La exposición Chez Matisse reúne obras propias y de su círculo para mostrar cómo el color y los papeles recortados cambiaron la historia del arte y siguen influyendo hoy

En el corazón de Barcelona, CaixaForum Barcelona acoge Chez Matisse, una exposición coproducida por la Fundación la Caixa y el Centre Pompidou que invita al público a vivir el proceso creativo más que a contemplarlo desde la distancia. La muestra reúne 94 piezas en total, de las cuales 45 son obras de Henri Matisse y 49 pertenecen a artistas que dialogan con su trabajo; ese cruce de voces permite entender el alcance de su propuesta cromática y formal.
El recorrido, organizado en ocho ámbitos cronológicos, ofrece una lectura ordenada pero flexible que subraya la capacidad de Matisse para reinventar su lenguaje.
El montaje funciona como una experiencia casi inmersiva: no solo se ven cuadros, sino que se siguen decisiones pictóricas que cambiaron la manera de pintar a lo largo del siglo XX.
Entre los documentos y piezas que marcan el relato aparecen obras emblemáticas como Luxe, calme et volupté y ejemplos menos vistos que aportan matices a su trayectoria. La exposición puede visitarse hasta el 16 de agosto; el horario es de lunes a domingo de 10:00 a 20:00, con entrada general de 6 euros y acceso gratuito para clientes de CaixaBank y menores de 16 años.
Del fauvismo a la depuración: el relato cronológico
Los primeros apartados explican el paso del aprendizaje académico a la ruptura fauvista: la influencia de maestros como Gustave Moreau y la radicalidad de los años 1904-1906, cuando el fauvismo convirtió el color en principio constructor de la forma. Pinturas realizadas en el sur de Francia muestran cómo la intensidad cromática se impuso a la línea y a la descripción literal del paisaje; piezas pequeñas, como La Moulade, funcionan como detonantes: para compañeros contemporáneos eran auténtica «dinamita» por su furia colorista. En esta sección el diálogo con artistas como Picasso, Braque o Sonia Delaunay aclara cómo las ideas de Matisse se filtraron en distintas escuelas y geografías artísticas.
Los papeles recortados: una solución que abrió un camino
La segunda gran transformación del relato se centra en el uso de los papeles recortados, técnica que Matisse desarrolló a partir de los años cuarenta. Por motivos de salud —tras una operación y dificultades físicas— el artista sustituyó el pincel por las tijeras y trabajó con papeles coloreados que recortaba y componía. Ese procedimiento, presentado aquí como método y como forma poética, no es un recurso marginal sino la culminación de una búsqueda: la simplificación de la figura hasta su esencia cromática. Obras como las láminas de Jazz o los proyectos para la Capilla del Rosario de Vence muestran cómo la economía de medios puede devenir en una nueva gramática plástica.
Talleres, pedagogía e inclusión
La muestra se complementa con actividades destinadas a acercar ese proceso creativo a públicos diversos. Entre ellas destaca el taller «Jugar con los límites«, que se celebra del 28 de marzo al 12 de agosto de 2026 y propone experimentar con restricciones materiales para fomentar la innovación. A partir del ejemplo de Matisse —que transformó una limitación física en una estrategia artística—, las sesiones exploran cómo las reglas pueden convertirse en aliadas del pensamiento visual. La actividad está recomendada para niños y niñas a partir de seis años y suele durar aproximadamente una hora y media; además, iniciativas locales han sorteado entradas familiares para participar en la experiencia.
Influencia, legados y voces múltiples
La muestra no se limita a una lectura eurocéntrica o monográfica: plantea conexiones con movimientos como el expresionismo alemán, el neoprimitivismo ruso y la pintura abstracta estadounidense, y exhibe obras de artistas que heredaron o respondieron a la lección de Matisse. Figuran nombres tan diversos como Barnett Newman, Daniel Buren o Sonia Delaunay, así como voces de mujeres y creadoras de territorios coloniales —por ejemplo Baya— cuya presencia ayuda a repensar el canon. El itinerario concluye reflexionando sobre cómo la idea decorativa, central para Matisse, se convirtió en recurso estético y político en generaciones posteriores; su obra, pese a las dificultades de salud y hasta su fallecimiento en 1954, mantiene una fuerza referencial.
Por qué merece la pena verla
Ver Chez Matisse en el CaixaForum Barcelona es entender un proceso creativo que cambió las reglas del color, la forma y la composición. La exposición ofrece una lectura plural: es a la vez pequeña retrospectiva y diálogo contemporáneo, una visita para quienes conocen a Matisse y para quienes desean descubrir cómo una idea —liberar el color— puede repercutir durante más de un siglo. Más allá de las obras, el montaje y las actividades educativas proponen una experiencia que vincula historia del arte, práctica y pensamiento crítico, ofreciendo motivos suficientes para acercarse y mirar de otro modo.
