Un proyecto promovido por la AMPA y respaldado por el consejo escolar plantea renombrar el centro para conectar con la toponimia local; exalumnos muestran su rechazo y el pleno municipal debe decidir

En Santiago de Compostela se ha abierto un diálogo intenso sobre la denominación de un centro educativo público: el CEIP Apóstol Santiago. La propuesta consiste en adoptar el nombre CEIP da Almáciga, que remite al barrio donde se ubica la escuela.
Lo que comenzó como una iniciativa de la AMPA ha escalado hasta convertirse en una cuestión de identidad y memoria colectiva, con repercusiones en el plano municipal y en la opinión de antiguos alumnos.
El proceso contó con debates internos y asambleas; en una de ellas participaron 39 personas y la mayoría de las familias mostraron su apoyo.
El centro escolar acoge a 203 alumnos de educación infantil y primaria, según los datos incorporados al expediente. Ahora la propuesta aguarda una votación en el pleno del ayuntamiento y, posteriormente, la tramitación ante la Consellería de Educación.
Origen y argumentos de la propuesta
La iniciativa parte de la AMPA del centro y cuenta con el respaldo de la dirección escolar. Entre las razones aportadas figura la intención de reforzar la identidad territorial y facilitar proyectos pedagógicos que integren la historia del barrio. La elección de Almáciga —una toponimia con raíces históricas en la ciudad— se presenta como una manera de visibilizar el patrimonio local y de ofrecer a las familias y al alumnado un referente más cercano.
Otros argumentos prácticos señalan que en la ciudad existen múltiples instituciones con nombres relacionados con el Apóstol, lo que genera confusión en las comunicaciones. Además, la propuesta incluye la intención de dignificar un barrio que, según parte de la comunidad, arrastra cierto estigma social y necesita mayor reconocimiento institucional y simbólico.
Reacciones y posiciones encontradas
La iniciativa no ha quedado exenta de críticas. Un grupo de exalumnos del centro ha expresado su rechazo público al cambio de denominación, argumentando que el nombre original forma parte de una tradición y una memoria colectiva vinculada a la ciudad. Estos exalumnos han planteado su desacuerdo en distintos foros y generan un contrapunto que convierte el asunto en un debate más amplio sobre patrimonio y recuerdo.
Por su parte, la dirección del colegio y el Consejo Escolar respaldaron la propuesta con entusiasmo: el órgano colegiado votó por unanimidad a favor del cambio, según consta en el expediente. La postura institucional subraya que la nueva denominación carece de connotaciones ideológicas y que puede facilitar la cohesión de la comunidad educativa en torno a proyectos que incorporen la lengua y la historia local.
Apoyo municipal y trámite administrativo
La decisión definitiva depende de una votación en el pleno del Ayuntamiento de Santiago de Compostela. La concejalía de Educación ha mostrado apertura hacia la iniciativa, pero la resolución deberá cursarse a la Consellería de Educación, que tiene la última palabra en la materia. El proceso administrativo implicará evaluar alegaciones y comprobar que el cambio cumple con la normativa vigente sobre denominaciones de centros públicos.
Opinión pública y repercusión local
En el ámbito social, el debate ha motivado conversaciones sobre cómo los nombres de instituciones reflejan historias colectivas y jerarquías simbólicas. Algunos sectores ven en el cambio una oportunidad pedagógica y de mejora de la convivencia; otros lo interpretan como una pérdida de un vínculo con la tradición compostelana. En este sentido, el asunto ha servido para poner sobre la mesa preguntas sobre memoria, pertenencia y la relación entre topónimos y estigma urbano.
Posibles implicaciones educativas y culturales
Si el cambio prospera, se prevé la creación de iniciativas educativas que integren la nueva denominación en el currículo: proyectos sobre la historia del barrio, actividades en gallego que recuperen toponimia local, y colaboraciones con asociaciones vecinales. Desde la perspectiva institucional, el nombre CEIP da Almáciga podría facilitar programas que vinculen la escuela con su entorno inmediato y que fomenten el sentimiento de pertenencia entre el alumnado.
En contraste, la oposición de exalumnos plantea retos en materia de comunicación: habrá que gestionar la coexistencia de recuerdos personales y cambios institucionales, y diseñar estrategias para que la comunidad vea en la nueva denominación una oportunidad y no una ruptura con su pasado. Sea cual sea el desenlace, el proceso es un ejemplo de cómo un nombre puede detonar reflexiones profundas sobre identidad y espacio urbano.
Conclusión
El debate sobre el futuro nombre del centro ha trascendido la esfera administrativa y se ha convertido en un espejo de las tensiones entre tradición y renovación. Con 203 alumnos implicados y la intervención de actores como la AMPA, el Consejo Escolar y exalumnos, la decisión final en el pleno municipal y la resolución de la Consellería de Educación marcarán el rumbo de este proceso. Más allá del rótulo, subyace la voluntad de definir qué memoria se reconoce y qué identidad se desea promover en ese rincón de Compostela.
