Feijóo ha impulsado desde Génova nuevas herramientas de coordinación con los barones y los grupos parlamentarios para evitar sorpresas en las negociaciones y preparar las próximas elecciones

La dirección del Partido Popular, bajo el liderazgo de Alberto Núñez Feijóo, ha introducido en los últimos meses una batería de medidas para fortalecer la coordinación interna y el control sobre los territorios donde gobierna el partido. Tras su llegada al mando en 2026, el partido pasó de una estructura jerárquica centralizada a un modelo en el que los presidentes autonómicos adquirieron mayor protagonismo, lo que algunos calificaron como un partido de barones.
Esa transformación que fue útil en lo electoral ha generado, con el tiempo, tensiones y lecciones que ahora la dirección quiere corregir.
La decisión de reforzar la presencia de la cúpula nacional responde tanto a errores pasados como a la necesidad de presentar una alternativa sólida al Gobierno central antes de los comicios.
Un ejemplo que marcó un punto de inflexión fue el pacto regional firmado por Carlos Mazón en junio de 2026, que contradijo la orden de Génova de esperar a las generales del 23 de julio y acabó contribuyendo a una alternativa parlamentaria que impidió a Feijóo llegar a Moncloa por apenas cuatro votos. Ese episodio ha activado una revisión de mecanismos para evitar descoordinaciones que puedan decidir gobiernos.
Reforzar la dirección: objetivos y herramientas
La estrategia de la dirección nacional combina presencia institucional, canales de coordinación y documentos de obligado cumplimiento. En la práctica, Génova ha programado una ronda de encuentros con los equipos de gobierno autonómicos —empezando por un desayuno de trabajo con el Ejecutivo de la Comunidad de Madrid, encabezado por Isabel Díaz Ayuso— para fijar prioridades regionales y articularlas con la agenda nacional. Además de buscar visibilidad, estos gestos pretenden homogeneizar mensajes y evitar que decisiones territoriales desajusten la estrategia del partido en el Congreso y en la opinión pública.
Reuniones periódicas y coordinación parlamentaria
Junto a los actos públicos, Génova ha activado reuniones internas con múltiples objetivos tácticos. Se han creado encuentros semanales liderados por el secretario general, Miguel Tellado, que complementan el tradicional comité de dirección. En esas citas participan los portavoces en Congreso, Senado y Parlamento Europeo, así como los secretarios generales de los grupos, con el propósito de sincronizar iniciativas legislativas y la acción parlamentaria. Esta fórmula busca convertir un poder blando en una coordinación operativa que reduzca fisuras entre sedes regionales y nacional.
Supervisión en las negociaciones con Vox
La intervención de Génova en las conversaciones autonómicas con Vox ha sido otro eje del cambio. La dirección decidió implicarse directamente en mesas de negociación en Extremadura, Aragón y Castilla y León para evitar acuerdos improvisados o que puedan desencadenar elecciones anticipadas. Acompañando a los líderes territoriales, la dirección envió a personas de máxima confianza, entre ellas la directora de gabinete Marta Varela, para garantizar que los pactos sigan unas líneas acordadas y bajo supervisión.
Documento marco y límites
Como complemento, Génova ha elaborado un documento marco que establece las líneas de juego en las negociaciones con Vox para determinados territorios: un marco de referencia de cumplimiento obligatorio para dirigentes como María Guardiola, Jorge Azcón y Alfonso Fernández Mañueco. La justificación oficial es preservar la estabilidad de gobiernos autonómicos ante el riesgo de repetición electoral, pero también busca delimitar competencias negociadoras y evitar que impulsos locales condicionen la estrategia nacional del PP.
Tensiones internas y respuestas externas
El aumento del control ha provocado reacciones: la formación de Santiago Abascal y sectores ultras han respondido con ataques y comunicados que cuestionan a la dirección nacional. La misiva firmada por Ignacio Garriga es interpretada internamente como una contrarrespuesta a la supervisión más estricta. En paralelo, desde dentro del PP se insiste en que el equipo de Feijóo actúa como un hermano mayor que acompaña, pero no sustituye, a los barones territoriales, aunque la práctica demuestra una supervisión más intensa que la exhibida hasta ahora.
El reto para la dirección es doble: garantizar uniformidad estratégica sin desactivar el empuje regional que llevó al PP a recuperar numerosas comunidades, y evitar que la centralización se interprete como desconfianza o intervenccionismo. Con las elecciones generales en el horizonte, Génova apela a la coordinación para no repetir errores que privaron a su líder de la jefatura del Ejecutivo en el pasado. El éxito de este nuevo enfoque dependerá de la capacidad de conciliar control y autonomía en un partido donde barones y sede central deben trabajar con prioridad compartida.
