Artemis II, con Reid Wiseman, Christina Koch, Jeremy Hansen y Victor J. Glover, completó las maniobras iniciales en órbita y afronta la fase decisiva hacia la Luna

El 2 de abril de 2026 la misión Artemis II despegó con éxito y entró en una fase de pruebas en órbita terrestre con los cuatro astronautas a bordo: Reid Wiseman, Christina Koch, Jeremy Hansen y Victor J. Glover. Tras el lanzamiento desde el Centro Espacial Kennedy en Cabo Cañaveral, la cápsula Orión completó los encendidos iniciales y comenzó a subir su trayectoria hacia una órbita altamente elíptica diseñada para preparar la próxima maniobra hacia la Luna.
Desde tierra, los equipos de la agencia siguieron de cerca cada paso mientras la nave reportaba imágenes del horizonte terrestre y buena moral de la tripulación.
En los minutos posteriores al ascenso, hubo pequeños incidentes típicos de un vuelo de ensayo: una pérdida parcial de comunicaciones durante el relevo entre satélites, una anomalía en la instalación sanitaria y una configuración incorrecta en una válvula del sistema de agua.
Todas esas situaciones fueron detectadas y solucionadas por los equipos de control y por la propia tripulación sin poner en riesgo el vuelo. Además, se registró un fallo electrónico transitorio que se atribuye a la exposición a radiación espacial, un fenómeno ya observado en pruebas anteriores y que se monitoriza continuamente.
Maniobras clave y perfil orbital
Tras la separación del lanzador Space Launch System (SLS), Orión ejecutó los encendidos de perigeo y apogeo necesarios para elevar su trayectoria hasta una órbita de gran excentricidad —aproximadamente de 1.600 a 40.200 kilómetros—. Esta secuencia permite colocar a la nave en una configuración idónea para el llamado encendido de inyección translunar (TLI), la maniobra que enviará definitivamente a la nave hacia la Luna. Los controladores señalaron que la siguiente ventana para realizar la TLI está programada en la madrugada posterior al ascenso, y que la decisión final dependerá del estado de los sistemas de propulsión, comunicaciones y soporte vital.
Pruebas de aproximación y entrenamiento operativo
Una de las pruebas más relevantes en estas primeras horas fue la operación de proximidad con la etapa superior del cohete, pilotada desde la cabina por Victor J. Glover. Orión se alejó, maniobró y se reposicionó para inspeccionar la etapa desde distintos ángulos, validando sensores y procedimientos que serán cruciales en futuras misiones de acoplamiento con módulos lunares. Ese ejercicio sirvió para comprobar la capacidad de navegación cercana y los algoritmos de aproximación guiada, elementos esenciales para operaciones orbitales complejas alrededor de la Luna.
Objetivos técnicos de la aproximación
La maniobra de acercamiento permitió evaluar en condiciones reales la telemetría de aproximación, la precisión de los sensores ópticos y los procedimientos de control manual y automático. Estas pruebas suponen una réplica práctica de lo que será necesario cuando Orión y otros módulos trabajen en sinergia para alunizajes y la construcción de infraestructuras permanentes. La validación de estos sistemas reduce riesgos futuros y aumenta la fiabilidad del conjunto nave+módulo.
Preparación para la inyección translunar
Antes del encendido definitivo que marcará la partida hacia la Luna, el equipo en tierra evaluará parámetros críticos: integridad de la turbobomba de propulsión, redundancia de sistemas de comunicaciones y estado de los ciclos de suministro de agua y oxígeno. La misión confirmó que la tripulación se encuentra «segura y de buen ánimo», según declaraciones oficiales, pero subrayó que la pauta es clara: la seguridad de la tripulación y del vehículo es prioritaria a cualquier objetivo científico o operativo.
Incidencias menores y lecciones del vuelo
Durante las primeras horas se corrigieron problemas que ilustran el propósito esencial de este vuelo: detectar fallos en condiciones reales para corregirlos antes de una misión de alunizaje. El inconveniente en el inodoro y la válvula del sistema de agua fueron resueltos por procedimientos remotos y por la tripulación siguiendo instrucciones del control de misión. Además, la pérdida temporal de comunicaciones entre satélites fue breve y no tuvo impacto operativo. Estas situaciones permiten adaptar procedimientos, mejorar hardware y preparar a la industria para operaciones más largas en torno a la Luna.
Fuera de las tareas técnicas, la misión también fue seguida con expectación pública y política: desde la plataforma Truth Social llegó un mensaje de felicitación del presidente Donald Trump, mientras miles de personas y los equipos de la NASA celebraban el paso adelante en la exploración lunar. Más allá del simbolismo, Artemis II cumple su objetivo central: probar la nave Orión en un entorno real, obtener datos concretos y reducir incertidumbres antes de intentar que humanos vuelvan a pisar la Luna y, en el futuro, permanezcan allí por más tiempo.
Qué viene después
Si los sistemas clave mantienen su rendimiento, la maniobra de TLI colocará a Orión en una trayectoria hacia la Luna, desde la que sobrevolará su cara oculta y ofrecerá oportunidades únicas de observación. Tras esa fase habrá cuatro días de tránsito de regreso hasta la reentrada atmosférica y el amerizaje programado en el Pacífico. El éxito de estas primeras 48 horas orientará las decisiones para las siguientes misiones del programa Artemis, cuyo propósito a largo plazo no es solo regresar, sino aprender a permanecer.
