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Cómo el conflicto en Irán y el petróleo encarecido amenazan la comida

Un informe del WFP advierte que hasta 45 millones de personas podrían caer en hambre aguda si persisten el conflicto y precios del petróleo altos

El mundo enfrenta una amenaza creciente sobre la seguridad alimentaria relacionada con el conflicto en Irán y el encarecimiento del petróleo. Según estimaciones del Programa Mundial de Alimentos (WFP), si la guerra no cesa y el barril permanece por encima de los 100 dólares, cerca de 45 millones de personas adicionales podrían sufrir inseguridad alimentaria aguda este año.

Esa cifra se añadiría a los aproximadamente 318 millones que ya viven en esa condición, lo que transforma un choque regional en un riesgo global.

La vulnerabilidad no es uniforme: los peores efectos recaen sobre países que dependen de importaciones de alimentos, energía y fertilizantes.

El WFP y otros centros de análisis subrayan que los aumentos en el precio del transporte y de la energía repercuten rápidamente en la cesta básica. Como explica Jean Martin Bauer, director de Seguridad Alimentaria del WFP, el coste del transporte suele representar cerca del 20% del precio final de los alimentos; encarecer el transporte significa encarecer la comida para las familias más pobres.

Qué está en juego para los países importadores

En naciones como Sudán, que importa alrededor del 80% de su trigo, un alza en los precios del cereal puede traducirse en hambre generalizada. En Somalia, donde la sequía ya presiona la oferta local, productos básicos como aceites y azúcares han subido al menos un 20% desde el inicio del conflicto. Además, países con producción interna aún sufren el efecto indirecto: la escasez de fertilizantes y fertilizantes más caros reducen rendimientos y elevan costes, alimentando un círculo vicioso de precios altos y menor producción.

Cómo se transmite la crisis

Fertilizantes, energía y dependencia del Golfo

Una parte sustancial de los fertilizantes del mundo se produce o transita por el Golfo Pérsico, región afectada por la guerra. La fabricación de abonos nitrogenados depende del gas natural; cualquier disrupción en su suministro implica menos urea y amoníaco disponibles en el mercado global. El estrecho de Ormuz es una arteria logística clave: su cierre supondría un corte de un tercio del comercio marítimo de fertilizantes, con subidas de precio que algunos analistas sitúan en decenas de puntos porcentuales. Países como Sri Lanka, Tanzania, Pakistán, Tailandia, Kenia y Mozambique importan más del 30% de sus fertilizantes desde el Golfo, por lo que son especialmente expuestos.

Transporte, energía agrícola y reservas críticas

La agricultura moderna consume mucha energía: desde calentar invernaderos hasta secar y procesar granos. Los problemas de suministro de gas en países como Países Bajos —un exportador clave en valor— demuestran que sin energía la cadena se frena. El Kiel Institute calcula que, frente a un cierre total del estrecho, los precios alimentarios podrían subir entre un 10% y un 15% en países como Sri Lanka, Pakistán e India, con pérdidas de bienestar económico estimadas entre -3,5% y -1,8%. Es decir, el impacto relativo en los países más pobres puede ser varias veces mayor que en las economías avanzadas.

Consecuencias fiscales, humanas y temporales

La capacidad de los gobiernos para mitigar el choque es desigual. La UNCTAD recuerda que muchos países en desarrollo ya enfrentan restricciones fiscales, altos costes de la deuda y acceso limitado a la financiación. Si el barril se mantiene en 100 dólares durante cuatro meses, la consultora Wood Mackenzie estima que los subsidios en Asia superarían los 80.000 millones de dólares. India sería la más afectada en la región, con un coste de subsidios equivalente al 0,7% del PIB y al 7,2% de sus ingresos en el año fiscal 2026-26. Indonesia corre el riesgo de exceder su límite legal de déficit del 3%.

Además, la guerra complica la logística de la ayuda humanitaria. El WFP advierte que los envíos se desvían por rutas más largas —por ejemplo, vía Sudáfrica— y pueden sufrir retrasos de casi un mes, lo que reduce la eficacia de la asistencia. El calendario agrícola agrava la urgencia: en el sur de Asia la temporada de siembra comienza en junio, periodo de máxima demanda de fertilizantes; si no llegan insumos, muchos países se verán obligados a importar con mayor coste o, peor aún, a reducir siembras.

Qué se puede esperar y qué medidas importan

Las soluciones pasan por combinaciones de corto y medio plazo: asegurar corredores logísticos para la ayuda, gestionar subsidios focalizados sin comprometer la sostenibilidad fiscal y diversificar fuentes de fertilizantes y energía. A largo plazo será imprescindible reducir la vulnerabilidad mediante inversiones en tecnologías agrícolas eficientes y reservas estratégicas. Mientras, las cifras —45 millones en riesgo adicional, 318 millones ya afectados— recuerdan que una crisis regional puede convertirse en un problema humanitario global si no se articula una respuesta coordinada.


Contacto:
Roberto Conti

Veinte años vendiendo casas que cuestan tanto como un departamento normal en otras ciudades. Ha visto familias hacer fortunas y otras perderlo todo en el ladrillo. Conoce cada truco de los anuncios inmobiliarios y cada cláusula oculta en los contratos.