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Cómo las administraciones afrontan el riesgo tras episodios extremos

Una lectura sobre cómo las autoridades priorizan la seguridad ante lluvias extremas, las consecuencias económicas y la tensión entre prevención y crítica pública.

En los episodios recientes de lluvias intensas y sus efectos, el comportamiento de las administraciones públicas ha cambiado de forma notable. Lo que antes podía interpretarse como una respuesta moderada hoy se mira con lupa: nadie quiere repetir situaciones traumáticas como la de la Comunidad Valenciana o vivir el estigma conocido coloquialmente como el Ventorro.

Frente a esa presión, muchos cargos optan por medidas contundentes y anticipadas, aun cuando implican costes sociales y económicos significativos. Esta tendencia de priorizar la seguridad explica el aumento de evacuaciones, recomendaciones laborales y decisiones de emergencia que buscan reducir al máximo el riesgo humano.

Decisiones ejemplares y resultados contrastados

Un ejemplo reciente proviene de Andalucía, donde el presidente Juan Manuel Moreno Bonilla adoptó medidas drásticas ante la persistencia de lluvias y la amenaza de crecidas fluviales. La Junta decidió desalojar a cerca de 11.000 vecinos para evitar una catástrofe como la sufrida en otras comunidades. Además, la gestión pública incluyó respuestas a incidentes conexos, como el accidente ferroviario en Adamuz. El balance de la borrasca, en términos humanos, fue mucho más limitado que en la Comunidad Valenciana: se registró una víctima mortal en Andalucía, una cifra que refleja en parte la eficacia de las evacuaciones preventivas y la coordinación entre servicios.

La lógica de la precaución frente al coste económico

Las autoridades actúan con la premisa de que es preferible excederse en precauciones a quedar señaladas por insuficiente previsión. Esa lógica, común en la gerencia de riesgos, tiene defensores y detractores. Entre las medidas adoptadas figura la recomendación del teletrabajo en medios de comunicación como La Vanguardia, que optó por pedir a su redacción que trabajara desde casa durante el temporal. No obstante, esta opción solo es viable para sectores con capacidad de digitalización; otras actividades, como la hostelería, el comercio o la industria manufacturera, sufren paradas forzadas que se traducen en ingresos perdidos y, a menudo, en costes que no cubre la administración.

Impacto sectorial y limitaciones de las medidas

Cuando una ciudad cierra parcialmente o la población se evacua, el efecto dominó alcanza a empleados, autónomos y pequeñas empresas. El sector servicios es especialmente vulnerable: bares, tiendas y alojamientos no operan y no siempre reciben ayudas inmediatas. A diferencia de las grandes empresas con procesos automatizados o teletrabajo, muchas pymes afrontan una reducción de caja que puede comprometer su continuidad. Por tanto, la decisión pública debería ponderar no solo la seguridad física, sino también los mecanismos de apoyo económico para quienes quedan temporalmente inactivos.

Comunicación, percepción pública y la crítica inevitable

Estar al frente de la respuesta a una emergencia implica enfrentar críticas en ambos sentidos: por exceso o por defecto. La administración vive en una tensión constante entre alertar lo suficiente para proteger vidas y no alarmar de más a la ciudadanía. La experiencia de episodios previos alimenta la sensibilidad social y política: un gobierno que actúe con prudencia extrema puede recibir reproches por generar pánico, pero otro que limite sus avisos puede ser acusado de negligente. Esta dinámica condiciona la manera en que se comunican los riesgos y las recomendaciones a la población.

Herramientas para mejorar las decisiones

Para equilibrar protección y coste, las instituciones disponen de recursos que conviene potenciar: sistemas de alerta temprana, simulacros integrados con servicios municipales, planes de contingencia específicos y protocolos claros de evacuación. Asimismo, es necesario diseñar ayudas económicas ágiles destinadas a mitigación del impacto en sectores vulnerables. La coordinación entre administraciones y la transparencia en la toma de decisiones ayudan a reducir la incertidumbre y facilitan la aceptación social de medidas severas cuando son necesarias.

La prioridad legítima por proteger a la población empuja a gobiernos y alcaldes a actuar con más decisión; sin embargo, resulta imprescindible acompañar esas medidas con políticas de soporte económico y una comunicación veraz y empática. Solo así se puede minimizar el daño humano sin dejar a su suerte a quienes sufren las consecuencias económicas de las restricciones preventivas.


Contacto:
Marco Santini

Más de una década en las salas de trading de importantes instituciones bancarias internacionales, entre Londres y Milán. Atravesó la tormenta de 2008 con las manos en el teclado del trading. Cuando el fintech empezó a reescribir las reglas, dejó la corbata para seguir startups que hoy valen miles de millones. No explica las finanzas: las traduce en decisiones concretas.