Estefanía Molina examina la erosión del Estado del bienestar y el declive de la clase media para explicar el auge de la desconfianza política entre las generaciones jóvenes

La politóloga y periodista Estefanía Molina plantea en su libro una lectura crítica del presente: un pacto social construido en torno al bienestar material y la movilidad social se encuentra hoy en una situación de desgaste. A partir de su experiencia personal —hija de una familia que ascendió gracias a la educación pública— Molina traza un relato generacional que conecta salarios bajos, vivienda inaccesible y creciente desafección política.
El texto no busca la confrontación entre grupos etarios, sino ofrecer una explicación de por qué tantos jóvenes perciben que el sistema ya no cumple sus promesas. Esa pérdida de expectativas alimenta pulsiones antisistema y, según Molina, puede favorecer la entrada de fuerzas políticas extremas si las condiciones no cambian.
La experiencia diferencial entre generaciones
Para entender la fractura, Molina reivindica la noción de hijos de los boomers como etiqueta amplia que engloba a millennials, centennials y las cohortes posteriores. El contraste central es claro: una generación anterior vivió un periodo en el que la combinación de igualdad, libertad y progreso material permitió una movilidad social tangible; sus sucesores se topan con una realidad donde el esfuerzo ya no garantiza una mejora significativa en las condiciones de vida.
Del ascensor social al estancamiento
Molina subraya que el llamado ascensor social se ha averiado. Hoy la influencia del entorno familiar pesa más en el destino individual: el apoyo económico de los padres puede marcar la diferencia entre emanciparse o no. En ese sentido, el desplazamiento del suministro de bienestar desde el Estado hacia la familia representa, para la autora, una privatización parcial del sistema que debilita la igualdad de oportunidades.
Clases sociales reales y una clase media en retroceso
Frente a discursos que niegan la existencia de clases sociales, Molina defiende su persistencia y advierte que la clase media que sustentó el Estado del bienestar sí existió y fue clave en la consolidación democrática. El problema actual es que esa clase se ha deslizado hacia abajo: medidas como la subida del salario mínimo muestran que el salario más bajo se aproxima en demasiado grado al salario más frecuente, lo que evidencia una concentración de la población en condiciones económicas menos favorables.
Consecuencias para el sistema político
Este repliegue socioeconómico tiene efectos políticos: reduce la capacidad de los jóvenes como actor político por el peso demográfico y electoral. Los baby boomers, con mayor peso en las urnas, siguen siendo el bloque determinante en muchas decisiones públicas, y los partidos mayoritarios responden a esas preferencias, perpetuando modelos de Estado del bienestar que no se ajustan a las nuevas realidades.
Impugnaciones al bipartidismo y nuevas oleadas políticas
Molina analiza cómo episodios como el 15M y la irrupción de nuevos partidos supusieron una impugnación al bipartidismo, no solo desde la izquierda sino también desde la derecha. Esa crítica de fondo partía de la sensación de que el sistema era poco permeable, que la representación era insuficiente y que el ciclo político no respondía a las demandas de quienes no veían mejora respecto a la generación anterior.
El resultado ha sido la aparición de propuestas diversas: desde políticas reformistas que sugieren fórmulas mixtas para pensiones y servicios hasta discursos más rupturistas. Molina apuesta por abrir debate y presentar alternativas razonadas, en vez de negar la gravedad de la situación por miedo a asustar a ciertos electorados.
Un llamado a repensar el pacto social
En su diagnóstico, la autora no pretende destruir el legado del pasado sino preservarlo adaptándolo: avisar sobre los límites financieros y demográficos del sistema no equivale a querer su desaparición. Al contrario, es una invitación a debatir propuestas que garanticen un Estado del bienestar sostenible, que recupere la capacidad de ofrecer oportunidades y frenar el crecimiento de la desconfianza entre los ciudadanos más jóvenes.
