La Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras subraya que el dinero físico sigue siendo imprescindible para la privacidad, la inclusión y la libertad de consumo y pide mantener un sistema mixto frente a la digitalización total

La Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras y su presidente, Jaime Gil Aluja, han planteado un mensaje claro sobre el papel del dinero físico en la vida cotidiana. En una declaración institucional vinculada al inicio de la campaña de la Renta, la academia defiende que el efectivo es el medio que garantiza un uso universal y preserva la privacidad en las transacciones más habituales.
Para la institución, esa protección no debe sacrificarse por un proceso de digitalización que, aunque útil, puede dejar fuera a sectores vulnerables. El comunicado insiste en que las autoridades españolas y europeas deben asegurar el acceso y la posibilidad de optar por el efectivo.
Argumentos a favor del efectivo
Según la academia, el efectivo funciona como un respaldo de libertad en el consumo y como un garante de confidencialidad: la ausencia de rastreo obligatorio protege datos personales en pagos habituales. La institución admite que el uso de monedas y billetes puede ser regulado o limitado en operaciones con riesgo de elusión fiscal, pero rechaza que el efectivo desaparezca del consumo corriente. La declaración subraya que eliminar el billetaje afectaría negativamente a quienes no usan o no dominan herramientas digitales complejas, y recordaba la necesidad de valorar la protección de derechos básicos frente a incentivos administrativos o comerciales.
Inclusión y brecha digital
Riesgos para grupos vulnerables
La academia advierte que excluir el dinero físico profundizaría la brecha digital y la discriminación por edad o renta. El comunicado explica que muchas personas mayores o hogares con bajos ingresos no disponen de la formación, el acceso o la confianza necesarios para usar medios de pago electrónicos avanzados. El efectivo actúa así como un mecanismo de inclusión: permite hacer compras sin depender de terminales, cuentas bancarias o comisiones. Por ello, la academia reclama que las políticas públicas prioricen la inclusividad antes que la eficiencia administrativa o el beneficio de las entidades financieras.
Costes y preferencias
Otro punto destacado es el coste económico para los usuarios si se obliga a migrar a sistemas digitales: muchos ciudadanos optan por el efectivo para evitar comisiones o condiciones bancarias. La Real Academia considera que forzar la digitalización equivaldría a trasladar costes del sistema público a consumidores que prefieren no pagar por operaciones básicas. Además, insiste en que la transición tecnológica debe ser voluntaria y acompañada de medidas que garanticen acceso, formación y alternativas para quienes lo necesiten, respetando así la diversidad de preferencias en el mercado de pagos.
Experiencias internacionales y recomendaciones
La academia cita como referencia los casos de Suecia y Noruega, países que habían reducido notablemente el uso del efectivo y que, ante situaciones de tensión como la derivada por la guerra en Ucrania, recomendaron a las familias disponer de cantidades de dinero físico en el hogar para asegurar pagos de servicios básicos. A partir de esas experiencias, la institución propone que se mantenga un sistema mixto que combine pagos electrónicos y efectivo, ya que ofrece resiliencia ante crisis y protege a los colectivos más frágiles ante interrupciones tecnológicas o financieras.
Sobre la academia y su composición
Fundada en Barcelona en 1940, la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras es la única de las diez Reales Academias del Instituto de España que tiene sede en la capital catalana. La institución agrupa a 36 académicos numerarios y 72 correspondientes, españoles y extranjeros, entre los que figuran cerca de una decena de premios Nobel de Economía. En su junta de gobierno aparecen también figuras relevantes del ámbito financiero español, como Isidro Fainé —vicepresidente— y Josep Maria Coronas —tesorero—, lo que refuerza la visibilidad y peso público del posicionamiento emitido.
En síntesis, la Real Academia pide que las autoridades europeas y nacionales salvaguarden el uso del efectivo como alternativa legítima y accesible, manteniendo un sistema mixto que garantice privacidad, inclusión y protección ante riesgos sistémicos. La propuesta apela a equilibrar modernización tecnológica con derechos ciudadanos básicos, evitando que la digitalización se imponga en detrimento de quienes dependen del dinero físico para su vida diaria.
