Sánchez responsabiliza al PP y Vox por su silencio ante la guerra de Irán y contrapone aquella decisión con las protestas contra la guerra de Irak

La comparecencia del presidente del Gobierno se convirtió en un escenario de confrontación entre los tres grandes líderes políticos del hemiciclo. Pedro Sánchez lanzó una réplica enérgica contra PP y Vox, a los que imputó haber contribuido —con su apoyo o con su silencio— a lo que calificó de desastre en torno a la guerra de Irán.
En su intervención evocó la movilización ciudadana del 15 de febrero de 2003 y acusó a quienes impulsaron la guerra de entonces de anteponer la ambición personal a la voluntad popular, mientras pedía que no se repitan errores del pasado.
Frente a Sánchez, Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal respondieron con ataques focalizados en la figura del presidente. Feijóo rechazó la etiqueta que le ofrecía Sánchez y proclamó: «No a la guerra y no a usted», intentando separar su denuncia del conflicto de la crítica al Ejecutivo. Abascal elevó el tono hasta acusar al jefe del Ejecutivo de aprovechar crisis para reforzar alianzas políticas, con expresiones groseras que buscaban escenificar el enfado de la bancada de la derecha.
El núcleo del enfrentamiento: reproche histórico y argumentos actuales
El planteamiento de Sánchez fue doble: por un lado estableció un paralelo entre la intervención de 2003 en Irak y la situación abierta en torno a Irán; por otro, pidió coherencia moral a la oposición. Recordó que la sociedad española se movilizó masivamente contra la guerra de Irak y señaló que algunos líderes políticos optaron entonces por ignorar esa oposición ciudadana. Para subrayar su tesis habló de las consecuencias geopolíticas de Irak —muertes, inestabilidad, auge de organizaciones y fortalecimiento del régimen— y advirtió del peligro mayor que, a su juicio, supone el actual conflicto por la estructura regional y el peso de Teherán.
Símbolos, reproches y omisiones
Durante el debate se exhibieron imágenes y símbolos que tensionaron el intercambio: la foto propagandística iraní con un misil donde aparecía la cara de Sánchez fue utilizada por la derecha para cuestionar la credibilidad del presidente en materia de paz. Sánchez, en cambio, enfatizó el respaldo internacional de sectores progresistas y defendió que el verdadero patriotismo consiste en oponerse a una guerra que no beneficia a la población española. La polémica también incluyó la crítica de Feijóo a la compra de material militar por parte del Gobierno y la denuncia de Abascal sobre la gestión migratoria y sanitaria como supuesta excusa para políticas que, según él, favorecen intereses opuestos a la ciudadanía.
Aznar, FAES y la memoria de Irak
La referencia al pasado no quedó en la retórica congresual: la fundación vinculada a José María Aznar, FAES, salió a defender la decisión de 2003 mediante una nota pública. En ella, el expresidente recordó su argumento sobre armas de destrucción masiva y subrayó que su Ejecutivo actuó según la información disponible en aquel momento. Sánchez replicó que mientras el primer ministro británico pidió perdón por el error, Aznar se mantiene sin arrepentimiento, lo que, según el presidente, revela una distinta catadura moral entre quienes asumen las consecuencias y quienes no.
Consecuencias políticas internas
El choque en el Congreso tiene además una dimensión práctica: el Gobierno ha puesto sobre la mesa un decreto de medidas para paliar los efectos económicos y sociales derivados de la contienda en Oriente Próximo, y la oposición ha convertido la votación en un arma política. Sánchez exigió a Feijóo que aclare si sus gobiernos autonómicos contribuirán a mitigar los impactos, recordando que numerosas comunidades están gobernadas por el PP y administran un volumen importante de ingresos públicos. En paralelo, los populares han evitado desvelar por completo su estrategia de voto, lo que alimenta la tensión parlamentaria.
Lectura estratégica y posibles escenarios
Más allá del intercambio de reproches, estos episodios explican dos realidades: la dificultad de alcanzar un consenso en política exterior y la utilización de la crisis para disputar espacios políticos internos. El debate muestra que la política nacional incorpora la guerra de Irán como un elemento que tensiona alianzas, moviliza recuerdos históricos y pone a prueba la coherencia declarativa de líderes y partidos. En ese contexto, la apelación de Sánchez a la memoria colectiva y la crítica a la complacencia o al silencio pretenden condicionar el relato público y la responsabilidad de los actores políticos.
En definitiva, lo ocurrido en el hemiciclo dejó clara la polarización sobre cómo abordar un conflicto internacional: mientras el presidente defiende la oposición a una intervención que considera ilegal y peligrosa, la derecha insiste en denunciar lo que entiende como hipocresía y debilidad del Gobierno. La discusión seguirá abierta tanto en los plazos de votación del decreto como en la arena pública, donde los símbolos, las responsabilidades del pasado y las decisiones presentes marcarán el discurso político.
