El Banco de España sitúa el crecimiento en 2,3% para este año gracias a medidas de apoyo, pero la guerra en Irán y la subida de la energía introducen escenarios de gran volatilidad para la inflación y el PIB

La economía española entra en una fase de previsiones más frágiles de lo habitual. El Banco de España ha publicado unas proyecciones que sitúan el avance del PIB en un 2,3% para 2026 y en un 1,7% para 2027, cifras que incorporan el impacto del paquete de ayudas aprobado por el Gobierno.
Estas cifras contrastan con estimaciones anteriores: sin las medidas anticrisis el crecimiento habría quedado en un 2,0%, y sin la perturbación geopolítica se habría calculado un 2,4%. El organismo subraya que la guerra en Irán ha abierto un nivel de incertidumbre extraordinario que obliga a preparar varios escenarios alternativos.
En paralelo, la situación energética ha condicionado las previsiones de precios. El índice de precios al consumo (IPC) adelantado de marzo alcanzó el 3,3% y la media prevista para el año se eleva al 3,0%, desde el 2,7% de 2026. Según el Banco de España, sin el paquete de ayudas la inflación habría sido medio punto porcentual más alta. Para 2027 se espera un enfriamiento hasta el 2,5%, aunque esa cifra sigue por encima de la referencia del BCE y sujeta a cambios significativos si el conflicto se prolonga.
Impacto más allá de la energía
La agresión en la región no solo dispara el coste del petróleo y del gas: también interrumpe cadenas de suministro clave. El bloqueo o la tensión en el estrecho de Ormuz afecta al transporte marítimo y al flujo de materias primas como fertilizantes y componentes electrónicos, incluidos los semiconductores. Ese efecto combinado alimenta la volatilidad de los precios y complica la labor de los pronosticadores. David López Salido, director general de Economía del Banco de España, ha explicado que el choque es amplio y obliga a rehacer modelos que, hasta finales de febrero, apuntaban a un crecimiento cercano al 2,4%.
El papel de las medidas anticrisis
El Gobierno activó un paquete de apoyo compuesto por rebajas en la fiscalidad energética y ayudas directas por un importe aproximado de 5.000 millones. El Banco de España estima que estas medidas recuperan tres décimas de crecimiento respecto al escenario sin ayudas, situando la previsión final en el citado 2,3%. En el escenario central del informe, el precio del crudo se mueve alrededor de los 80 dólares por barril, una referencia que permite estabilizar expectativas, siempre que no se materialicen nuevos episodios de fuerte tensión.
Escenarios alternativos
Los analistas del organismo plantean variantes en función de los precios energéticos. Si el petróleo subiera hasta unos 119 dólares por barril y el gas alcanzara los 87 euros/MWh a partir de la segunda mitad del año, la proyección de crecimiento se recortaría hasta el 2,2% y la inflación media se elevaría al 3,9%. Ese marco ya implicaría un encarecimiento notable de los costes para empresas y hogares y mayor presión sobre la política monetaria.
Escenario severo
El peor escenario descrito por el Banco asume picos extremos: el crudo en torno a 145 dólares y el gas sobre 106 euros/MWh. Bajo esas condiciones, el crecimiento anual se moderaría hasta el 1,9% en 2026 y quedaría en torno al 1,1% el año siguiente, mientras que la inflación alcanzaría una media del 5,9% en 2026 y del 3,2% en 2027. Este ejercicio subraya la dependencia de la economía española de los precios energéticos y de la estabilidad logística internacional.
Factores a vigilar y conclusiones
Más allá de los números, el Banco de España destaca indicadores que marcarán la evolución real: la fortaleza del mercado laboral, el comportamiento del consumo con tarjeta y la capacidad de las empresas para absorber costes crecientes. La lectura del organismo es clara: hay margen para crecer, pero la persistencia del conflicto podría recortar la actividad y disparar la inflación. En ese contexto, es esencial que los agentes —gobierno, empresas y hogares— trabajen con marcos de decisión basados en escenarios alternativos para reducir la probabilidad de sorpresas adversas.
En definitiva, las proyecciones del Banco de España dibujan una economía resistente pero expuesta: el paquete anticrisis mitiga parte del golpe, pero la trayectoria final del PIB y de la inflación dependerá en buena medida de cómo evolucionen los precios energéticos y la estabilidad geopolítica en Oriente Próximo.
