Javier Cercas aplaude la decisión de desclasificar los archivos del 23-F, subraya que la verdad esencial ya se conoce y reclama a periodistas y políticos dejar de alimentar bulos

La decisión del Gobierno de sacar a la luz los documentos relacionados con el intento de golpe del 23-F ha puesto de nuevo a la figura de Javier Cercas en el centro del debate público. El autor, cuya obra Anatomía de un instante volvió a situar ese episodio en la agenda cultural, valoró la medida como un servicio a la democracia aunque advirtió que no debe esperarse un hallazgo revolucionario.
Para Cercas, la apertura de archivos servirá, sobre todo, para reducir los espacios que utilizan quienes alimentan teorías falsas.
En declaraciones recientes en Barcelona, el escritor insistió en que la historia esencial del 23-F ya está establecida en la investigación y en la bibliografía disponible.
No obstante, defendió que la desclasificación cumple una función pedagógica y simbólica: ofrecer fuentes oficiales que contrarresten el negocio de la mentira y doten a la ciudadanía de materiales primarios para el análisis crítico.
Qué aporta la desclasificación y qué no
Según Cercas, los documentos que se harán públicos no van a transformar la interpretación dominante sobre los hechos de 1981. Lo que sí aportarán será material de contexto: actas, comunicaciones y piezas administrativas que aparecerán como anécdotas o matices, pero no como claves secretas que alteren el relato conocido. El autor subraya que, ante la ausencia de novedades trascendentes, el valor real de la medida reside en reducir el margen de maniobra de los bulos y en facilitar el acceso de historiadores y ciudadanos a fuentes primarias.
Además, Cercas puntualiza que algunos aspectos de la trama militar, como la actuación de determinadas capitanías generales, han recibido escasa atención investigadora por falta de documentación. La aparición de papeles podría arrojar luz sobre episodios secundarios, aunque no sobre un supuesto enigma central. En ese sentido, los nuevos archivos serán útiles para los estudios de fondo, no para alimentar sensacionalismos.
El negocio de la mentira y la responsabilidad profesional
Una idea recurrente en las intervenciones públicas de Cercas es que el 23-F se ha convertido en un negocio para ciertos sectores mediáticos y políticos. Cuando habla de bulos, el escritor apunta a quienes deliberadamente fabrican incertidumbres porque esa controversia genera atención y rédito. Por eso reclama a los periodistas una actitud de mayor rigidez ética: verificar fuentes, contextualizar y resistir la tentación de presentar cualquier hallazgo como la pieza que resuelve el rompecabezas.
Periodismo serio frente a sensacionalismo
Para Cercas, «un buen periodista es lo mejor que le puede ocurrir a una sociedad; uno malo, lo peor». En su diagnóstico, el periodismo responsable actúa como filtro contra las teorías conspirativas y contribuye a que la democracia no sea rehén de narrativas inventadas. La desclasificación es, a su entender, una herramienta más que los medios deben utilizar con mesura para frenar la circulación de mentiras que, según él, «hacen esclavos».
El papel del rey emérito y la lectura histórica del episodio
En relación con la figura de Juan Carlos I, Cercas mantiene una postura matizada: reconoce errores de la monarquía y de la clase política que, en su conjunto, facilitaron el ambiente en que se produjo el golpe, pero también afirma que el rey fue quien, en última instancia, detuvo la insurrección al ser el mando reconocido por las fuerzas armadas. Esta doble mirada —crítica sobre las causas y reconocimiento sobre la actuación decisiva— fue ya explícita en su libro y vuelve a aparecer en sus comentarios públicos, donde lamenta los extremos del elogio acrítico y del linchamiento mediático.
El autor subraya que su juicio no pretende reescribir la historia sino reivindicar una lectura equilibrada: entender responsabilidades sin caer en mitos ni en negacionismos. La desclasificación, insiste, puede ayudar a afinar esa lectura al facilitar el acceso a documentos que permitan a historiadores y al público confrontar narrativas y distinguir hechos de especulaciones.
Implicaciones para la memoria democrática
Más allá del impacto inmediato, Cercas considera que abrir los archivos tiene una dimensión simbólica para la memoria colectiva. En su opinión, la transparencia contribuye a consolidar la confianza en las instituciones cuando se ejerce con seriedad. Aunque no se espere que los papeles resuelvan todos los debates, sí pueden convertirse en herramientas de educación cívica que ayuden a desmontar teorías de la conspiración y a fortalecer una memoria pública basada en fuentes verificables.
Al cerrar sus intervenciones, el escritor insiste en que la polémica no debe sustituir al trabajo riguroso: la historia se construye con documentos, contraste y debate informado. La apertura de los archivos del 23-F es, para él, una oportunidad para que esos elementos estén al alcance y para que, poco a poco, el negocio de las mentiras pierda terreno frente a la evidencia documental.
