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Radón en viviendas: qué es, por qué preocupa y cómo reducirlo

Un gas radiactivo que asciende desde el subsuelo puede concentrarse en hogares y ser responsable de miles de muertes por cáncer de pulmón; la detección y la mitigación son efectivas y accesibles

Un gas invisible y sin olor que se forma en el subsuelo puede filtrarse hacia el interior de las viviendas y convertirse en un riesgo sanitario silencioso. El radón procede de la desintegración natural del uranio en el terreno y, aunque suele diluirse en el aire exterior, tiende a concentrarse en espacios cerrados con ventilación insuficiente.

Las autoridades sanitarias han relacionado exposiciones prolongadas con un aumento significativo del riesgo de cáncer de pulmón, especialmente entre personas que nunca han fumado, lo que convierte al radón en una prioridad en salud pública y en una preocupación práctica para propietarios y arrendatarios.

La presencia de radón no discrimina por antigüedad de la vivienda: casas antiguas y modernas pueden presentar niveles elevados cuando existen grietas en cimientos, huecos en tuberías o una mala ventilación. La buena noticia es que detectar este gas es sencillo y económico, y que existen soluciones técnicas que reducen de manera notable las concentraciones interiores. Comprender cómo entra el radón, qué valores son preocupantes y qué opciones de mitigación existen ayuda a tomar decisiones informadas para proteger a quienes viven en el inmueble.

Qué es el radón y cómo afecta al organismo

El radón es un gas noble radiactivo que surge del suelo por la desintegración del uranio y el radio presentes de forma natural en las rocas y los suelos, especialmente en zonas con mayor contenido de roca granítica. Al desintegrarse, el radón genera partículas alfa y descendientes radiactivos que, si se inhalan, pueden depositarse en las vías respiratorias. La interacción de esas partículas con las células del pulmón puede dañar el ADN; si la reparación celular falla, aumenta la probabilidad de transformación maligna con el paso de los años. Por eso la exposición continua, aunque a niveles moderados, representa un riesgo acumulativo.

Dónde se concentra y cómo se mide

El gas entra en los interiores por pequeñas rendijas: fisuras en los cimientos, juntas, sumideros, huecos alrededor de tuberías o suelos mal sellados. Aunque en el exterior el radón se disipa, en habitaciones poco ventiladas puede alcanzar concentraciones preocupantes. Las agencias ambientales establecen umbrales orientativos para actuar; por ejemplo, muchas recomendaciones internacionales consideran niveles por encima de 4 picocurios por litro como motivo para implantar medidas. En regiones con suelo rico en ciertos minerales, las medias domésticas superan con frecuencia ese umbral.

Pruebas y métodos de medición

La detección doméstica es accesible: existen kits de medición pasiva que se colocan en la planta baja o en la habitación más cercana al suelo durante periodos que van desde 2 hasta 90 días, además de equipos digitales que permiten lecturas continuas. Un resultado por encima del nivel de referencia sugiere la necesidad de una evaluación profesional y, en su caso, de acciones de mitigación. Las mediciones a largo plazo ofrecen una mejor estimación de la exposición media anual, ya que el radón puede fluctuar con las estaciones y las condiciones del edificio.

Opciones para reducir la exposición en el hogar

Cuando los análisis muestran concentraciones elevadas, existen técnicas eficaces para bajar la presencia de radón en interiores. Un sistema común consiste en instalar una tubería y un ventilador que, mediante extracción desde el subsuelo o el espacio de cimentación, reducen la entrada de gas exterior y ventilan la zona bajo la losa. Otras soluciones incluyen mejorar la ventilación general de la vivienda, sellar grietas y asegurar un buen aislamiento en las juntas y alrededor de instalaciones que atraviesan el suelo. Las intervenciones pueden disminuir hasta en un 99% las concentraciones interiores en muchos casos.

Coste y prioridad sanitaria

El coste de una mitigación profesional puede variar según el tamaño y la estructura del edificio, situándose en un rango que muchas veces es asumible cuando se compara con los beneficios en salud pública. Las autoridades sanitarias y especialistas recuerdan que la inversión en detección y corrección en el hogar es una medida preventiva que reduce la probabilidad de enfermedad a largo plazo. Además, en edificaciones nuevas, la incorporación de barreras y sistemas pasivos durante la construcción es una estrategia coste-efectiva para evitar problemas futuros.

La combinación de detección y mitigación convierte la incertidumbre en control, protegiendo la salud respiratoria de las personas que habitan y trabajan en los espacios cerrados.


Contacto:
Elena Marchetti

Ha cocinado para críticos que podían destruir un restaurante con una reseña. Luego decidió que contar historias de comida era más interesante que prepararla. Sus artículos saben a ingredientes reales: conoce la diferencia entre una pasta hecha a mano y una industrial porque las ha hecho ambas miles de veces.