Mojtaba Jameneí reemplaza a su padre tras el asesinato de Ali Jameneí el 28 de febrero; la capital iraní vive incendios en depósitos petrolíferos, racionamiento de gasolina y una escalada de ataques regionales

La República Islámica acaba de confirmar un relevo en la cúpula: la Asamblea de Expertos eligió a Mojtaba Jameneí como nuevo líder supremo tras el asesinato del ayatolá Ali Jameneí, fallecido el 28 de febrero durante los primeros ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel contra territorio iraní.
El anuncio, emitido por la televisión estatal, cerró días de deliberación en ese foro clerical formado por 88 miembros electos por voto popular.
La designación se produce en un contexto de intensificación bélica y social: Teherán ha sufrido fuertes explosiones y grandes incendios en varios depósitos petrolíferos, lo que ha dejado a la ciudad cubierta por una densa nube de humo y provocó medidas de racionamiento y desplazamientos de población.
Cómo se decidió la sucesión y sus apoyos
La Asamblea de Expertos debatió intensamente antes de anunciar al nuevo rahbar. Aunque la doctrina oficial del régimen rechaza la sucesión hereditaria, Mojtaba Jameneí contaba con respaldo dentro de la Guardia Revolucionaria y entre figuras religiosas y políticas cercanas al fallecido líder. Voces internas describieron la votación como un consenso decisivo.
Reacciones internacionales
La elección no pasó desapercibida en el exterior: el presidente ruso, Vladímir Putin, felicitó al nuevo líder y prometió apoyo «inquebrantable», mientras China pidió respeto por la soberanía de Irán y urgió al cese de hostilidades. En cambio, desde Washington llegó una nota de rechazo: el presidente estadounidense declaró que la opción le resultaba inaceptable y advirtió sobre su continuidad si no contaba con el aval de su Administración.
El impacto de los ataques en la capital
Durante la jornada en que se hizo público el nombramiento, Teherán amaneció bajo un cielo negro por el humo de incendios en al menos cuatro depósitos petrolíferos atacados. Los relatos urbanos hablan de canales teñidos por petróleo en llamas y de lluvia que depositó residuos negros sobre vehículos y fachadas. Las autoridades sanitarias, incluyendo la Media Luna Roja, alertaron sobre el posible carácter tóxico de esa precipitación.
Medidas y tensión civil
El temor a la escasez de combustible generó largas colas en las gasolineras; el gobierno de Teherán impuso racionamiento, limitando la venta de gasolina subsidiada por persona. Muchas personas intentaron salir de la capital hacia zonas del norte, junto al mar Caspio, aunque la falta de combustible impidió a algunas familias huir. Oficinas y comercios permanecieron parcialmente cerrados y buena parte de la administración funcionó a distancia.
La guerra se expande más allá de las fronteras
El conflicto entre Irán, Estados Unidos e Israel ha tenido repercusiones regionales inmediatas: misiles iraníes impactaron en territorio israelí, causando víctimas, y fuerzas israelíes intensificaron bombardeos, incluidos ataques sobre el sur de Beirut y otras zonas vinculadas a milicias. Además, medios iraníes y publicaciones oficiales han divulgado imágenes y denuncias por civiles, entre ellas portadas que mostraban a niños fallecidos en bombardeos a instalaciones próximas a una base naval en la provincia de Minab.
Consecuencias humanitarias
Fuentes periodísticas y organizaciones subrayan el elevado coste humano de la ofensiva inicial del 28 de febrero: se reportaron decenas de muertos en distintos incidentes, entre ellos escolares, según imágenes y portadas que criticaron a las autoridades responsables de los ataques. Los choques han motivado condenas, llamados a dialogar y debates sobre la legalidad y la ética de las operaciones militares.
Perspectivas y riesgos de escalada
Desde el gobierno iraní se calificó la serie de ataques recientes como una «nueva fase» del conflicto, y se anticiparon posibles nuevas ofensivas. Autoridades de Israel advirtieron que la campaña podría intensificarse en los próximos días. En este clima, la elección de un líder con fuerte arraigo en los sectores militares y religiosos del régimen podría endurecer la postura iraní y complicar cualquier salida diplomática a corto plazo.
