el ministro de Transformación Digital defiende sus comentarios sobre Javier Lambán como debates políticos, insiste en el respeto personal y recibe reproches desde el propio partido que demandan una aclaración pública

En un nuevo capítulo de la polémica interna en el PSOE, Óscar López ha reiterado sus críticas dirigidas al ya fallecido Javier Lambán, explicando que sus declaraciones se enmarcan en una discrepancia política y no en una falta de consideración personal.
Las palabras del ministro, realizadas ante los medios a su llegada a un centro institucional en Madrid, han reavivado el debate sobre la responsabilidad y el lenguaje que usan los dirigentes tras los resultados electorales regionales.
Las reacciones dentro del propio partido no se han hecho esperar: algunos compañeros piden una rectificación pública por el daño que esas afirmaciones pueden causar a la familia del exdirigente, mientras otros defienden el derecho a la crítica política.
En medio de este cruce, López sostiene que su intención fue una reflexión sobre la línea política que representaba Lambán y su relación con la oposición local.
La defensa de López: discrepancia política y respeto personal
El ministro ha enfatizado que su mirada crítica parte de una diferencia de criterio sobre determinadas estrategias políticas, algo que, según él, ha mantenido desde hace años. Ha repetido que, pese a esa discrepancia, existe un respeto personal profundo hacia Lambán: «Le conocí, le aprecié y le he respetado en vida; sigo haciéndolo», afirmó. Con estas palabras, López busca marcar una frontera entre el debate ideológico y la consideración humana.
Al defender su postura, el responsable de Transformación Digital ha explicado que la política la vive con pasión, lo que le lleva a señalar conductas o líneas programáticas cuando cree que han perjudicado al proyecto colectivo. Ha apoyado además la reflexión expresada por otro líder regional, que vincula la calidad política con la integridad personal, subrayando que «no se puede ser buen político y mala persona».
Las consecuencias internas y las peticiones de aclaración
El alcance de las declaraciones ha generado malestar en algunos territorios del partido. Figuras institucionales han manifestado que atribuir responsabilidades por el resultado electoral a una persona fallecida puede resultar hiriente y que exige, por respeto, una matización pública. Desde el entorno del PSOE en Aragón se ha reclamado una corrección que reconozca el dolor que puedan provocar estas acusaciones a familiares y allegados.
Frente a estas demandas, López ha mantenido su postura: respeta otras opiniones, pero no va a desdecirse de una reflexión política que considera fundada. Ha reiterado que nadie le dará lecciones sobre el trato hacia Lambán, ya que lo conoció personalmente y cree haber actuado con decoro. Esta posición mantiene abierta la tensión interna entre defensa de la libertad de crítica y la necesidad de prudencia institucional.
La comunicación y el efecto en la campaña
Además de la polémica en torno a la figura de Lambán, el ministro ha vinculado sus observaciones a la interpretación de los resultados electorales en Aragón. Considera que las dinámicas internas y los equilibrios regionales influyeron en la derrota de la candidata socialista, aunque ha evitado entrar en valoraciones directas sobre sus compañeras afectadas por los comicios. Aun así, ha manifestado su respaldo a la candidata y su disposición a apoyar la renovación estratégica donde sea necesario.
Contexto más amplio: cómo se procesa la crítica en la política
El episodio refleja una tensión recurrente en las formaciones políticas: cómo compatibilizar la crítica interna con la lealtad y el respeto hacia figuras del propio partido, especialmente cuando estas ya no pueden responder. La discusión plantea preguntas sobre el uso del discurso público y los límites entre el análisis electoral y la atribución de culpas personales. En este sentido, algunos miembros piden priorizar la unidad y la prudencia en los tonos empleados.
Por su parte, López ha evitado comentar otras polémicas recientes que circulan en el partido, alegando que no suele opinar sobre declaraciones que no ha escuchado en primera persona. Su argumento central es que la política debe permitir la discrepancia como mecanismo de corrección, siempre que se mantenga un respeto personal constante hacia quienes participan en la vida pública.
Mirada hacia el futuro
El conflicto deja en evidencia la necesidad de marcos de convivencia interna que regulen el debate público entre compañeros. Tanto por la gestión de la comunicación tras los comicios como por el trato hacia las figuras históricas del partido, la dirección afronta el reto de equilibrar críticas constructivas con la sensibilidad ante pérdidas y memorias personales. La resolución de este episodio servirá como ejemplo para cómo el PSOE gestiona las tensiones internas en periodos de reconfiguración política.
El episodio abre un debate sobre límites retóricos y la responsabilidad de las voces públicas a la hora de analizar derrotas y responsabilidades.
