de miles de euros por cofradía, quedan comprometidas cuando la supervivencia no supera uno o dos ejercicios.
Respuesta institucional y demandas del sector
Las autoridades autonómicas han reconocido la gravedad del escenario y se han reunido con representantes del sector para valorar medidas. Entre las peticiones más repetidas destacan la exigencia de protocolos de desencoro en embalses, el dragado para recuperar corrientes naturales en zonas críticas y la activación de ayudas directas para sostener la actividad durante la reconstrucción de bancos marisqueros.
Medidas urgentes propuestas
Las propuestas incluyen establecer normativas que regulen la gestión de caudales en función de previsiones meteorológicas y mareas, promover proyectos de saneamiento de cuencas y priorizar inversiones en regeneración de arenales. El sector también demanda ayudas económicas no solo orientadas a paros biológicos, sino a compensaciones por pérdidas y apoyos para mantener la capacidad productiva en los próximos años.
La recuperación de las rías exigirá acciones coordinadas entre administraciones, cofradías y comunidades locales para restaurar la salinidad, estabilizar fondos y reconstruir bancos marisqueros, evitando así que la crisis se transforme en una pérdida irreversible de un patrimonio productivo y cultural.
