Juan Lobato advierte que contraponer escándalos ajenos sólo agrava la pérdida de confianza; apuesta por dimisiones y reformas prácticas para frenar la corrupción y proteger la democracia

En un contexto de escándalos que han afectado al PSOE, el senador y diputado en la Asamblea de Madrid Juan Lobato ha marcado una línea clara sobre cómo debe actuar su formación. Para Lobato, la gestión de los episodios de corrupción exige respuestas internas contundentes y, sobre todo, evitar entrar al juego de señalar a otros partidos.
Esta postura sitúa la prioridad en la reparación de la confianza ciudadana y en la protección del sistema democrático frente al descrédito.
La argumentación del dirigente se apoya en la idea de que la desconfianza no sólo daña a la organización implicada sino al conjunto del sistema político.
Desde su punto de vista, enfrentar la corrupción desde la comparación con rivales sólo multiplica la pérdida de credibilidad y aleja a quienes confían en las instituciones. Lobato defiende que, para mantener la legitimidad, hay que combinar decisiones personales con cambios normativos prácticos.
Por qué evitar hablar de la corrupción ajena
Según Lobato, insistir en la corrupción de otros actores políticos es «un error de libro» porque amplifica la sensación de impunidad generalizada. Cuando un partido señala a otro, lo que se consigue es generar más desconfianza entre la ciudadanía en vez de ofrecer soluciones. Para él, la prioridad debe ser cortar de raíz los comportamientos irregulares en el propio espacio político y, así, recuperar la credibilidad ante los votantes progresistas y el electorado
Impacto sobre la democracia
El senador describe la corrupción como un ataque directo a la democracia: sin confianza ciudadana las instituciones pierden sentido y la gobernabilidad se debilita. En su visión, si no existe una percepción de fiabilidad en las reglas y en quienes las aplican, el sistema corre el riesgo de fracturarse. Por eso insiste en que la recuperación pasa por demostrar que se actúa con rigor cuando aparecen indicios de comportamientos irregulares.
Medidas que propone para recuperar credibilidad
Lobato marca dos ejes para la respuesta: las decisiones personales y las reformas concretas. En el primer bloque incluye las destituciones cuando hay evidencias claras de irregularidades; esta medida, según él, es imprescindible pero no suficiente. En el segundo bloque reclama cambios que impidan la repetición de los mismos fallos, de forma que ante la aparición de un caso se pueda decir con fundamento qué se hará para que aquel error no vuelva a producirse.
Actuar rápidamente tras la aparición de un caso
Una de las recomendaciones prácticas que plantea Lobato es la rapidez: si un caso sale a la luz «un jueves», la organización debe tener ya el lunes propuestas concretas para corregir los fallos detectados. Esta dinámica de actuación inmediata persigue dos objetivos: evitar la continuidad del daño institucional y mostrar a la ciudadanía que existen mecanismos efectivos para atajar la corrupción. Para él, esa tangibilidad en la respuesta es la que permite reconstruir confianza.
Balance y consecuencias políticas
El discurso de Lobato asume que la corrupción perjudica en mayor medida al partido al que afecta, pero también reconoce su efecto contaminante sobre el conjunto del sistema. Por eso subraya la necesidad de que las fuerzas políticas actúen con responsabilidad y no recurran a la táctica de señalar únicamente al adversario. La propuesta combina medidas de limpieza interna con reformas prácticas que puedan ser explicadas y justificadas ante la opinión pública.
Para Lobato, esa doble vía es la clave para que los ciudadanos recuperen la confianza en la democracia y para que el PSOE pueda demostrar que toma con seriedad las responsabilidades derivadas de cualquier escándalo.
