La decisión de Washington de apartar a los kurdos cambió la dinámica del conflicto en Irán y expone presiones regionales y contradicciones en la política exterior estadounidense

En el contexto de la tregua de 15 días que puso una pausa temporal en las hostilidades con Irán, han salido a la luz pormenores de una táctica que no llegó a implementarse. Según reportes publicados el 09/04/2026, una de las alternativas barajadas por la administración estadounidense contemplaba la colaboración encubierta de la CIA y del Mossad con fuerzas kurdas iraníes.
Ese movimiento hubiera intentado aprovechar a una minoría que, según las estimaciones citadas, representa alrededor del 10% de una población iraní de cerca de 90 millones.
La idea de apoyar a grupos armados kurdos —una etnia que aspira a mayor autonomía, como lograron sectores kurdos en Irak— quedó finalmente relegada.
En declaraciones recogidas por agencias, el presidente afirmó a bordo del Air Force One que «ya no cuenta con ellos», lo que marca un giro respecto a mensajes anteriores. En la práctica, esa renuncia se tradujo en órdenes confusas según líderes kurdos exiliados en la región autónoma iraquí, que dijeron no tener instrucciones claras para actuar contra las fuerzas de Teherán.
El plan que no se desplegó
Los elementos consultados explican que la vía propuesta implicaba apoyo logístico y de inteligencia a milicias kurdas iraníes coordinadas con servicios extranjeros. La intención era desestabilizar capacidades de Irán desde el interior mediante aliados locales, sin intervención masiva. No obstante, factores políticos y operativos llevaron a abandonar ese enfoque. El presidente estadounidense, que había mostrado inicialmente interés —llegando a decir que «contar con los kurdos sería maravilloso»—, terminó acusando a sus mandos de apropiarse de armas destinadas a civiles levantados contra el régimen. Ese choque dio paso a una ruptura pública entre la Casa Blanca y los líderes kurdos.
Quiénes son los actores kurdos
Los kurdos son una comunidad con idioma y costumbres propias presente en Turquía, Irak, Irán y Siria. En Irán, sus movimientos más activos han buscado mayor autonomía política y en algunos casos la independencia. Desde territorios kurdos en Irak, dirigentes refugiados señalan que las instrucciones para una posible operación no estaban claras y que la coordinación internacional prometida nunca se consolidó. Esos responsables también acusan de mala gestión la redistribución de armamento, una queja que precipitó el distanciamiento con Washington.
Presiones regionales y motivos del repliegue
Uno de los factores decisivos en la retirada del plan fue la oposición de Turquía, aliado de Estados Unidos en la OTAN y con un historial de confrontación con fuerzas kurdas en su propio territorio. La posibilidad de armar o respaldar a kurdos iraníes despertó recelos en Ankara, que considera a ciertos grupos kurdos una amenaza para su seguridad interna. A esto se sumaron cálculos estratégicos de la Casa Blanca: para la administración, los kurdos pueden percibirse como una minoría étnica centrada en su independencia, no necesariamente comprometida con el futuro del conjunto de Irán, lo que complicó la viabilidad política de una alianza.
El contexto más amplio
La decisión no se produce en el vacío: en enero, durante protestas masivas contra el régimen teocrático, el propio presidente aseguró que «la ayuda está en camino», un mensaje que luego fue matizado. La respuesta del régimen iraní a esas revueltas fue dura y dejó, según informes, miles de muertos y decenas de miles de presos políticos, lo que endureció el panorama y aumentó los riesgos de cualquier apoyo externo mal gestionado. La guerra que se lanzó posteriormente en alianza con Israel terminó por redefinir prioridades y alianzas sobre el terreno.
Consecuencias y perspectivas
El abandono del plan kurdo tiene efectos múltiples: por un lado, reduce una opción asimétrica para presionar a Teherán; por otro, alimenta desconfianzas entre Washington y grupos que esperaban respaldo. Además, abre interrogantes sobre la coherencia de la estrategia estadounidense en la región, especialmente frente a aliados como Turquía e Israel que tienen sus propias agendas. La tensión aumentó la complejidad de consolidar la tregua de 15 días y dejó claro que cualquier acción futura dependerá de equilibrios diplomáticos delicados.
Lectura final
Según los informes publicados el 09/04/2026, lo sucedido ilustra cómo decisiones estratégicas que se negocian en despachos y aviones presidenciales pueden chocar con realidades locales y presiones de aliados. El caso de los kurdos iraníes muestra, además, que la promesa de apoyo no siempre se traduce en capacidad de ejecución cuando confluyen intereses contrapuestos. En el mediano plazo, la situación seguirá siendo un termómetro de las relaciones entre Estados Unidos, las fuerzas kurdas y los actores regionales como Turquía e Israel.
