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Rubio afirma que la operación en Irán concluirá en semanas y que no hará falta desplegar tropas

Rubio aseguró en la cumbre de cancilleres que la acción contra Irán concluirá en dos a cuatro semanas y defendió la combinación de presión militar y contactos indirectos

El 27 de marzo de 2026, en el marco de la reunión de ministros de Asuntos Exteriores del G7 en Francia, el secretario de Estado Marco Rubio anticipó que la operación militar contra Irán podría finalizar en «dos o cuatro semanas» y recalcó que será en «semanas, no meses».

Rubio añadió que, según la evaluación de Washington, no sería necesario un despliegue de tropas terrestres. Ese pronóstico llegó mientras los aliados discutían el alcance de la ofensiva y el modo en que la presión militar se combina con esfuerzos diplomáticos paralelos.

El viaje de Rubio a la Abadía de Vaux-de-Cernay, cerca de París, representa su primer desplazamiento fuera del país desde el inicio de los ataques aéreos el 28 de febrero. El encuentro se produjo en un contexto de alta tensión: la campaña ha afectado al mercado energético y ha reabierto debates sobre la seguridad de las rutas marítimas, en particular el Estrecho de Ormuz, por donde circula cerca de una quinta parte del petróleo crudo y del gas natural licuado a nivel global. El riesgo de interrupciones ha vuelto a ser un factor central en la agenda internacional.

Fricciones dentro del G7 y la reacción europea

La reunión mostró discrepancias notables entre Estados Unidos y varios miembros europeos. Voces como la del ministro de Defensa alemán calificaron el conflicto como una crisis económica de gran magnitud, y la jefa de la diplomacia de la Unión Europea afirmó que «esta no es la guerra de Europa», reflejando la reticencia ante una implicación directa. División interna fue el término que utilizaron diplomáticos para describir la atmósfera, porque varios países del bloque evitaron apoyar públicamente la ofensiva y optaron por buscar soluciones diplomáticas o medidas menos beligerantes para restablecer el tráfico en el Estrecho de Ormuz.

Canales indirectos y el tablero diplomatico

En paralelo a la presión militar, Estados Unidos aseguró mantener contactos no directos con Teherán. El enviado especial confirmó que Washington utiliza canales indirectos a través de terceros países, y citó a Pakistán como facilitador de comunicaciones. El presidente describió avances en las conversaciones y afirmó que Teherán habría ofrecido garantías sobre su programa nuclear, aunque las autoridades iraníes rechazaron la versión de contactos directos y presentaron una contrapropuesta en varios puntos.

¿Qué propone Teherán?

Los medios iraníes informaron sobre una contrapropuesta de cinco puntos que incluiría, entre otras demandas, condiciones sobre la seguridad del tránsito por el Estrecho de Ormuz. La posibilidad de un mayor control iraní en esa vía marítima elevó las alarmas por el impacto que tendría sobre el comercio energético mundial. Estas condiciones, según fuentes regionales, buscan aseguramientos geoestratégicos para Teherán y plantean un desafío complejo para cualquier acuerdo que pretenda normalizar la navegación y estabilizar los precios del combustible.

La posición estadounidense

Desde Washington se defendió la acción militar como una herramienta para forzar concesiones, mientras se mantenía la puerta abierta a la negociación. El presidente destacó que se suspendieron ataques a infraestructuras energéticas para favorecer el proceso diplomático y afirmó que la campaña había debilitado fuerzas clave iraníes. Marco Rubio sostuvo ante sus pares que la intervención no solo beneficia a Estados Unidos, sino que busca restablecer la seguridad global, y subrayó que la administración prioriza ahora la combinación de presión y diálogo para cerrar el conflicto en semanas.

Impacto energético y escenarios futuros

El cierre o la limitación del tráfico por el Estrecho de Ormuz sería una de las mayores perturbaciones energéticas en décadas, por lo que las naciones presentes en la cumbre, así como aliados estratégicos como Brasil, India, Corea del Sur y Arabia Saudita, tienen interés en hallar mecanismos de estabilidad. Europa, a su vez, insistió en mantener sanciones a terceros actores relevantes y en reforzar el apoyo a Ucrania ante la posibilidad de que la crisis de Oriente Medio desplace la atención geopolítica. Francia, en su papel de presidencia rotatoria del G7, utilizará estas conversaciones para preparar la cumbre de líderes prevista para junio.

En resumen, aunque Washington proyecta una ventana de tiempo limitada —»dos a cuatro semanas»— para culminar la operación, persiste la incertidumbre por la divergencia entre aliados, las demandas iraníes y la vulnerabilidad de las rutas energéticas. Mientras los ministros buscan coincidencias en Vaux-de-Cernay, la combinación de presión militar y canales diplomáticos seguirá marcando el ritmo de los próximos pasos.


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Viral Vicky

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