El verano deja huella en nuestra piel. La doctora Arantxa Muñiz de Lucas, del Hospital Universitario de Torrejón, comparte consejos esenciales para recuperar la salud y belleza de la piel tras la exposición al sol, el cloro y el viento.

El verano es una época de disfrute, pero también de desafíos para la piel. El sol, el calor, la sal, el cloro y el viento son factores que pueden dañar nuestra piel, dejando secuelas visibles. La doctora Arantxa Muñiz de Lucas, dermatóloga en el Hospital Universitario de Torrejón, explica que es frecuente que aparezcan o se hagan más evidentes manchas, que el tono sea menos uniforme y que la piel tenga un aspecto algo más apagado o una textura más irregular.
Los efectos del verano en la piel
La exposición a estos factores puede alterar la barrera cutánea favoreciendo la aparición de sequedad, irritación, brotes de acné o manchas. Además, en algunas personas también pueden empeorar problemas como el melasma, la rosácea o el acné.
La intensidad de estos cambios depende de varios factores, como el tipo de piel, el grado de exposición solar, la rutina de cuidado seguida durante el verano y, por supuesto, los hábitos de fotoprotección. La doctora Muñiz destaca que el principal enemigo de la piel en verano es la radiación ultravioleta (UVA y UVB), la cual es responsable tanto del daño agudo, como las quemaduras solares, como del daño acumulativo que favorece el fotoenvejecimiento y aumenta el riesgo de cáncer de piel.
El bronceado y sus consecuencias
El bronceado es una respuesta de la piel frente a la radiación, por lo que no existe un bronceado completamente inocuo. Con el tiempo, la exposición solar acumulada puede favorecer la aparición de manchas, pequeñas arrugas, una textura menos uniforme y cierta pérdida de elasticidad. La doctora Muñiz advierte que esto no significa que una exposición puntual vaya a provocar un daño inmediato, sino que los efectos se van acumulando.
Consejos para recuperar la piel
Para controlar y contener los efectos negativos del verano en la piel, la dermatóloga recomienda mantener una fotoprotección adecuada durante todo el año. Muchas personas asocian el protector solar exclusivamente al verano, cuando en realidad, la radiación UVA está presente durante todo el año y sigue contribuyendo al fotoenvejecimiento y al desarrollo del cáncer de piel.
Además, recomienda mantener unos cuidados sencillos y constantes, adaptados a las necesidades de cada piel. No es necesario intentar compensar los efectos del verano incorporando numerosos productos o realizando exfoliaciones agresivas. En dermatología, muchas veces, menos es más.
Rutinas de cuidado post-verano
La doctora Muñiz sugiere siete medidas básicas para recuperar y mantener el estado óptimo de la piel:
- Mantener la fotoprotección como hábito diario. Utilizar un fotoprotector de amplio espectro SPF 50 en las zonas fotoexpuestas, aplicándolo en cantidad suficiente y reaplicándolo cuando exista una exposición prolongada al sol, tras el baño o si se ha sudado.
- Apostar por una rutina sencilla. Menos es más. Una rutina sencilla, adaptada a cada tipo de piel y mantenida de forma constante ofrece mejores resultados que utilizar muchos productos sin una indicación clara.
- Mantener una buena higiene facial. Una limpieza por la mañana y por la noche ayuda a eliminar restos de sudor, sebo, contaminación y fotoprotector, favoreciendo que los tratamientos habituales funcionen correctamente.
- Revisar la piel tras el verano. Es un buen momento para realizar una autoexploración de lunares y consultar al dermatólogo si ha aparecido alguna lesión nueva, una mancha que cambia o una lesión que no cicatriza.
- Aprovechar el otoño para procedimientos dermatológicos. El otoño suele ser una buena época para valorar peelings, láseres, luz pulsada o tratamientos despigmentantes, pero siempre deben indicarse de forma individualizada y tras una valoración dermatológica.
- Mantener hábitos de vida saludables. Dormir bien, seguir una alimentación variada, mantenerse hidratado y evitar el tabaco contribuyen a la salud de la piel.
- Individualizar los cuidados. No todas las pieles necesitan lo mismo. La edad, el fototipo, las enfermedades cutáneas y el estilo de vida hacen que las recomendaciones deban adaptarse a cada persona.
La doctora Muñiz concluye que la radiación UVA está presente todo el año contribuyendo al fotoenvejecimiento y al desarrollo del cáncer de piel. Por ello, es fundamental mantener una fotoprotección adecuada y unos hábitos de cuidado sencillos y constantes, adaptados a las necesidades de cada piel.
