en una noche de giros y caídas, la emergente Gaon Choi recuperó su carrera y se coronó campeona, mientras Chloe Kim aseguró la plata pese a su hombro lesionado

La final femenina de halfpipe en Milano Cortina dejó una de esas historias que difícilmente se olvidan: la surcoreana Gaon Choi, con apenas 17 años y 101 días, sorprendió al llevarse el oro y cortar el intento de Chloe Kim por convertirse en tricampeona olímpica.
La jornada, disputada bajo nieve y la presión típica de unos Juegos, estuvo salpicada de caídas, decisiones tácticas y una última ronda en la que todo se decidió por detalles técnicos y por el orden de salida.
Desde el primer descenso se percibieron altibajos.
Choi arrancó con un fallido cab 1080 en la primera pasada, rozando el lip y perdiendo el control; en la segunda volvió a caer tras un aterrizaje bajo en la rotación inicial. Sin embargo, su tercera bajada fue otra historia: una ejecución limpia, amplia y con rotaciones bien conectadas que convencieron a los jueces y le valieron la puntuación más alta del día. Fue una remontada pura —riesgo medido y precisión cuando más importaba.
Kim, que compitió con el hombro izquierdo vendado y una lesión en el labrum, buscó el último intento para recuperar el liderato. Pese a su valentía y a un palmarés que incluye títulos mundiales, victorias en la Copa del Mundo y éxitos en los X Games, no alcanzó la perfección necesaria y se tuvo que conformar con la plata. Su actuación fue un recordatorio de hasta dónde puede llevarte la experiencia, aunque el cuerpo tenga límites.
Los jueces priorizaron tres factores: dificultad, ejecución y amplitud. Choi arriesgó con maniobras complejas y las enlazó con fluidez, lo que elevó su nota aun después de los tropiezos iniciales. En la práctica competitiva se premia el equilibrio entre riesgo y limpieza: una maniobra sobredemandante puede sumar puntos por técnica, pero se penaliza con fuerza un aterrizaje inseguro o una línea inconexa.
Desde el punto de vista médico y de gestión del equipo, competir con una lesión exige decisiones difíciles. El staff de Kim optó por soportes externos para estabilizar la articulación y minimizar el dolor, además de la documentación necesaria que avale la aptitud para competir. Ese tipo de medidas buscan proteger la salud inmediata del/la deportista, aunque casi siempre implican limitar el repertorio técnico y aceptar más probabilidad de fallos.
El podio redondeó la sensación de cambio generacional: Choi, la campeona olímpica más joven del snowboard, marcó un hito como la primera mujer surcoreana en ganar oro en esta disciplina. Detrás quedó Chloe Kim y el bronce fue para una representante japonesa, en una final donde varias atletas asiáticas se colocaron en la cima, reflejando la profundidad y el crecimiento del circuito femenino.
Gaon Choi no es una aparición aislada: viene acumulando victorias en categorías juveniles y recibió mentoría en centros de entrenamiento internacionales. Su progresión habla de programas que detectan talento y lo llevan rápido a la élite. Por su parte, Kim sigue siendo un referente por su trayectoria y mentalidad competitiva, aun cuando las circunstancias físicas le jugaron en contra.
Más allá del podio, la final dejó una sensación vibrante: el halfpipe femenino sube la dificultad técnica y se renueva con jóvenes que desafían expectativas. La combinación de nervio, técnica y gestión del riesgo definió una jornada memorable, que a muchos les recordó que en el deporte olímpico los títulos se ganan por fracciones de segundo, por la precisión de un giro y por la capacidad de volver a levantarse justo cuando el reloj y las miradas más aprietan.
