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Por qué algunos médicos prefieren la medicina rural y cómo afrontan sus retos

Voces desde Paterna de Rivera, Nuxis y un pueblo griego que detallan la práctica diaria, la relación con la comunidad y las necesidades de la medicina rural

En distintos rincones del Mediterráneo, profesionales de la salud eligen ejercer en municipios pequeños y afrontan desafíos que no siempre aparecen en las estadísticas. Desde Cádiz a Cerdeña, pasando por una localidad griega, estos médicos describen una práctica marcada por la cercanía con los pacientes, la carga asistencial y la necesidad de mejores recursos.

Sus relatos ofrecen una ventana a la medicina rural contemporánea y a los elementos que la hacen singular.

Las cifras aportadas por organizaciones profesionales sitúan el problema en perspectiva: aunque aún existen miles de médicos en áreas rurales, la salida a la jubilación y la escasez de relevo generan incertidumbre sobre la sostenibilidad del servicio.

Al mismo tiempo, la incorporación de herramientas digitales y la formación clínica local aparecen como palancas para mejorar la respuesta sanitaria.

El día a día en la consulta: responsabilidades y familiaridad

Antonio García Navas, médico de familia que vive en Cádiz, viaja diariamente hasta Paterna de Rivera, una localidad de 5.539 habitantes centrada en la agricultura. Aunque empezó en un entorno urbano, optó por la atención en el medio rural en un momento con contratos más estables. Tras una etapa en gestión volvió a la consulta tras la pandemia. En su centro trabajan tres facultativos —incluido un pediatra— que se organizan para cubrir mañanas, tardes, guardias nocturnas y fines de semana. Esta organización refleja la doble dimensión de su labor: la atención clínica y la participación comunitaria.

En pueblos pequeños la relación con los pacientes suele ser intensa: los médicos conocen a varias generaciones de una misma familia y participan en actividades preventivas locales. Esa conexión reproduce un componente social que, según García Navas, es parte esencial de la medicina familiar y comunitaria. La atención domiciliaria, la gestión de urgencias y la detección de determinantes sociales —como la soledad o el desempleo— forman parte de la jornada habitual.

Tensiones estructurales: demografía, relevo y tecnología

La Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG) estimó en que existen entre 11.000 y 15.000 médicos rurales en España, y advirtió que para 2029 se jubilarán alrededor de 4.500 profesionales, casi un tercio del total. Entre los principales retos se citan el envejecimiento poblacional, la dispersión geográfica, la percepción de aislamiento profesional y formativo, la limitada adopción de nuevas tecnologías y la necesidad de mejorar condiciones laborales para atraer relevo generacional.

Conectividad y accesibilidad

La digitalización ofrece soluciones parciales: la teleconsulta facilita el acceso a especialistas y reduce desplazamientos, pero su eficacia depende de infraestructuras de conectividad que no siempre están disponibles en zonas interiores. La formación en nuevas técnicas, como la ecografía, potencia la capacidad diagnóstica local y disminuye derivaciones innecesarias, pero exige inversión y tiempo de aprendizaje.

Condiciones laborales y reconocimiento

Más allá de la tecnología, los médicos rurales reclaman reconocimiento profesional y mejoras laborales que hagan sostenible la elección de trabajar en el medio rural. La percepción de aislamiento y la carga de responsabilid ades fuera del horario habitual son barreras que muchas veces pesan más que las ventajas sentimentales de la práctica comunitaria.

Comparaciones transfronterizas: Nuxis y un pueblo griego

En Nuxis, Cerdeña, el médico Federico Contu explica que su decisión fue también personal: el ritmo del pueblo y el contexto le resultaron más atractivos. Como presidente del sindicato Fimmg, Contu subraya que la medicina rural exige una aproximación casi especializada dentro de la medicina de familia. La despoblación de las zonas interiores y el acceso deficiente al primer nivel sanitario son sus principales preocupaciones.

En Grecia, un profesional identificado como Alejandro (nombre ficticio) describe otra dimensión: la visibilidad y la exposición pública pueden generar una sensación de vida en una «casa de cristal». En su caso, aunque recibe gestos de agradecimiento de los vecinos, percibe una distancia emocional: la expectativa de que el médico no eche raíces prolongadas condiciona las relaciones. Además, las noches sin apoyo cercano recuerdan la responsabilidad única que recae sobre el profesional en situaciones críticas.

Similitudes y diferencias

Aunque las realidades varían, hay elementos comunes: la intensidad del vínculo con la comunidad, la necesidad de recursos tecnológicos y formativos, y la vulnerabilidad ante procesos demográficos adversos. Las diferencias residen en la percepción social del rol del médico y en la solidez de los servicios de apoyo regionales.

Para quienes ejercen en el medio rural, la satisfacción profesional convive con la carga de trabajo y las limitaciones estructurales. El viaje diario de García Navas, esos 40 minutos de vuelta a casa en los que pone música y desconecta, resume el equilibrio entre el compromiso con la comunidad y la necesidad de recuperar espacios personales. A futuro, la sostenibilidad de la medicina rural depende de políticas que atiendan la longitudinalidad, la formación continua y la mejora de infraestructuras.


Contacto:
John Carter

Doce años como corresponsal en zonas de conflicto para importantes medios internacionales, entre Irak y Afganistán. Aprendió que los hechos vienen antes que las opiniones y que cada historia tiene al menos dos caras. Hoy aplica el mismo rigor a las noticias diarias: verificar, contextualizar, informar. Sin sensacionalismo, solo lo que está verificado.