El domingo 29 de marzo de 2026 España pasará al horario de verano y el Gobierno ha impulsado ante la Unión Europea la posibilidad de suprimir este ajuste, alegando motivos sanitarios y energéticos

En la madrugada del 29 de marzo de 2026 España volverá a adelantar sus relojes para adoptar el horario de verano. A las 02:00 los relojes deberán marcar las 03:00 (en Canarias, de 01:00 a 02:00), lo que convierte a ese día en una jornada oficialmente de 23 horas.
Esta medida, de aplicación por calendario europeo, altera los ritmos cotidianos y reaviva un debate político y técnico que el Gobierno español ha trasladado al seno de la Unión Europea.
Cómo y cuándo se produce el cambio
El proceso es el clásico: durante la madrugada del último domingo de marzo se aplica el ajuste horario que retrasa o adelanta las manecillas según la estación. En 2026 la transición al horario de verano se fija el 29 de marzo, y el regreso al horario estándar está previsto para el 25 de octubre de 2026. Esa regla anual aparece recogida en la normativa vigente, incluida la orden PCM/186/2026 que publica el calendario de cambios de hora. Para la mayoría de dispositivos digitales la actualización es automática, pero es recomendable revisar aparatos analógicos y programaciones de ciertos sistemas técnicos.
Contexto histórico y legal
El recurso al ajuste horario no es nuevo: España introdujo este ritual por primera vez en 1918, experimentó interrupciones y lo mantiene de forma continuada desde 1974. A nivel normativo, el Real Decreto 236/2002 incorporó a la legislación española la Directiva 2000/84/CE. En la Comisión Europea abrió una consulta pública y la propuesta para suprimir el cambio ganó apoyo ciudadano, pero no alcanzó un acuerdo político entre Estados miembro. La normativa comunitaria vigente incluye periodos concretos, y la orden citada abarca hasta 2026, por lo que este año puede marcar un punto de inflexión si prospera la iniciativa de España.
Impactos prácticos
El adelantamiento de una hora altera los horarios de sueño y de actividad, modifica la sincronización del transporte y obliga a ajustar turnos laborales y escolares. Aunque la idea original del cambio buscaba ahorro energético, estudios recientes ponen en duda su eficacia en ese sentido y señalan efectos sobre los ritmos circadianos y la salud pública. El Ejecutivo español, a través de sus portavoces, ha destacado que el ajuste tiene un impacto limitado en el consumo energético y consecuencias negativas en el bienestar de la población.
La iniciativa política española en Bruselas
El Gobierno de España ha promovido formalmente ante el Consejo de Transporte, Telecomunicaciones y Energía de la Unión Europea una petición para que los cambios estacionales sean suprimidos. El presidente Pedro Sánchez declaró en su cuenta oficial el 20 de octubre de 2026 su intención de llevar la medida a la agenda comunitaria, argumentando que cambiar la hora dos veces al año ya no tiene sentido. No obstante, el principal obstáculo es la falta de consenso entre Estados que no se ponen de acuerdo sobre si fijar de forma permanente el horario de verano o el de invierno.
Desafíos y próximo calendario
Para que una reforma europea prospere se exige una mayoría cualificada en el Consejo: el apoyo de al menos 15 de los 27 Estados que representen al menos el 65% de la población. Mientras no exista una posición común, la Directiva permanece paralizada y cada país mantiene sus cronogramas. Si la iniciativa española no consigue cerrar acuerdos, los cambios estacionales seguirán rigiendo y, de hecho, se contempla la posibilidad de publicar una nueva directiva que prolongue el sistema más allá de 2026.
Mientras tanto, la ciudadanía y las empresas deben prepararse para la pérdida de una hora de sueño y para los efectos prácticos que conlleva esta transición.
