×

Cómo bancos centrales y ultraderecha redefinen el orden económico

Un enfrentamiento creciente pone en riesgo las instituciones financieras clave: la defensa del BCE y la FED refleja la resistencia del antiguo orden frente a un libertarismo autoritario que pretende transformar la regulación y el Estado de bienestar

La disputa contemporánea entre el orden económico clásico y las corrientes de ultraderecha con tintes libertarios ha puesto en el centro a las instituciones monetarias. En los últimos tiempos, decisiones judiciales y maniobras políticas han expuesto la fragilidad de relaciones que daban estabilidad a la globalización financiera.

El debate ya no es solo técnico: es una confrontación sobre quién define las reglas del juego económico y qué papel deben desempeñar el banco central y el Estado de bienestar en el futuro.

En este conflicto se mezclan intereses ideológicos, presiones electorales y apuestas de mercado.

Actores políticos que cuestionan la arquitectura neoliberal —desde cambios regulatorios hasta la desmantelación de instituciones públicas— buscan ampliar el espacio de acción de las finanzas alternativas y las libertades de mercado, mientras que amplios sectores europeos y estadounidenses intentan contener ese avance para preservar la estabilidad macroeconómica y social.

La función de los bancos centrales como muralla del viejo orden

Los bancos centrales se constituyeron como pilares para limitar la intervención estatal directa en la economía y garantizar la disciplina fiscal y monetaria. En la práctica, sostuvieron el flujo global de capitales y favorecieron la expansión de la financiarización. Ese papel, fruto de reformas que se consolidaron a finales del siglo XX, se ha convertido en el objetivo preferente de quienes abogan por menos regulación y mayor libertad para los actores financieros no tradicionales.

De guardianes a objetivo político

Hasta ahora, estas instituciones eran vistas como tecnocráticas y relativamente neutrales; sin embargo, se han transformado en blanco político. El ataque incluye cuestionamientos directos a la independencia de los bancos centrales y demandas para revisar las normas que surgieron tras crisis financieras previas. El resultado es una tensión entre la defensa de la estabilidad monetaria y las propuestas de un nuevo régimen económico que busca reconfigurar poderes y privilegios.

Europa: blindajes y maniobras preventivas

En el continente europeo, las conversaciones discretas entre gobiernos y elites políticas reflejan la urgencia por proteger instituciones clave como el BCE. Estrategias que van desde acuerdos para asegurar nombramientos hasta maniobras parlamentarias muestran la intención de preservar la influencia de un modelo nacido en las décadas pasadas. La posibilidad de que fuerzas de ultraderecha controlen nombramientos estratégicos ha incentivado una coordinación que busca minimizar riesgos sobre la deuda pública y la gobernanza económica.

Instrumentos y concesiones

Blindar el sistema implica concesiones y gestos simbólicos: pactos para reparto de cargos, adelantamientos de decisiones y movimientos políticos que previenen cambios bruscos. Estas acciones señalan que el conflicto no es puramente confrontacional: existe la posibilidad de arreglos que mitiguen el choque y mantengan funciones esenciales del modelo económico vigente.

Estados Unidos: confrontación desde la Casa Blanca

En el otro lado del Atlántico, la estrategia es distinta pero con la misma intención de debilitar a las instituciones monetarias. Ataques públicos a la FED y a sus líderes buscan reducir la autoridad del banco central y ampliar la capacidad del poder ejecutivo para definir políticas económicas. Cuando el antagonista ocupa la presidencia, la presión se vuelve institucional y genera inquietud incluso entre actores financieros tradicionales que dependen de reglas estables y previsibles.

Las reacciones judiciales y las decisiones de tribunales superiores han funcionado como frenos temporales a medidas presidenciales que alteran el orden económico. No obstante, cada sentencia alimenta la incertidumbre sobre los límites de la confrontación y las posibles respuestas políticas a futuro.

Implicaciones y escenarios posibles

El choque entre el neoliberalismo institucional y el libertarismo autoritario tiene consecuencias prácticas: riesgo para la gobernanza económica, presión sobre la deuda pública y la posibilidad de una mayor volatilidad financiera. Si triunfan las corrientes que piden menos regulación, la transformación sería profunda: reducción del rol del Estado en servicios sociales y ampliación del espacio para instrumentos financieros alternativos como fondos de capital riesgo y criptomonedas.

Sin embargo, la respuesta coordinada de gobiernos y tecnócratas muestra que aún existe margen para contener cambios radicales. El futuro dependerá de la capacidad de las fuerzas tradicionales para reformar y adaptar sus instituciones sin perder legitimidad, y de si las nuevas corrientes optan por acuerdos pragmáticos o por medidas rupturistas que pongan en riesgo la estabilidad democrática.

El resultado definirá no solo políticas monetarias, sino también el alcance del Estado y la naturaleza de la democracia económica.


Contacto:
Elena Marchetti

Ha cocinado para críticos que podían destruir un restaurante con una reseña. Luego decidió que contar historias de comida era más interesante que prepararla. Sus artículos saben a ingredientes reales: conoce la diferencia entre una pasta hecha a mano y una industrial porque las ha hecho ambas miles de veces.