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Por qué el bitcoin pierde terreno frente al oro y la influencia política en el mercado cripto

una mirada detallada a por qué el bitcoin no ha devenido en el nuevo oro, cómo las decisiones políticas han moldeado el ecosistema cripto y qué riesgos sostienen la reciente caída

¿Puede el bitcoin convertirse en el nuevo oro?

En los últimos meses el debate sobre si bitcoin puede comportarse como el nuevo oro ha ganado intensidad. El metal amarillo acumula subidas cercanas al 15% en el año, según registros de mercado, mientras las criptomonedas atraviesan una fuerte corrección.

¿Por qué divergen ambos activos y qué implica para inversores y reguladores?

Los datos muestran una caída pronunciada en el criptoespacio. Desde los máximos de octubre, el precio del bitcoin retrocedió casi un 50% y el valor agregado del ecosistema perdió cerca de 2 billones de dólares, según CoinGecko.

Este movimiento contrasta con la estabilidad relativa de otros activos y obliga a reexaminar supuestos sobre escasez, demanda y marco regulatorio.

Desde una perspectiva ESG, la discusión añade una capa práctica: más allá del debate teórico, las empresas líderes han entendido que la gobernanza y la transparencia del mercado condicionan su atractivo como reserva de valor. La sostenibilidad es un caso de negocio incluso para activos digitales, por su impacto en costes energéticos y reputación.

Cómo influyen la macroeconomía y el comportamiento del inversor

Desde una perspectiva ESG, la relación entre política monetaria y activos digitales es más compleja de lo que parece. Los flujos macroeconómicos, el apalancamiento y los fondos cotizados marcan la dirección del mercado. ¿Por qué importa esto para usted como inversor? Porque no basta con mirar el halving o el sentimiento cripto: la liquidez global y la estructura de derivados condicionan las subidas y las caídas.

Javier Molina, analista de eToro, subraya que el mercado de derivados puede superar por diez veces al spot y así amplificar la volatilidad. Desde una perspectiva práctica, eso convierte a bitcoin en un activo de riesgo ligado a tecnología y a productos financieros sofisticados. Las empresas líderes han entendido que ajustar exposición y gestionar riesgos derivados es esencial para proteger el balance.

La sostenibilidad es un caso de negocio también aquí: los responsables de carteras consideran costes energéticos, reputación y transición hacia prácticas más limpias al evaluar minería y custodia. ¿Qué sigue? Los analistas señalan que la próxima fase dependerá de la normalización de los mercados de derivados y de la liquidez global; esos serán los catalizadores clave en 2026.

Intervención política y capitales vinculados a figuras públicas

Durante los mandatos y campañas electorales recientes, la acción pública sobre activos digitales ha tomado protagonismo. Legisladores propusieron normas para dar mayor seguridad jurídica a las stablecoins y regular exchanges y custodios. Al mismo tiempo, figuras públicas y sus entornos han protagonizado movimientos financieros en criptomercados que alimentaron debates sobre transparencia y conflicto de intereses.

¿Qué impacto tiene esto en los mercados? La presencia de capitales asociados a personajes públicos crea incertidumbre adicional. Operaciones de alto volumen o anuncios vinculados a personas con influencia política suelen amplificar la volatilidad y alterar flujos de liquidez en periodos cortos.

Desde una perspectiva ESG, la cuestión no es solo ética sino material para la valoración de riesgos. La exposición reputacional y la potencial intervención regulatoria aumentan el costo de capital de proyectos vinculados. La sostenibilidad es un caso de negocio: inversores y contrapartes exigen gobernanza más robusta cuando hay mezcla entre esfera pública y privada.

¿Cómo responderán las empresas? Las compañías que operan con activos digitales están fortaleciendo controles de compliance, políticas de divulgación y límites a transacciones con partes vinculadas. Las empresas líderes han entendido que transparencia y auditorías independientes son la mejor defensa frente a sanciones y pérdida de confianza.

