La AIE confirma que considerará nuevas liberaciones coordinadas de reservas estratégicas tras la petición de la primera ministra de Japón para proteger el suministro energético

En Tokio, el encuentro entre la primera ministra Sanae Takaichi y el director ejecutivo de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), Fatih Birol, dejó una señal clara: la organización está dispuesta a movilizar más crudo de sus reservas estratégicas si es necesario.
La reunión, celebrada el 25 de marzo de 2026, respondió a la creciente inquietud por el suministro de hidrocarburos en Asia ante la guerra que involucra a Estados Unidos e Israel contra Irán y la perturbación del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz.
Japón decidió además comenzar a liberar reservas estatales tras haber iniciado el 16 de marzo de 2026 la puesta a disposición de existencias privadas.
La AIE ya activó una intervención histórica recientemente: una salida conjunta de 426 millones de barriles, la mayor de su historial, diseñada para crear un colchón frente a las pérdidas de abastecimiento. Aun así, esa medida no ha bastado para estabilizar por completo los precios. El crudo de referencia europeo, el Brent, cotizaba alrededor de 99 dólares el barril con una corrección cercana al 5% tras conocerse que Estados Unidos presentó un plan de paz para Irán, información que Irán niega que dé lugar a negociaciones. Frente a este panorama, Tokio pidió a la AIE que prepare posibles liberaciones coordinadas adicionales para proteger la seguridad energética regional.
Por qué Japón pidió más acciones
La demanda formulada por Sanae Takaichi busca responder a la exposición particular de Asia al crudo del golfo Pérsico y a la vulnerabilidad de las rutas por el estrecho de Ormuz. En su petición, la mandataria subrayó las dificultades que atraviesan «muchos países de Asia» y reclamó que se empiece a preparar un plan para nuevas liberaciones conjuntas en caso de que el conflicto se prolongue. La iniciativa de Tokio combina una preocupación por la oferta con la intención de proteger la actividad económica y la vida cotidiana de sus ciudadanos, y pretende actuar con rapidez si las tensiones logran mantener la presión sobre los mercados energéticos.
La respuesta de la AIE y su postura técnica
Desde su posición, Fatih Birol agradeció a Japón su colaboración y dejó la puerta abierta a una nueva ronda de colocaciones en el mercado. Birol ha calificado la crisis como «muy grave», estimando que la situación supera las tensiones energéticas vividas en la década de 1970. La AIE, con sede en París, defiende que las liberaciones coordinadas funcionan como un mecanismo de amortiguación para evitar saltos descontrolados en los precios y dar tiempo a soluciones diplomáticas y logísticas que restablezcan la normalidad en las rutas de suministro.
Decálogo de medidas para reducir la demanda
Además de las salidas de crudo, la AIE ha propuesto un decálogo de medidas para contener la demanda. Entre las propuestas figuran fomentar el teletrabajo para reducir desplazamientos, limitar el acceso de vehículos al centro de las ciudades, promover flotas de transporte más eficientes y acelerar medidas de ahorro energético en el sector industrial. Estas acciones buscan ahorrar consumo a corto plazo y mitigar la necesidad de recurrir únicamente a las reservas, integrando tanto medidas de demanda como la liberación de existencias para ganar tiempo mientras se estabiliza el abastecimiento.
Impacto en los mercados y qué esperar
Los movimientos diplomáticos y las declaraciones públicas han tenido reflejo inmediato en los mercados. Tras el anuncio inicial de las liberaciones, los precios experimentaron volatilidad y el Brent mostró descensos tras conocerse gestos de mediación internacional, aunque la evolución sigue condicionada por las noticias del conflicto. La AIE vigila los indicadores de suministro y demanda y advierte que nuevas intervenciones dependerán de la persistencia del corte de rutas y de la gravedad de la perturbación logística. La coordinación entre países miembros es clave para que cualquier aporte adicional tenga efecto real y evite fragmentaciones que reduzcan su eficacia.
En las próximas semanas, la atención se centrará en la respuesta conjunta de los países consumidores y en la capacidad de las reservas para funcionar como amortiguador temporal. Si las tensiones se mantienen o se intensifican, el escenario contempla nuevas liberaciones coordinadas, mayor implementación de las medidas de ahorro del decálogo y un seguimiento continuo de precios y flujos marítimos. El objetivo compartido es claro: proteger la oferta energética y limitar el daño económico mientras se buscan soluciones de fondo para restituir la estabilidad del mercado.
