García-Gallardo asegura que Lidia Bedman cobró desde septiembre de 2019 por consultoría y afirma que existen sociedades que canalizan recursos del partido

El exvicepresidente de Castilla y León, Juan García-Gallardo, ha puesto sobre la mesa una serie de señalamientos que sacuden la estructura de Vox. Según su relato, la pareja del presidente del partido, Santiago Abascal, Lidia Bedman, percibió desde septiembre de 2019 una retribución anual aproximada de 60.000 euros por trabajos que se describen como servicios de consultoría.
Estas tareas, siempre según el exdirigente, habrían sido facturadas a través de un proveedor del partido, lo que abre interrogantes sobre la transparencia en la contratación.
La publicación que adelantó parte de la información en enero de 2026 señala además que el destinatario de esos pagos fue una editorial vinculada al grupo Intereconomía.
Más allá de la cifra, García-Gallardo enfatiza la discrepancia entre esos ingresos y los sueldos de miembros con dedicación plena dentro de la formación, lo que para él evidencia un problema de prioridades y equidad interna.
Acusaciones sobre el llamado «tercer sueldo»
En el centro de la polémica aparece la idea de un “tercer sueldo” que, según García-Gallardo, se canalizaría por la cuenta de la esposa del líder. El exdirigente relata que los pagos por consultoría en redes sociales fueron realizados a una sociedad mercantil que, en su descripción, atraviesa dificultades financieras y estaría en situación de disolución. Esta circunstancia, para él, refuerza la sospecha de que las contrataciones no responden estrictamente a criterios de mercado.
Implicaciones prácticas y éticas
La denuncia plantea dos cuestiones concretas: primero, si los servicios contratados existieron materialmente o si se trató de una apariencia; y segundo, si el importe cubría un valor razonable de mercado. Para García-Gallardo, cobrar 60.000 euros anuales por esos trabajos no es trivial, sobre todo cuando, en paralelo, hay afiliados y trabajadores del partido que elaboran informes y materiales con remuneraciones inferiores. El uso de un proveedor externo agrega además una capa de opacidad.
Estructura de poder y la «galaxia» de sociedades
Más allá de los pagos concretos, el exdirigente apunta a una arquitectura empresarial paralela que, según su versión, concentra recursos y decisiones en manos de un reducido círculo de personas. Nombró a los asesores Kiko Méndez-Monasterio y Gabriel Ariza como piezas clave de esa red, y advirtió sobre la existencia de una galaxia de sociedades mercantiles que funcionarían como receptoras de fondos y como instrumentos de influencia interna.
Quiénes negocian y quiénes mandan
García-Gallardo sostiene que los que realmente negocian en nombre del partido no siempre coinciden con los cargos oficiales del organigrama, y que esas negociaciones incluyen tratos con autoridades autonómicas y contactos internacionales. En su diagnóstico, algunos colaboradores pasarían de asesores a actores decisivos, mientras que la figura pública del presidente quedaría subordinada a intereses económicos y personales de terceros, en un fenómeno que él describe como un secuestro del liderazgo.
Fundación Disenso, nepotismo y respuesta interna
La Fundación Disenso, vinculada a Vox, aparece en las críticas como un espacio que, según García-Gallardo, mezcla trabajo ideológico con colocaciones de personas cercanas a las familias mencionadas. Aun reconociendo su utilidad para divulgar ideas, el exdirigente denuncia que la fundación se ha usado para situar a familiares y allegados, lo que alimenta la percepción de clientelismo en el manejo de estructuras vinculadas al partido.
Frente a estos señalamientos, García-Gallardo se ha mostrado partidario de aclaraciones internas y de un congreso extraordinario que permita a los afiliados conocer la verdad sobre contratos, partidas y la relación entre el partido y las sociedades externas. Aunque respeta iniciativas de críticos como Iván Espinosa de los Monteros, ha rechazado por ahora sumarse a proyectos alternativos, asegurando que su objetivo es que los afiliados dispongan de información clara antes de tomar decisiones organizativas.
Consecuencias políticas y reputacionales
Las acusaciones planteadas no sólo cuestionan la gestión financiera sino que también afectan la imagen pública de Vox. Si se confirmaran irregularidades en la contratación a través de proveedores y sociedades vinculadas, los daños podrían ser tanto internos —con expulsiones y rupturas— como externos, con pérdida de confianza entre votantes y aliados. Para García-Gallardo, la pluralidad y la transparencia son claves para la salud de cualquier partido; la falta de ellas, insiste, puede derivar en una deriva en la que pocos se benefician del acceso a recursos públicos.
En definitiva, las declaraciones del exdirigente abren una fase de exigencia de explicaciones y documentación que el partido deberá afrontar si quiere responder a las dudas sobre contratos, pagos y la influencia de redes empresariales cercanas a su cúpula.
