El pulso entre Washington, Tel Aviv y Teherán amenaza con cerrar el estrecho de Ormuz y multiplicar las consecuencias regionales y globales

La crisis en Oriente Próximo ha entrado en una fase especialmente tensa: un ultimátum norteamericano que expiraba de forma inminente y posteriores extensiones han puesto en primer plano la posibilidad de ataques contra infraestructura crítica. El presidente de Estados Unidos elevó el tono con advertencias sobre la destrucción de puentes y centrales eléctricas si Irán no facilita el tránsito por el estrecho de Ormuz.
Frente a esa presión, Teherán ha rechazado las exigencias y ha expuesto un plan propio en diez puntos, mientras que mediadores regionales intentan evitar un choque mayor.
En paralelo, se combina la diplomacia dura con operaciones militares que han afectado a punteros estratégicos.
Estados Unidos e Israel han comunicado y realizado golpes sobre objetivos que consideran vinculados a la logística militar y energética iraní, mientras la Guardia Revolucionaria promete responder si se atacan instalaciones civiles. Estas dinámicas han provocado movilizaciones públicas dentro de Irán y declaraciones de altos cargos estadounidenses que insisten en obtener una respuesta concreta para evitar una escalada.
Operaciones sobre objetivos críticos
Los ataques conjuntos han incluido golpes contra la isla de Kharg, esencial para las exportaciones petroleras iraníes, y bombardeos sobre puentes y vías férreas en distintas provincias. Kharg, por donde circula la mayor parte del crudo iraní destinado a la exportación, se ha convertido en un blanco estratégico por su papel logístico. Asimismo, fueron atacados puentes en localidades como Kashan, Zanjan y Aminabad, y tramos ferroviarios en Karaj y la ruta entre Teherán y Tabriz. Las fuerzas israelíes han reivindicado operaciones dirigidas a infraestructuras que, según ellos, eran utilizadas para el transporte de material militar.
Contraataques, amenazas y reacciones regionales
Desde Teherán, la respuesta no se limitó a la retórica: la Guardia Revolucionaria reivindicó un ataque con drones y misiles contra el complejo petroquímico de Jubail en Arabia Saudí como represalia por los bombardeos. En su comunicado, la corporación militar advirtió de que, si se cruzan líneas rojas, extenderán operaciones que afectarían el suministro de petróleo y gas en la región. A su vez, aliados y terceros actores, como Pakistán, han condenado la escalada y alertado sobre los riesgos de una expansión del conflicto que socave los esfuerzos diplomáticos.
Estrategias y posibles escenarios militares
Islas, desembarcos y control marítimo
Analistas y movimientos sobre el terreno apuntan a operaciones limitadas pero de alto impacto: tomas temporales de islas como Abu Musa y las Tunb u operaciones enfocadas en Kharg para garantizar corredores seguros a los buques mercantes. En la región se han desplegado unidades anfibias y elementos de brigadas aerotransportadas que, según fuentes abiertas, se preparan para operaciones de asalto de alcance puntual. Estas intervenciones buscan neutralizar capacidad hostil en puntos concretos y permitir la reanudación del tráfico por el estrecho de Ormuz.
La asimetría iraní y el coste humano
Frente a la superioridad aérea y naval occidental, la doctrina iraní apuesta por el uso de minas, drones, lanchas rápidas y misiles costeros en lo que algunos llaman guerra de mosquitos. Esa táctica persigue elevar el coste político y material de una intervención extranjera: ataques a la aproximación de buques, emboscadas y acciones de sabotaje pueden complicar cualquier desembarco o escolta de convoyes. Los riesgos incluyen pérdidas humanas significativas, la posible captura propagandística de combatientes y la multiplicación de ciberataques y operaciones por intermediarios en la región.
Impacto regional y posibles consecuencias
Además de los frentes directos, la guerra afecta a países vecinos: Israel mantiene operaciones en el Líbano, donde ya se han destruido puentes en el sur sobre el río Litani y se ha informado de la demolición de una mezquita durante una operación contra combatientes de Hezbolá. Las autoridades libanesas han registrado miles de víctimas y un desplazamiento masivo de población: 1.530 fallecidos, más de 4.800 heridos y 1,2 millones de desplazados desde el 2 de marzo, según cifras oficiales. A nivel global, un cierre prolongado del estrecho de Ormuz tendría repercusiones en los mercados energéticos y la seguridad marítima, lo que subraya la urgencia de encontrar vías de desescalada antes de que la confrontación adopte un carácter aún más destructivo.
