Marta Ortega protagonizó varios actos culturales en Gstaad durante la Gstaad Art Week, compartiendo mesa con nombres como Sofía Sánchez de Betak, Martina Mondadori y Tatiana de Pahlen

El 19/02/2026, la pequeña localidad alpina de Gstaad se convirtió en escenario de diversas reuniones culturales que atrajeron a la alta sociedad internacional. En el centro de estas citas estuvo Marta Ortega, presidenta de Inditex, quien participó en actividades relacionadas con la Gstaad Art Week, una feria que reúne proyectos artísticos y sociales de alto perfil en el Oberland bernés.
La presencia de ejecutivos, coleccionistas, diseñadores y herederas convirtió a la estación en un cruce entre la creación contemporánea y el entretenimiento selecto. Las iniciativas incluyeron un encuentro en la sucursal local de la galería Gagosian y la presentación de una instalación concebida por Álex de Betak en un granero tradicional suizo.
Galas y encuentros en la galería: arte, moda y conversación
Una de las citas tuvo lugar en la exposición dedicada a Irving Penn que acoge la delegación de Gagosian en Gstaad. Allí se celebró un almuerzo organizado por Destree, la firma de moda y complementos parisina que ha consolidado su propuesta en la intersección entre arte y moda. En la mesa compartieron conversación Marta Ortega y su amiga cercana Sofía Sánchez de Betak, acompañadas por figuras como Martina Mondadori, editora de la revista Cabana, y Natasha Poonawalla, empresaria y filántropa vinculada al Serum Institute of India.
También figuraron en el encuentro apellidos asociados a dinastías europeas, como Tatiana de Pahlen, ligada a la saga Agnelli. El evento destacó por su formato: una mezcla de presentación curatorial y cena social, donde el intercambio profesional se combina con el ocio exclusivo, y donde las redes sociales permitieron asomarse a algunos detalles de la jornada.
Destree y su fórmula entre el salón y la pasarela
Destree, fundada en, ha orientado su actividad a montar presentaciones que funcionan como salones culturales: proyectos donde la moda dialoga con obras contemporáneas y se plantea como objeto de colección. Géraldine Guyot-Arnault y Laetitia Lumbroso, cofundadoras de la marca, han utilizado este formato para atraer a un público que mezcla coleccionismo, prensa especializada y figuras del lujo, un público que en Gstaad encontró una plataforma ideal.
Instalación en un granero: Álex de Betak y el cruce de tradiciones
Paralelamente, Álex de Betak presentó una pieza en un granero del Oberland bernés que interpretó elementos del chashitsu, el espacio tradicional japonés diseñado para la ceremonia del té, y de los almacenes rurales suizos. La obra propone un diálogo de luces y materiales donde el visitante es invitado a la contemplación lenta, una experiencia que algunos comentaristas describieron como un puente cultural entre Suiza y Japón.
Entre los asistentes a esta intervención figuraron profesionales del mundo del diseño y la fotografía, así como coleccionistas interesados en propuestas que trascienden la mera exhibición. La arquitecta e interiorista Amelia Millán documentó parte del proceso en sus redes, y Sofía de Betak compartió imágenes del montaje, reforzando la dimensión pública y privada del proyecto.
El sentido del proyecto y la recepción
Betak explicaba que el trabajo aspira a honrar las prácticas rurales suizas integrándolas con una sensibilidad japonesa hacia la luz y el vacío. Este tipo de iniciativas conectan con la tendencia actual en mercados de arte de explorar encuentros entre saberes tradicionales y lenguajes contemporáneos, una pauta que ha atraído la atención de la Gstaad Art Week.
Un escenario histórico y discreto: la singularidad de Gstaad
Gstaad, con su historia como refugio de aristócratas y celebridades desde comienzos del siglo XX, funciona como un enclave donde la discreción convive con la influencia económica y cultural. La atmósfera de la localidad —sin focos publicitarios ostentosos— favorece eventos que combinan hermetismo y proyección mediática selectiva, un entorno adecuado para reuniones donde la cultura, la moda y los negocios se intersectan.
Además de la relevancia artística, la semana en Gstaad mostró la capacidad de la ciudad para atraer proyectos curatoriales y actos privados que potencian la oferta cultural de la región. Para asistentes y organizadores, participar en estas citas supone entrar en la conversación internacional sobre tendencias de coleccionismo y producción creativa.