Ejemplos prácticos ya visibles: algunos emisores independientes de stablecoins ampliaron requisitos de reserva y auditoría trimestral. Gestores de activos y exchanges reforzaron procesos KYC/AML y divulgación de beneficiarios reales. Estas medidas buscan reducir el riesgo sistémico y recuperar certidumbre en los mercados.

El próximo hito será la implementación efectiva de normas y su supervisión en 2026: la normalización de mercados de derivados y la mejora de la liquidez global determinarán si las medidas de transparencia logran mitigar la influencia de capitales ligados a figuras públicas.

Implicaciones del activismo político

Trasladando la narrativa al terreno práctico, proyectos como una meme coin vinculada a la familia Trump, recaudaciones en eventos privados y la conversión de activos corporativos hacia bitcoin o stablecoins alimentan dudas sobre la monetización del auge cripto. Bloomberg estimó una fortuna familiar relacionada con cripto cercana a los 6.800 millones de dólares, con 1.400 millones atribuidos al segundo mandato, según informes públicos citados.

Cuando una figura pública combina decisiones regulatorias y proyectos comerciales en el mismo ecosistema, la incertidumbre crece. Las políticas pueden impulsar la adopción formal de productos tokenizados. Pero también abren la puerta a escándalos, movimientos especulativos y riesgos reputacionales que moldean la percepción del inversor institucional y minorista. ¿Cómo se protege al inversor y se preserva la integridad del mercado?

Desde una perspectiva ESG, la respuesta pasa por transparencia y controles independientes. La sostenibilidad es un caso de negocio: divulgaciones estandarizadas, auditorías externas y trazabilidad de flujos de capital reducen el riesgo reputacional y financiero. Las empresas líderes han entendido que incorporar prácticas como evaluación de ciclo de vida y informes alineados con estándares tipo SASB o GRI no es solo ética, sino ventaja competitiva.

En la práctica, los pasos concretos incluyen políticas de conflicto de interés claras, reportes públicos sobre tenencias y transacciones, y mecanismos de gobernanza que separen la labor pública de intereses comerciales. Solo así podrá cuantificarse el impacto real de esos capitales en la estabilidad del mercado. Se esperan nuevos informes y auditorías que aporten datos más precisos sobre la magnitud de esos vínculos y su efecto en la confianza inversora.

Riesgos estructurales y cripto: delitos que tensionan la recuperación

Tras los señalamientos sobre vínculos políticos y financieros, el sector enfrenta ahora problemas operativos y de seguridad que complican la recuperación. Chainalysis documenta un aumento notable de flujos ilícitos hacia plataformas cripto. En 2026, las plataformas ilícitas recibieron al menos 154.000 millones de dólares, un 155% más que en 2025.

Los robos y las estafas registraron niveles récord. Un único incidente, atribuido a Corea del Norte y dirigido contra Bybit, ocasionó pérdidas estimadas en 1.500 millones de dólares. ¿Qué implicaciones tiene esto para la confianza de inversores y usuarios? La respuesta afecta a reguladores, custodios y emisores por igual.

Desde una perspectiva ESG, estos eventos elevan el riesgo reputacional y operativo. La sostenibilidad es un caso de negocio que no se limita a reducción de emisiones: incluye gobernanza, seguridad y trazabilidad de activos. Las empresas líderes han entendido que integrar controles forenses y estándares de reporte reduce exposición y mejora la capacidad de atraer capital institucional.

En la práctica, la hoja de ruta exige auditorías forenses periódicas, mayor transparencia en onboarding de clientes y cooperación internacional en sanciones y congelamiento de activos. ¿Cómo se implementa esto sin asfixiar la innovación? Medidas escalonadas y estándares comunes, según expertos, pueden conciliar ambos objetivos. Se esperan nuevos informes y auditorías que aporten datos más precisos sobre la magnitud de esos vínculos y su efecto en la confianza inversora.

