Euskadi mantiene niveles reducidos de apoyo a Vox por una combinación de confianza institucional, identificación nacional vasca y el viraje socialdemócrata de la izquierda abertzale

En el mapa político español, Euskadi aparece como una excepción frente al ascenso de la extrema derecha. Mientras Vox alcanzó un 12,4% de los votos en las generales a nivel estatal, su apoyo en la comunidad vasca cayó al 2,9% en las generales y se situó en torno al 2% en las autonómicas, con un 74,4% de la población vasca que asegura que no votará nunca a ese partido.
Estas cifras, recogidas por diversos sondeos y sintetizadas en el informe de la Universidad de Deusto, marcan el punto de partida para entender por qué la formación de Santiago Abascal no logra arraigar aquí.
Este texto sintetiza las explicaciones ofrecidas por académicos e instituciones: la menor desafección política en Euskadi, la confianza en las instituciones, la composición ideológica del electorado y los rasgos identitarios locales que dificultan la recepción del discurso de la extrema derecha.
Confianza institucional y bajo rechazo a la política
Uno de los factores más repetidos por los expertos es la elevada valoración de las instituciones vascas. El director del Deustobarómetro, Braulio Gómez, subraya que la década del surgimiento de Vox coincide con una etapa en la que el Gobierno vasco mantiene índices de confianza de los más altos en Europa. En términos comparativos, solo un 9% de la población vasca declara no creer en los partidos, frente al 44% del conjunto de España, lo que describe una menor desafección política que erosiona el caldo de cultivo para formaciones antisistema.
Ese entorno institucionalizado alimenta una escena política centrada: el 82% de la ciudadanía se sitúa en el centro-izquierda y solo el 9% se ubica en la derecha, según los mismos estudios. Esa concentración hacia el centro limita los márgenes de crecimiento de propuestas polarizadoras que basan su estrategia en el enfrentamiento y el alarmismo.
Identidad vasca y rechazo al nacionalismo español
La identidad vasca actúa como un elemento que no es fácilmente instrumentalizable por un discurso que reivindica el nacionalismo español. Las investigadoras Sonia Alonso y Matthias Scantamburlo, autoras del libro La democracia en Euskadi (Dykinson), muestran que la identificación con lo vasco se asocia con mayor implicación política y confianza en las instituciones, lo que favorece respuestas públicas menos proclives a aceptaciones xenófobas o neofranquistas.
Además, la trayectoria personal de Santiago Abascal —nacido en Bilbao y criado en Álava, con una historia política ligada al PP vasco antes de trasladarse a Madrid para fundar Vox— no le confiere un crédito local suficiente. Para muchos vascos, el componente del nacionalismo español y la estética neofranquista que acompaña a Vox suponen una barrera insalvable incluso para quienes compartan algunas inquietudes sobre inmigración o cuestiones de género.
Incidencias y contestación pública
La voluntad de Vox de disputar el terreno identitario se ha traducido en campañas en Vitoria con mensajes sobre la “demografía” y convocatorias públicas que han terminado en tensión: un acto en el campus universitario provocó contramanifestaciones de la Gazte Koordinadora Sozialista (GKS) y la suspensión temporal de clases por razones de seguridad, decisión del Rectorado que generó debate. Estos episodios muestran que el ruido mediático no se transforma automáticamente en movilización electoral.
La competencia política en la izquierda y el papel de Bildu
Otro elemento clave es la reconfiguración del espacio político a la izquierda del PNV. El proceso de institucionalización de la izquierda abertzale, representada por Bildu, ha desplazado su foco hacia las demandas sociales: empleo, vivienda y políticas públicas. Según Braulio Gómez y las investigaciones de Deusto, Bildu ha mostrado disposición a votar presupuestos y a comportarse como una fuerza de gobierno, lo que reduce el espacio para que la extrema derecha capitalice el malestar social.
La existencia de una izquierda organizada que prioriza lo social y que es percibida como alternativa al PNV ayuda a desactivar el relato de decadencia y abandono que alimenta a Vox en otros territorios.
Jóvenes, movimientos y riesgos limitados
Aunque hay señales de atención: entre los 18 y 24 años la inclinación hacia la derecha sube al 12,8% frente al 9% medio vasco, la sociología juvenil vasca sigue centrada en preocupaciones sociales y no identitarias. Tras el fin del terrorismo y la crisis económica de 2009 emergió un votante joven preocupado por empleo y vivienda que en su momento se volcó hacia formaciones como Podemos y, más tarde, hacia Bildu, reduciendo las posibilidades de extensión del mensaje de la extrema derecha.
Factores culturales y comparaciones territoriales
En el PNV no consideran a Vox una amenaza principal; miran con más atención a fenómenos como Aliança Catalana en Cataluña, una fuerza que combina nacionalismo minoritario y extremismo de derechas, y que ejemplifica cómo la derecha radical puede nacer del localismo en contextos distintos. En Euskadi, el arraigo del euskera y una tradición política con perfiles humanistas dificultan que un proyecto identitario reaccionario prospere.
No es una inmunidad absoluta —existen incidentes y grupos puntuales—, pero sí un contexto que frena la propagación del discurso de miedo que la formación intenta vender.
Esa prioridad social constituye la mejor barrera para su implantación.
