Advertencia de Wael Sawan y medidas de racionamiento en varios países ante la interrupción de flujos por Ormuz y daños en Ras Laffan

La crisis que empezó con los ataques en el Golfo ha dejado de ser únicamente una cuestión de precios: ahora el foco está en la disponibilidad física de combustible. Desde la tribuna de CERAWeek (25 de marzo de 2026) el consejero delegado de Shell, Wael Sawan, advirtió que la perturbación que se sintió primero en Asia avanza hacia Europa, con la posibilidad real de que cargamentos programados no lleguen en abril.
El problema tiene dos patas simultáneas: un estrecho estratégico —el estrecho de Ormuz— prácticamente inaccesible y daños directos a instalaciones clave en el Golfo que reducen la oferta estructural.
El bloqueo de rutas y los desperfectos en plataformas y trenes de licuefacción convierten una interrupción temporal en un reto de largo alcance.
Informes del sector y consultoras sitúan la restitución de ciertos flujos en plazos que van de meses a años, mientras algunos armadores optan por pagar peajes no oficiales para transitar. En este contexto, gobiernos y empresas están tomando decisiones urgentes que incluyen racionamiento, declaración de fuerza mayor en contratos y búsqueda de alternativas de suministro, una dinámica que reconfigura la cadena energética global.
Daños en la infraestructura y cuellos de botella
El estrecho de Ormuz maneja una fracción sustancial del comercio mundial de hidrocarburos, y su bloqueo crea embudos logísticos que afectan al crudo, a la nafta y al GNL. Además del cierre de rutas, varios ataques han dejado fuera de servicio instalaciones en países del Golfo. En particular, los daños en las plantas qataríes de Ras Laffan han obligado a paradas y a la declaración de fuerza mayor sobre entregas de gas licuado, un impacto que no solo eleva precios sino que elimina volumenes físicos del mercado.
Ras Laffan y la magnitud del recorte
Las estimaciones públicas citadas por los operadores señalan que una parte significativa de la capacidad exportadora de Qatar quedó temporalmente fuera de servicio: se mencionan decenas de millones de toneladas anuales de GNL afectadas y la pérdida de varios trenes de producción que podrían tardar años en ser reparados. Shell, que participa en proyectos qataríes y opera instalaciones como Pearl GTL, ha comunicado que su exposición directa obliga a revisar entregas y contratos, una situación que complica aún más el abastecimiento global.
Impacto en países y medidas de emergencia
Los efectos ya se traducen en políticas nacionales concretas. En Europa, Eslovenia fue el primer Estado en aplicar un sistema de cupos con límites de repostaje (50 litros por persona y día) para frenar desplazamientos por combustible. En Asia, naciones dependientes de suministros que cruzan Ormuz han activado mecanismos de racionamiento y ahorro: Filipinas declaró estado de emergencia energética; Corea del Sur impuso restricciones en distribución y consumo; India autorizó recortes industriales de hasta el 80% en sectores no esenciales; Sri Lanka introdujo acceso mediante códigos QR y jornadas de teletrabajo; y Bangladesh aplica cortes programados.
Reservas y capacidad de respuesta
Las reservas europeas muestran tensiones significativas: centros neurálgicos como los holandeses registran niveles excepcionalmente bajos, lo que limita la capacidad de completar compras spot sin asumir costes prohibitivos. Mientras tanto, la oferta alternativa tampoco es ilimitada: productores de GNL en Estados Unidos operan a máxima capacidad y, según ejecutivos del sector, no pueden compensar enteramente la pérdida de suministro del Golfo a corto plazo.
Reacciones empresariales y señales a los gobiernos
Las compañías del sector recomiendan medidas conjuntas de lado de la demanda y estrategias de almacenamiento: compra adelantada de stocks, gestión de la demanda y preparación de escenas de emergencia. Desde Shell se subraya la necesidad de pensar en horizontes de tres a diez años para fortalecer la resiliencia del sistema energético. Algunos grupos barajan inversiones en proyectos alternativos y en regiones no afectadas; por ejemplo, se están evaluando decisiones de inversión en activos de gas en Venezuela y en la monetización mediante licuefacción en países vecinos.
Analistas señalan riesgos que trascienden la energía directa: una alteración prolongada de flujos de nafta y gas podría reordenar los flujos de la industria petroquímica y disparar costes de insumos como fertilizantes, con posibles aumentos de precios muy elevados que repercutirían en la inflación de alimentos y en la industria manufacturera.
En suma, la combinación de bloqueo de rutas, ataques a instalaciones y límites de capacidad impone una doble agenda: gestionar la crisis inmediata con medidas de racionamiento y reservas, y acelerar decisiones estructurales que diversifiquen suministros y refuercen infraestructuras. El calendario próximo será clave: según advertencias públicas, abril puede marcar el momento en que la tensión se traslade con fuerza a nuevos mercados, obligando a políticas públicas y privadas a adaptar rápidamente sus estrategias.
