desde la cumbre de Múnich, Pedro Sánchez recalcó la necesidad de frenar la expansión de arsenales nucleares y de construir una capacidad militar europea más autónoma y coordinada

En su primera participación en la Conferencia de Seguridad de Múnich desde que ocupa la presidencia del Gobierno, Pedro Sánchez defendió una postura clara: ante la creciente tensión global, la respuesta no puede ser una nueva carrera armamentística nuclear. Durante el encuentro celebrado el 14/02/2026, el presidente subrayó tanto el compromiso de España con el orden internacional como sus límites respecto a ciertos objetivos de gasto que plantean riesgos estratégicos y de dependencia.
El planteamiento de Sánchez combina un reconocimiento de los compromisos asumidos por España —según él, triplicación del gasto en defensa y duplicación del personal desplegado en misiones de la OTAN— con una crítica firme sobre la dirección que siguen las potencias nucleares.
Su intervención fue, en parte, una apelación a la prudencia y, en parte, una propuesta para reforzar una alternativa europea.
Por qué rechaza el aumento al 5% del pib en defensa
Sánchez rechazó la exigencia de elevar el gasto militar al 5% del pib, objetivo promovido por sectores vinculados a Estados Unidos. Su argumento principal es estratégico: aceptar ese compromiso, según el presidente, aumentaría la dependencia industrial de Europa respecto a proveedores estadounidenses y no necesariamente traduciría una mayor autonomía o eficacia colectiva. En su visión, lo decisivo no es solo la magnitud del gasto sino cómo se invierte y si esa inversión refuerza la capacidad europea conjunta.
El presidente defendió que los aliados deben coordinar y optimizar sus recursos: “no se trata únicamente de cuánto gastamos, sino de gastar mejor juntos”. La lógica de Sánchez prioriza fortalecer la industria de defensa europea, crear cadenas de suministro compartidas y evitar duplicidades que beneficien mayoritariamente a empresas de fuera del continente.
La advertencia sobre el rearme nuclear
Uno de los puntos más señalados de su intervención fue la condena al renovado aumento de arsenales estratégicos. Sánchez recordó que, en el pasado, la comunidad internacional concluyó que la dissuasión nuclear implicaba costes y riesgos incompatibles con la seguridad a largo plazo: inversiones públicas enormes y la amenaza constante de errores técnicos o humanos con consecuencias catastróficas. Por ello, llamó a las potencias nucleares a “poner freno” y abrir negociaciones para un nuevo acuerdo comparable al START de 2010, que limitó armas de largo alcance y ha expirado recientemente.
Para ilustrar el peso económico de la carrera, el presidente citó cifras estimadas: las potencias nucleares gastarían más de 11 millones de dólares por hora en estos programas, y solo Estados Unidos planea invertir alrededor de 946.000 millones de dólares en armas nucleares en las próximas décadas. Sánchez señaló que esos recursos podrían aplicarse a desafíos sociales urgentes y calificó la continuidad del rearme como un error histórico que la historia juzgará con dureza.
Una apelación transversal
El discurso de Sánchez reivindicó apoyos transversales: resaltó que figuras de distinto signo ideológico han coincidido en la necesidad de evitar la proliferación nuclear y que la posición no es exclusiva de una familia política. Con ese enfoque, buscó situar la propuesta como una cuestión de responsabilidad global más que de alineamientos internos.
Propuestas concretas para Europa
Además de pedir la reanudación de negociaciones estratégicas para limitar arsenales, Sánchez defendió la creación inmediata de capacidades militares europeas más robustas. Abogó por un ejército europeo operativo ahora, no en una década, y por fortalecer el pilar europeo dentro de la OTAN para garantizar soberanía, integridad territorial y garantías recíprocas entre Estados miembros.
Implicaciones políticas y geoestratégicas
La posición del presidente español plantea tensiones posibles con aliados que reclaman mayores cifras de gasto y con quienes entienden la disuasión como pilar esencial. No obstante, también abre una vía para reforzar la autonomía estratégica europea y para promover un enfoque que combine diplomacia multilateral y modernización defensiva. En Múnich, Sánchez llamó a no olvidar las lecciones del pasado y a invertir recursos en lo que definió como el “rearme moral”, una apelación a los valores de solidaridad y cooperación frente a la lógica puramente militar.
La intervención del 14/02/2026 dejó claro que España pretende jugar un papel activo en la configuración de la seguridad transatlántica, defendiendo al mismo tiempo límites éticos y prácticos a la expansión nuclear y promoviendo una mayor integración europea en defensa.
