Estados Unidos autoriza de forma limitada la compra de petróleo ruso embarcado, una medida que estabiliza precios a corto plazo y dispara preguntas sobre su impacto en las sanciones y la seguridad europea

El 13 de marzo de 2026, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos anunció una autorización temporal para que países compren crudo ruso que ya esté cargado en buques en alta mar, con el objetivo declarado de contener la reciente escalada de precios provocada por el cierre del estrecho de Ormuz.
La medida, que se limita a envíos cargados hasta el 12 de marzo y es válida hasta el 11 de abril, extiende de modo global una excepción previamente concedida por 30 días a la India. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, sostuvo que se trata de una medida de alcance corto que «no proporcionará un beneficio financiero significativo al gobierno ruso».
En la práctica, sin embargo, analistas y think tanks detectan efectos distintos a los anunciados. El centro Centre for Research on Energy and Clean Air (CREA) estimó que Rusia está ingresando alrededor de 510 millones de euros diarios extra en marzo por sus ventas de hidrocarburos, una cifra que en dólares ronda los 588 millones. Si la tendencia persiste, Moscú podría disponer de casi 6.000 millones de euros adicionales para gasto público y militar respecto a meses previos; un respiro inesperado para una economía marcada por sanciones y activos congelados tras la invasión de Ucrania.
Alcance y límites de la autorización americana
La disposición estadounidense incorpora varias restricciones: aplica únicamente a petróleo ya cargado a fecha de 12 de marzo y expira el 11 de abril, por lo que su impacto inmediato en la oferta global es finito. Expertos de mercado recuerdan que, entre 125 y 150 millones de barriles de crudo ruso en tránsito, una fracción importante permanece próxima a China y puede acabar en almacenamiento, mientras que otra parte se dirige a India. En opinión de analistas financieros, la iniciativa puede reemplazar apenas «cuatro o cinco días» de exportaciones perdidas del Golfo, ayudando pero sin resolver la tensión de fondo en el suministro.
Ventajas para Moscú y respuesta de los precios
Un efecto concreto ya observado es la reducción del descuento del petróleo ruso frente al Brent. Si antes la diferencia llegó a aproximarse a los 25 dólares por barril, ahora se ha reducido a cerca de 13, lo que incrementa los ingresos por cada venta. Además, el crudo se mantuvo por encima de los 100 dólares el barril en los días posteriores, lo que demuestra que la autorización no bastó para calmar las cotizaciones. Al mismo tiempo, la Agencia Internacional de la Energía anunció la liberación de 400 millones de barriles de reservas y Estados Unidos adelantó que aportará 172 millones de barriles de su Reserva Estratégica, acciones coordinadas para paliar la escasez.
Reacciones políticas y seguridad marítima
La decisión de Washington encontró resistencia en varios frentes europeos. El presidente del Consejo Europeo, António Costa, la calificó de «muy preocupante» por su naturaleza unilateral y por su posible efecto en la presión económica sobre Rusia. El canciller alemán, Friedrich Merz, dijo que relajar sanciones es «un error», mientras que la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, y su portavoz Paula Pinho subrayaron que no es momento de aflojar las restricciones. Desde la presidencia ucraniana, Volodymyr Zelensky también mostró su rechazo, describiendo la medida como un golpe a la reputación internacional que favorece a un agresor.
Incidentes en el mar y medidas de protección
El entorno operativo se ha tornado más peligroso: el estrecho de Ormuz estuvo virtualmente cerrado por ataques a buques y, ante ese escenario, Estados Unidos anunció que comenzará a escoltar petroleros «tan pronto como sea militarmente posible» para garantizar pasajes seguros. Paralelamente, Suecia intervino un buque sin bandera, el Sea Owl I, en el Mar Báltico; la fiscalía investiga al capitán, de nacionalidad rusa, por presunta falsificación documental y violaciones de la normativa marítima. Autoridades suecas y miembros de la guardia costera advirtieron sobre la «flota en la sombra» vinculada a intereses rusos y sobre riesgos medioambientales y de seguridad.
Consecuencias estratégicas
Desde Bruselas existe la percepción de que aflojar las sanciones —aunque sea de manera temporal y técnica— debilita el poder coercitivo de las medidas económicas y, por ende, la capacidad de forzar una negociación seria por la paz en Ucrania. Al mismo tiempo, actores del mercado y algunos gobiernos ven la maniobra estadounidense como un mal menor para evitar una crisis energética global más profunda. La tensión entre estabilizar precios y mantener presión estratégica sobre Moscú resume el dilema que enfrenta la comunidad internacional en este contexto de múltiples conflictos y cadenas de suministro vulnerables.
En resumen, la autorización del 13 de marzo de 2026 ilustra cómo una intervención temporal en los mercados energéticos puede aliviar tensiones inmediatas sin resolver los dilemas políticos estructurales. Mientras los barcos siguen navegando y los precios oscilan, las autoridades europeas y actores del sector vigilan de cerca cómo se materializa ese alivio y qué recursos económicos suma realmente a las arcas rusas.
