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Crisis en la Berlinale: críticas por la postura frente a la guerra en Gaza

La Berlinale se convirtió en un foro de tensión: jurado, invitados y figuras del cine debaten si el arte puede —o debe— mantenerse al margen de la política en medio de la guerra en Gaza

La Berlinale se ha visto envuelta en una polémica que ha transcendido la programación cinematográfica: la pregunta sobre si el festival debía tomar una postura explícita sobre la guerra en Gaza se convirtió en el tema central de las conversaciones.

Un momento clave fue la rueda de prensa del jurado internacional, presidido por Wim Wenders, en la que surgieron respuestas que algunos interpretaron como desvinculadas de la política. Poco después se produjo una interrupción en la retransmisión en línea que alimentó especulaciones y agravó la tensión mediática.

Frente a la reacción pública, la organización ofreció explicaciones y defensas oficiales, pero la controversia ya había prendido entre artistas y profesionales del cine.

Declaraciones que encendieron el debate

En la comparecencia, Wenders afirmó que las películas pueden cambiar el mundo pero no directamente a través de la política, una formulación que provocó fuertes reacciones. Otra miembro del jurado, Ewa Puszczyńska, defendió la complejidad del tema y rechazó la idea de reducir la conversación a una respuesta simple sobre apoyos estatales. Mientras tanto, voces críticas señalaron que la Berlinale tiene una tradición de posicionarse ante crisis globales, como su apoyo simbólico a Ucrania o la concesión de premios a documentales centrados en violaciones de derechos humanos, por ejemplo el galardonado No Other Land en 2026, que trataba sobre la situación en territorios palestinos ocupados.

Reacciones en la industria y salidas públicas

La réplica artística no tardó: más de ochenta profesionales del cine firmaron una carta pública en la que reprocharon a la Berlinale su «silencio institucional» respecto a lo que describieron como una campaña de violencia en Gaza. Entre los firmantes se encontraban figuras como Javier Bardem y Tilda Swinton, quienes criticaron la idea de separar el cine de las luchas políticas. La escritora Arundhati Roy anunció que cancelaba su participación en la sección de clásicos, argumentando que escuchar que el arte “no debe ser político” le resultaba indignante y preocupante, en tanto que otros artistas optaron por evitar o responder con cautela a preguntas sobre la crisis.

El papel de las celebridades y sus respuestas

Entre los invitados que recibieron preguntas incómodas estuvieron Michelle Yeoh y Neil Patrick Harris, criticados por algunos usuarios por esquivar cuestiones sobre redadas migratorias y el auge de la extrema derecha. Por contraste, Ethan Hawke expuso una postura más explícita: defendió que el cine contribuye a modelar sueños colectivos y consideró necesario hablar contra el fascismo. Estas divergencias ilustran la tensión entre la expectativa pública de posicionamiento y la autonomía que muchos artistas reivindican para elegir sus momentos y formas de expresión.

La respuesta oficial del festival

La dirección de la Berlinale, a través de su responsable Tricia Tuttle, replicó que el festival garantiza la libertad de expresión y recordó que la programación incluye decenas de películas que abordan temas como genocidio, violencia sexual en conflictos, corrupción, violencia patriarcal y poder estatal. Tuttle señaló que exigir a cada participante que haga declaraciones sobre todos los asuntos políticos no es realista ni justo. La organización también explicó que la interrupción del streaming se debió a problemas técnicos y ofreció disculpas por la confusión generada durante la rueda de prensa.

Consecuencias y preguntas abiertas

La disputa plantea interrogantes sobre la función de los festivales financiados por estados cuando se les pide posicionarse en conflictos geopolíticos que involucran a esos mismos gobiernos. Los firmantes de la carta reclamaron un pronunciamiento claro que, en su opinión, implicaría denunciar lo que llaman crímenes y negarse a facilitar el encubrimiento institucional. Por su parte, defensores de la neutralidad artística advierten que forzar intervenciones públicas puede convertir a creadores en blancos políticos cuando su labor principal es otra.

El debate en torno a la Berlinale ilustra una tensión más amplia: ¿debe el arte permanecer como refugio estético o asumir un papel activo en la denuncia y la movilización? En medio de esas preguntas, el festival continuó su programación y recibió críticas tanto por percibirse como tibio frente a demandas morales, como por supuestamente presionar a artistas para adoptar posturas. La Berlinale cerró sus actividades programadas el domingo 22 de febrero de 2026, dejando tras de sí una discusión que promete prolongarse en la industria cultural.


Contacto:
Francesca Neri

Formación académica de excelencia en innovación y management, hoy analista de las tendencias que moldearán los próximos años. Predijo el ascenso de tecnologías cuando otros aún las ignoraban. El futuro no se adivina, se estudia.