Alertas de expertos y escenarios extremos

Analistas como Nouriel Roubini y Michael Burry han lanzado advertencias sobre desplomes severos. Roubini cuestiona la naturaleza monetaria y funcional de las criptomonedas. Burry describe posibles «espirales» que afectarían a la minería y provocarían contagios en mercados vinculados.

Otros gestores plantean que caídas del 80–90% no son descartables. Su argumento se basa en la alta dependencia de liquidez y en la intensa especulación que caracteriza a estos activos. ¿Se trata de ajustes esperables o de riesgos que pueden desencadenar un colapso mayor?

¿Corrección temporal o inicio de un invierno prolongado?

La respuesta varía según el horizonte temporal y los supuestos de cada analista. La historia registra periodos de contracción seguidos de recuperaciones. Para los defensores, esos movimientos forman parte de ciclos naturales en un mercado aún inmaduro. Para los escépticos, persisten debilidades de fondo y riesgos estructurales que podrían alargar el estancamiento.

Desde una perspectiva ESG, aparecen tensiones claras: el impacto energético de la minería y la falta de transparencia en cadenas de suministro financieros plantean interrogantes de sostenibilidad. La sostenibilidad es un caso de negocio; los operadores que integren criterios ESG podrían reducir riesgos y atraer capital más estable.

Implicaciones prácticas y señales a vigilar

Las empresas líderes han entendido que gestionar liquidez y gobernanza disminuye la probabilidad de contagios. En la práctica, eso implica mayor transparencia en flujos de fondos, auditorías independientes y medidas para mitigar el riesgo operativo en centros de minería.

Los inversores deben observar indicadores concretos: niveles de liquidez en exchanges, tasas de hash y concentración de poder minero, así como auditorías sobre reservas y custodia. ¿Qué señales confirmarían que la corrección ha terminado? Un incremento sostenido de liquidez de calidad y auditorías públicas que acrediten solvencia operativa.

Se esperan nuevos informes y auditorías que aporten datos más precisos sobre la magnitud de los vínculos y su efecto en la confianza inversora. En los próximos meses, esos documentos serán determinantes para calibrar si el mercado entra en una recuperación ordenada o en un periodo de ajuste más profundo.

La comparación entre oro y bitcoin no se resuelve solo por la escasez. Importan también la estructura de mercado, el apalancamiento financiero, la conducta política y la seguridad operativa. Esas variables determinan la resiliencia de cada activo ante crisis y tensiones regulatorias.

Desde una perspectiva ESG, el debate añade otra capa. La huella energética y la trazabilidad de bitcoin contrastan con la larga cadena extractiva del oro. La sostenibilidad es un caso de negocio: los inversores institucionales ya incorporan esos criterios al valorar riesgos y costos reputacionales.

Las empresas líderes han entendido que no basta con la narrativa de refugio. Se evalúan liquidez disponible, mecanismos de custodia, seguros y exposiciones indirectas (scope 1-3). ¿Puede un activo digital asumir funciones de valor refugio sin soluciones claras sobre gobernanza y seguridad?

La respuesta dependerá de decisiones prácticas: normas sobre custodia, estándares de auditoría, y mejoras tecnológicas que reduzcan la intensidad energética. La implementación concreta, más que la retórica, marcará si bitcoin se aproxima al papel defensivo del oro.

En las próximas fases del mercado, los informes regulatorios y los cambios en la financiación institucional serán determinantes. Se espera que dichas señales orienten la asignación de capital y la percepción de riesgo en los próximos trimestres.


Contacto:
Chiara Ferrari

Ha gestionado estrategias de sostenibilidad para multinacionales con facturaciones de nueve cifras. Sabe distinguir el greenwashing real de las empresas que realmente lo intentan - porque ha visto ambos desde dentro. Los números importan más que los eslóganes.