El recién nombrado DAO apuesta por la defensa de los mandos, cuestiona las generalizaciones sindicales y reclama rigor frente a acusaciones públicas

La toma de posesión del nuevo Director Adjunto Operativo de la Policía Nacional, José Santafé Ornedo, ha servido para lanzar un mensaje claro: defender la profesionalidad de los mandos frente a las críticas que han circulado desde varios sindicatos. En su intervención, el nuevo responsable operativo rechazó la idea de que exista una desconfianza estructural generalizada hacia quienes ocupan puestos de responsabilidad, y reclamó evitar las simplificaciones que estigmatizan a toda la institución.
Ese planteamiento busca marcar un tono distinto al de las últimas semanas y frenar la narrativa de que «todo falla» dentro del cuerpo.
El acto, en el que estuvo presente el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, adquirió carácter institucional: por un lado, sirvió para subrayar la necesidad de ejemplaridad; por otro, pretendió dar una respuesta de calma y estabilidad tras la dimisión del anterior DAO y la admisión de una querella por presunta agresión sexual contra ese mando.
Santafé puso énfasis en que las responsabilidades deben apreciarse de forma individual y que las generalizaciones dañan la confianza pública y la moral interna.
Contexto de la crisis interna
La salida del exDAO abrió un conflicto público entre las direcciones sindicales y parte de la estructura policial. El sindicato JUPOL convocó movilizaciones y exigió la dimisión del ministro y del director general de la Policía, Francisco Pardo Piqueras, al considerar que existe una responsabilidad política por la crisis de mandos. Desde su portavoz, Laura García, se realizó una acusación dura en televisión: sostuvo que el antiguo responsable operativo mantenía una red de influencia que, según ella, perduraba incluso tras su cese. Estas afirmaciones elevaron la temperatura del debate y dieron pie a reacciones inmediatas desde otras organizaciones.
Reacciones y acusaciones clave
Las críticas de JUPOL no se quedaron en la petición de relevo de cargos: describieron lo sucedido como un supuesto problema estructural que afecta a mecanismos de control internos. En un programa de máxima audiencia, la portavoz afirmó que «si nadie detectó antes ciertas conductas es porque está todo podrido», una expresión que hizo saltar las alarmas dentro del cuerpo policial. Ese argumento buscaba evidenciar fallos sistémicos y justificar demandas de cambios profundos en la cúpula.
Respuesta de otras organizaciones
Frente a ese discurso, los sindicatos SUP, SPP y UFP difundieron una nota conjunta en la que defendieron la institucionalidad de la Policía Nacional y rechazaron la generalización de culpas. En su comunicado defendieron que convertir un procedimiento penal en una condena colectiva supone vulnerar principios básicos de justicia y una agresión al honor de miles de profesionales. Para estas organizaciones, calificar al cuerpo como un sistema «podrido» equivale a una irresponsabilidad que perjudica a más de 70.000 integrantes del cuerpo.
Balance y posible impacto en la institución
Las primeras palabras del nuevo DAO vienen a intentar enfriar ese choque público: su llamado a no precipitar juicios busca proteger tanto la reputación de los mandos como los mecanismos internos de investigación. La tensión entre discursos que piden depuración y aquellos que defienden la presunción de inocencia coloca a la dirección policial ante el reto de recuperar confianza sin renunciar a la transparencia. El ministro y la nueva dirección tendrán que conciliar demandas de control interno con la defensa del colectivo frente a acusaciones generalizadas.
Claves para la evolución del conflicto
En los próximos pasos priman dos líneas: reforzar los sistemas de supervisión para evitar fallos y gestionar la comunicación pública para reducir la polarización. El énfasis del nuevo DAO en la profesionalidad pretende ser un cortafuegos ante descalificaciones colectivas, mientras que los sindicatos críticos insisten en cambios estructurales. El equilibrio entre estas posiciones determinará si la institución logra restablecer una imagen de confianza o si la confrontación sindical continúa erosionando la percepción pública.
En definitiva, la llegada de José Santafé Ornedo marca un intento de reorientar el discurso institucional hacia la defensa del cuerpo y la responsabilidad individual, sin obviar la necesidad de revisar prácticas internas. El proceso de gestión de esta crisis será clave para la estabilidad interna y para la credibilidad externa de la Policía Nacional.
